Información sobre Cáncer de Mama
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 Información sobre Cáncer de Mama
¡Compartimos contigo nuestras experiencias!

Las mujeres que aquí escribimos somos sobrevientes de Cáncer de Mama, esperamos que sea de ayuda para ti el saber que es posible vivir de manera plena a pesar del Cáncer de Mama.


Info

Acerca del cáncer de mama:

El Cáncer de Mama es causa de un gran temor en todas las mujeres, ya que cada 2 horas y 20 minutos muere una mexicana por esta enfermedad. Padecerlo significa hasta ahora, una cruel sentencia y así lo demuestran los índices de incidencia y mortalidad que se reportan.

Es preciso señalar, que padecer Cáncer de Mama no significa muerte ni olvidarse de una vida plena y que muchas veces es la actitud que existe en torno al mal lo que provoca que el asunto se perciba con mayor aversión y menor objetividad.



Factores de Riesgo:

Como factores de riesgo en general se conocen aquellas circunstancias que hacen que una persona tenga mayor tendencia a sufrir una enfermedad.

En el caso del Cáncer de Mama hay factores que se consideran como de alto riesgo. Es importante que todas las mujeres conozcan los factores de riesgo relacionados con el Cáncer de Mama para poder implementar los cuidados necesarios, o para modificarlos de manera favorable en su beneficio.

Cuando nos preguntamos cuál es el riesgo que tiene una mujer de desarrollar un Cáncer de Mama, estamos considerando una gran cantidad de factores que, sumados en torno de la misma mujer, establecen el riesgo real. En Fundación Cim*ab y como sobrevivientes de Cáncer de Mama, afirmamos que los dos principales factores de riesgo para contraerlo son SER MUJER Y PENSAR QUE NUNCA TE VA A DAR...

En la práctica, TODAS las mujeres deben revisar periódicamente sus mamas, independientemente de que tengan o no factores de riesgo.

A continuación se hace mención de aquellos factores que son considerados de mayor importancia, o que están avalados por estudios reconocidos a nivel mundial.

Mujer mayor de 40 años De acuerdo a las estadísticas en nuestro país, el más alto índice de Cáncer de Mama se encuentra en el rango de edad comprendido entre los 40 y 49 años.

Historia personal o familiar de Cáncer de Mama (tener o haber tenido, madre o hermana con Cáncer de Mama) En este grupo se ha encontrado que más del 30% de las mujeres que cuentan con este antecedente pueden manifestar Cáncer de Mama en forma temprana.

Nulígesta En las mujeres que no han tenido hijos y que nunca se han embarazado se ha encontrado que aumenta el riesgo de padecer cáncer mamario por la continua estimulación de las hormonas para el desarrollo de esta enfermedad.

Primer embarazo a término después de los 30 años de edad En esta situación se puede mencionar que las mujeres que tienen un embarazo a término en edades entre los 19 y 21 años les confiere una cierta protección en el riesgo de padecer cáncer mamario. En cambio las mujeres mayores de 30 años que han tenido un embarazo a término después de esta edad les incrementa el riesgo de padecerlo.

Antecedentes de patología mamaria benigna (proceso proliferativo, hiperplasia atípica) De acuerdo a los estudios realizados en otros países se encontró que algunas enfermedades, sobre todo la hiperplasia de la mama, se encuentran situadas como un escalón antes del cáncer, por lo que es importante considerar a aquellas mujeres que han padecido esta enfermedad como de alto riesgo para padecer cáncer mamario.

Vida menstrual de más de 40 años (menarquia antes de los 12 años y menopausia después de los 52 años). La importancia que se puede considerar dentro de este dato es el estímulo constante de los niveles estrogénicos que propician la estimulación constante en el tejido mamario que lo hace susceptible para el padecimiento de cáncer.

Genética Una multitud de factores, genéticos y ambientales, incrementan el riesgo de desarrollar un cáncer.

