Carlos Robledo Samperio

"Soy esposo y compañero de Silvia García, una mujer admirable, valiente y además sobreviviente de una de las enfermedades que cobra la vida de más mujeres que cualquier otra enfermedad en el mundo: cáncer de mama."

 Su experiencia empezó hace 14 años. Después de una revisión de rutina, su médico le detectó una bolitas. Tras varios estudios y análisis ella quiso que le hicieran una biopsia para estar tranquila, así que pidió al médico que programara la cirugía. La bolita que se detectaba era de grasa, pero al revisar el médico todo el seno encontró un tejido que no le gustó por lo que procedió a retirarlo y de inmediato lo envió a patología. El resultado dio positivo y al día siguiente la programó para hacerle una mastectomía radical, es decir retirarle su seno izquierdo en su totalidad.

Desde ese momento empezó su lucha contra esta terrible enfermedad. Me di cuenta de lo valiente que es, ya que le dijo al médico que hiciera lo que fuera necesario porque ella enfrentaría cualquier cosa. Fue una decisión firme aceptar que le hicieran la mastectomía para cortar de tajo con la posibilidad de que hubiera alguna célula por ahí. A partir de ese momento luchamos todos, luchamos juntos, al igual que nuestros hijos. Nuestro único deseo fue apoyarla y hacerle saber que estando unidos nada nos iba a vencer. A pesar del impacto que ocasionó la pérdida de su seno, durante el proceso de recuperación, jamás mostró signos de rendirse. Por el contrario decía que nada la iba a vencer y cada día se mostraba más segura, con más fuerza para poder brincar este y otros obstáculos. Creo que en ocasiones, hasta con más fortaleza que la que teníamos toda su familia juntos.


Silvia se impuso frente a la carga genética de su familia ya que una de sus hermanas, Anita falleció a causa de este terrible mal. Tanto mis hijos y yo nos sentimos orgullosos de tenerla a nuestro lado. Cada día aprendemos más de ella, de su fuerza, de su amor por la vida, de su amor hacía sí misma, porque como ella dice, las mujeres somos más que un seno. Juntos hemos aprendido a vivir el día a día, como si fuera el último.







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