La historia familiar es un factor importante. Algunas familias tienen un riesgo mucho más alto de desarrollar ciertos tipos de cánceres que otras. Por ejemplo, el riesgo de desarrollar el cáncer de mama en la mujer aumenta de 1,5 a 3 veces si la madre o la hermana tuvieron ese tipo de cáncer. Algunos cánceres de mama están ligados a una mutación genética específica más frecuente en algunos grupos étnicos y en algunas familias.

Las mujeres con esta mutación genética tienen entre un 80 y un 90 por ciento de probabilidades de desarrollar cáncer de mama Las personas con anomalías cromosómicas tienen un riesgo acrecentado de padecer cáncer. Mutaciones en el gen BRCA1 predisponen predominantemente al cáncer mamario y al cáncer de ovario, mientras que mutaciones en el gen BRCA2 predisponen al cáncer mamario tanto en mujeres como en varones.

Obesidad Los estudios han demostrado que a partir del tejido graso se forman componentes estrogénicos que facilitan la estimulación de la glándula haciéndola más susceptible para la enfermedad maligna.


Estadísticas:

Cada dos Horas y Veinte Minutos Muere una Mujer Mexicana por Cáncer de Mama en México .

La importancia y trascendencia de la Fundación Cim*ab, su misión y proyecto de acción en la sociedad mexicana, se fundamenta en el impacto que el cáncer de mama tiene dentro de las cifras de mortalidad en la mujer mexicana.

Para tener una idea más clara de la dimensión de este problema de salud, basta decir que en México diariamente se registran alrededor de 14 muertes por esta causa. En otras palabras, cada 2 horas, fallece una mujer mexicana por Cáncer de Mama.

En México y de acuerdo a cifras del INEGI se evidencia la gravedad de este problema. En 10 años, de 1992 al 2002 el número de defunciones se ha incrementado en un 51%. Tan sólo en el 2002 se registraron 3,861 muertes. El 65% de las mujeres fallecidas por este padecimiento forman parte del grupo productivo de 35 a 64 años de edad.

Otro dato impactante muestra que en el 2001 se registraron 11,242 casos de neoplasias malignas de mama en mujeres de 25 años en adelante, lo cual demuestra que este padecimiento está tocando a mujeres cada vez más jóvenes y las cifras hoy en día apuntan a que el número de mujeres de 25 años o más, con riesgo de padecer cáncer de mama es de 26,043,388.

Más del 60% de los casos diagnosticados se detectan tardíamente, lo cual implica tratamientos más caros y menores probabilidades de recuperación y supervivencia. Durante el 2002, sólo entre el 5 y 10% de los diagnósticos de Cáncer de Mama se realizaron en estadios tempranos y sólo alrededor del 6.5% tienen una esperanza de curación completa. Lo anterior es resultado de desinformación en el tema al que estamos expuestas.

Este padecimiento registra mayor incidencia en las entidades federativas del norte del país, siendo la primer causa de muerte por cáncer de la mujer en México, aunque en algunos estados de la República las tendencias numéricas se están invirtiendo.

Todo lo anterior no hace más que reforzar la urgencia e importancia de redoblar los esfuerzos para combatir esta tendencia en aumento y disminuir el número de muertes por causa de esta enfermedad a través de la difusión masiva de información y educación a la mujer mexicana en las formas de detección oportuna del cáncer de mama. Esto es lo que la Fundación Cim*ab ha adoptado como reto.


¿Cómo se puede detectar a tiempo?

En Fundación Cim*ab queremos crear la conciencia necesaria para prevenir la muerte a causa de Cáncer de Mama. Una pronta detección puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte y ésta se logra haciendo lo siguiente.

1. Autoexploración desde la adolescencia.
2. Exploración médica de los 25 años en adelante.
3. Mastografía y Ultrasonido de los 40 años en adelante, o de los 35 años si se tienen antecedentes familiares.

Importancia de la autoexploración
La práctica de una autoexploración mensual, 2 días después de haber terminado tu periodo menstrual cuando tus senos están menos sensibles, puede salvar tu seno y tu vida.

Con la autoexploración, la mayoría de los tumores son detectados por las propias mujeres que los padecen, ya que al hacerla periódicamente se familiarizan con su cuerpo y saben mejor que nadie cómo se ven y sienten sus senos.

Si con este hábito detectas cualquier cambio en tus senos tales como abultamiento (no tiene que ser doloroso), anomalías asimétricas, pezón retraído, cambio de color o de textura de la piel, secreción de líquido o su aspecto en general, acude inmediatamente a tu médico.

Basta con estar un poco atenta a cualquier cambio en los senos y si se aprecia alguno, acudir con rapidez al médico, el único capacitado para valorar por medio de pruebas específicas, como la mamografía, si se trata de un cáncer de mama.

Cuanto antes realices el diagnóstico, mayores serán las posibilidades de curación.

Exploración Médica
Una vez que inicias tu actividad sexual, se recomienda revisarse con el médico cada 6 meses. El médico determinará si es necesario realizar estudios más profundos como ultrasonido, en pacientes de entre 25 y 34 años. Sólo si se tiene la sospecha de una lesión maligna es que el médico recomendará realizar una mastografía a pacientes en este rango de edad.

Sin embargo, en mujeres mayores de 40 años, se recomienda realizarse una mastografía cada año.

Si tu médico no te lo propone, háblale tú de tu inquietud.

Mastografía
La mamografía es un método de diagnóstico en el que se usan rayos X para obtener imágenes de la glándula mamaria impresas en película fotográfica; es importante señalar que ésta debe realizarse por un equipo de rayos X especialmente diseñado para efectuar el estudio de mamas.

¿Quién debe realizarse la mamografía?
Todas las mujeres a partir de los 40 años (una vez cada año); incluyendo las mujeres de busto pequeño y busto grande. También las mujeres menores de 40 años que detecten algún cambio o abultamiento en sus mamas, por instrucción médica, o bien hacerse un ultrasonido de mama.

Y a partir de los 35 si es que se cuentan con antecedentes familiares de cáncer de mama.

Antes de los 40 años la mamografía no es recomendada, ya que no es totalmente eficiente por la abundancia de tejido glandular que muchas veces no permite ver las lesiones.*

¿Cómo se debe realizar la mamografía?
Al momento de efectuarse, deberá retirarse la ropa de la cintura hacia arriba. El día que se haga la mamografía no debe aplicarse desodorante.

La mama será colocada en una plataforma y se comprimirá entre dos platos de acrílico (esto es con el fin de lograr buenas imágenes y disminuir la cantidad de radiación empleada). En ocasiones el tener la mama oprimida produce cierta molestia, pero ésta es tolerable.

Rutinariamente se toman dos imágenes de cada mama: una, comprimiendo hacia los lados; otra, de arriba hacia abajo. Hay ocasiones en que el médico radiólogo considera necesarias otras proyecciones para hacer un diagnóstico más certero. También es posible que cuando la mama tiene tejidos muy consistentes, como en el caso de la mujeres muy jóvenes, se requiera de un ultrasonido mamario para complementar el estudio mastográfico.

NOTA
Al tomarse la mamografía, se debe continuar con la autoexploración mensual de las mamas, así como con la exploración médica.
Fuente: Cáncer Mamario, El Reto de Hoy. Editorial Trillas,
Autor: Elizabeth Carswell, 2002


Guía Personal - El cáncer y yo

El momento del diagnóstico
El primer acercamiento es devastador: miedo, negación, frustración, soledad, confusión, culpabilidad, ansiedad y una sensación de engaño.

Seguramente te distanciarás de tu pareja "física y emocionalmente" para protegerlo de una posible pérdida. Tienes temor de convertirte en una carga "para él y para tus hijos" y de afrontar los cambios en tu cuerpo.

La cirugía
Después de una tumorectomía o una mastectomía, además del dolor físico, te resulta imposible evitar la vergüenza y mantener tu autoestima. Por eso es importante que cuentes con el apoyo emocional de tu pareja y de tus familiares. Además, no debes olvidar que necesitas tomarte un tiempo para descansar.
En casa
Cuando vuelves a casa, te sientes desorientada y sola porque las enfermeras y los doctores ya no están ahí. Sin embargo, recuerda que este equipo humano puede ser reemplazado por familiares y amigos, que seguramente te proporcionarán más apoyo emocional.

Durante el tratamiento
Aunque todos los tratamientos son difíciles de sobrellevar debido a sus efectos secundarios, estás dispuesta a soportar una terapia con tal de tener una pronta recuperación y volver a tu vida normal.

El futuro
Una vez concluido el tratamiento, siempre queda la duda de si el cáncer regresará o no. Como resultado de esta preocupación, a veces interpretas cualquier mínimo dolor como un nuevo tumor, y esto te puede llevar a desarrollar una alta dependencia de los doctores.

Además, es probable que busques hablar con personas que hayan vivido una experiencia similar a la tuya, lo cual es muy positivo para superar los sentimientos de angustia que seguramente no has logrado dejar atrás.


Cáncer y fatiga

¿Fatigada?
Es normal, sólo cambia tus hábitos Si sientes una inmensa falta de energía, de concentración y de interés en las actividades diarias, es porque tu cuerpo está reaccionando al cáncer y a los tratamientos para combatirlo, como cirugías, quimioterapia y radiación.

Aunque este cansancio crónico también puede ser ocasionado por problemas físicos y emocionales (anemia, fiebre, infecciones, náuseas, tumores, ansiedad y depresión), es el efecto adverso más significativo de los tratamientos contra esta enfermedad, y es muy común entre quienes la padecen.

Combate la fatiga con energía
Para conservar la energía que requieren tus jornadas diarias, es importante que sigas algunas recomendaciones:
  • Descansa mucho -acuéstate más temprano y levántate más tarde.
  • No trates de combatir la fatiga; descansa cuando el cuerpo te lo pida.
  • No sientas la obligación de desempeñar las mismas actividades que antes. Deberás modificar la rutina diaria en función de tus nuevas prioridades.
  • Acepta la ayuda de familiares y amigos.
  • Trata de eliminar el estrés innecesario.
  • Sigue una dieta balanceada para recibir la energía diaria que tu cuerpo necesita.
  • Toma mucha agua durante el día; esto te ayudará a eliminar toxinas.
  • Continúa con tu vida social. No abandones las actividades que te hagan sentir feliz, como las reuniones con amigos y familiares.
  • Haz ejercicio todos los días, sin llegar al agotamiento. Lo más recomendable es caminar.
  • Consulta a tu médico periódicamente, sobre todo si sientes intensos altibajos de energía.


¿Qué es el linfedema?

Linfedema es el exceso de líquido linfático acumulado en los tejidos del brazo, y se presenta como una inflamación.

El líquido linfático es transparente y circula por los tejidos de todo tu cuerpo.

El sistema linfático, que está compuesto por pequeños ductos, venas y ganglios, colecta dicho líquido y lo deposita en el sistema circulatorio, proceso mediante el cual son transportadas proteínas, grasas y agua. Al mismo tiempo, son removidas las impurezas.

El sistema linfático también produce las células del sistema inmunológico, llamadas linfocitos, que son vitales para combatir a las bacterias.

¿Qué causa el linfedema?
En algunos casos, puede ser consecuencia de procesos quirúrgicos que remueven o dañan los ganglios o venas linfáticas.

La radioterapia también puede afectar el funcionamiento de este delicado sistema de venas, y el resultado puede ser la alteración de venas o la generación de adherencias que bloquean el flujo del líquido linfático, lo cual provoca inflamación.

El padecimiento se puede presentar inmediatamente después del periodo postoperatorio o comenzar inesperadamente varios años después.

¿Cómo se trata el linfedema?
Todavía no existe una cura, pero hay varios recursos para controlarlo. Lo importante es que dispongas de información acerca del cuidado del líquido linfático para prevenir el aumento de la inflamación y reducir los riesgos de una infección.

La terapia de compresión, monitoreada por profesionales, te ayuda a desinflamar el edema y a mantener el brazo suave y flexible. Además, el ejercicio moderado puede ser incluido como parte de tu programa integral.

Después de una evaluación y con la aprobación de tu terapeuta, es recomendable que utilices una manga de compresión o un vendaje; otra opción es la terapia a base de masajes para acelerar la recuperación.

En algunos casos, la combinación de tratamientos produce mejores resultados.

¿Por qué tengo linfedema?
Ésta es una pregunta frecuente. No hay un claro entendimiento del porqué algunas pacientes desarrollan esta inflamación, ya que hay mujeres que no la padecen aunque estén sometidas a algún tratamiento para combatir el cáncer de mama.

La presencia de la inflamación puede generar en ti sentimientos de frustración, enojo o decepción. En este caso, los grupos de apoyo son una buena opción para que compartas tus sentimientos, sobre todo cuando no puedes hablar con algún familiar cercano o con alguien que haya pasado por esta experiencia.

¿Por qué es importante el tratamiento?
El riesgo de contraer una infección en el brazo es alto para muchas pacientes con linfedema. Esto se debe a que el líquido colectado en el brazo es rico en proteínas y, por lo tanto, se presentan condiciones ideales para el crecimiento de las bacterias. Aunado a ello, el sistema linfático no trabaja con su capacidad defensiva usual, así que no puede eliminar las bacterias y virus.

La asepsia y la buena calidad de vida son fundamentales. Si dejas de tratar el linfedema, tus brazos se pueden inflamar a tal grado, que se obstruye la circulación y pierdes la movilidad del brazo afectado. Es entonces cuando empiezas a sentir molestias y dolor.

¿Cuándo debo llamar al médico?
Si te detectan el linfedema en las primeras etapas, puede ser controlado. Debes contactar a tu cirujano oncólogo desde que se presentan los síntomas de inflamación; no importa que sean leves. Recuerda que en estos casos, cada minuto cuenta.

Sugerencias para mantener sanos tus brazos
  • Debes mantenerlos siempre limpios. Usa un jabón bajo en PH y lávalos con movimientos suaves.
  • Mantén la piel humectada, ya que si está seca es más propensa a una infección.
  • Utiliza guantes para las labores domésticas.
  • Cuídate de las picaduras de moscos e insectos. También debes usar bloqueador para protegerte del sol.
  • Evita utilizar uñas postizas, ya que éstas propician el crecimiento de hongos.
  • Siempre lleva contigo jabón y crema antibacterial. Si tienes una cortada, por pequeña que sea, debes lavarte las manos y utilizar la crema antibacterial.
  • Evita levantar objetos pesados y realizar ejercicios repetitivos porque te pueden provocar una contracción muscular.
  • El ejercicio es bueno, pero no debes excederte. No inicies una rutina de acondicionamiento físico sin consultar primero a un entrenador.
  • Trata de no cargar bolsas u objetos en el hombro del brazo lastimado.
  • En tus visitas al médico, recuerda que no deben sacarte sangre o inyectarte en el brazo afectado.
  • Viste ropa holgada y cómoda. Trata de no utilizar pulseras o joyas en el brazo lastimado, ya que pueden aumentar la inflamación debido al exceso de presión ejercido en determinadas partes del brazo.
  • Si viajas en avión, siempre usa una prenda de compresión en el brazo con linfedema. Así evitarás que la presión de la cabina te cause inflamación.

Para más información acerca del linfedema, favor de comunicarse con:
Doctora en Linfedema
Dra. Ma. Teresa Carrillo Rosales
Médico especialista en Linfología (Linfedema)

Cínica especializada en el Manejo Integral del Linfedema.
Carrillo Puerto No. 83
Tel oficina: 01 (55) 5554-6341 y 01 (55) 5484 -8050
Isabelle Aloi
Tel oficina: 26145118
Tel fax: 26145688
Cel: 04455 25432468
Radio: 5629 9800 clave: 2743
Correo electrónico: ialoit@prodigy.net.mx
www.linfedemamexico.com


Guía de Alimentación
Recomendaciones nutricionales para pacientes con cáncer-antes, durante y después del tratamiento

Comer los alimentos correctos antes, durante y después de un tratamiento de cáncer puede ayudar a sentirte mejor y a mantenerte fuerte. Una dieta sana es vital para que tu organismo funcione de la mejor manera y es aún más importante para un paciente con cáncer. Empezarás tu tratamiento con reservas que te ayudarán a mantenerte fuerte y a prevenir daño en los tejidos de tu cuerpo ocasionados por el mismo. Esto hará que tus defensas se mantengan alertas ante cualquier infección.

Todos los métodos para tratar el cáncer cirugía, radiación, quimioterapia, hormonoterapia e inmunoterapia, no sólo afectan a las células cancerígenas en tu cuerpo, sino que también alcanzan a afectar algunas células sanas. Este daño es el que ocasiona los efectos secundarios del tratamiento y el que causa algunos problemas de alimentación.

Recomendaciones nutricionales
Trata de comer alimentos con suficientes proteínas y calorías.
Si no te sientes bien y crees poder comer sólo dos o tres alimentos, hazlo, después te sentirás mejor para probar otro tipo de alimentos. Intenta hacer una dieta blanda para proveer a tu cuerpo las proteínas y calorías que necesita.

• Trata de tomar mucho líquido, especialmente durante esos días en los que no puedes comer alimentos sólidos.

La falta de apetito es uno de los problemas mas comunes que ocurren durante un tratamiento de cáncer; emociones como miedo y depresión, así como los efectos secundarios del tratamiento como la náusea pueden ser también causa de la misma.

• Si tu médico te lo permite, el ejercicio puede ayudarte a retomar el apetito.

Algunos pacientes engordan con la quimioterapia y la hormonoterapia, sin embargo, es muy importante que no se trate de perder este sobrepeso inmediatamente. Lo que si puedes hacer es enfatizar en frutas, verduras y cereales, tomar productos lácteos bajos en grasas, reducir o suspender las grasas, comer menos dulces, mantequillas y mayonesa, comer alimentos hervidos o al vapor y no comer entre comidas.

A veces, la quimioterapia puede ocasionar problemas en las encías y en la boca. Si esto ocurre, come alimentos fáciles de masticar y de ingerir como plátanos, sandía, yogur, pastas, gelatinas, avena y pures. Evita los líquidos que puedan irritar tu boca como la naranja, el limón, la toronja, el jitomate y alimentos condimentados. Usa un cepillo de dientes blando y enjuaga tu boca con agua tibia.

Si sufres náuseas, se recomiendan los alimentos fríos como yogur, nieves de agua, avena, arroz, fruta en almíbar y líquidos claros. Suspende alimentos grasosos, fritos o condimentados. Trata de comer tus alimentos a temperatura ambiente, ya que los alimentos calientes pueden aumentarla.

Si sufres vómito, intenta tomar muchos líquidos; cuando estos te caigan bien, poco a poco trata de ingerir algo sólido y así sucesivamente.

Si sufres diarrea, es muy importante que tomes muchos líquidos para compensar la pérdida de los mismos durante la diarrea. Come pocos aliementos varias veces al día en vez de tres comidas consistentes. Algunos alimentos recomendados son el plátano, el durazno, el puré de papa (alto contenido en potasio y sodio), así como yogur, arroz, pan blanco, verduras bien cocinadas, frutas en almíbar y carne blanca como pollo, pavo y pescado.

Evita grasas, frutas con cáscara, verduras crudas o con mucha fibre como el brócoli, la calabaza, el ejote, los chícharos y la coliflor.

Toma líquidos a temperatura ambiente y evita tambien el café, los refrescos, el chocolate y los productos lácteos.
Si sufres de estreñimiento, toma mucho líquido; toma agua caliente media hora antes de tu horario regular de evacuar e incrementa la fibra en tu dieta. Ejercita tu cuerpo.

Alimentos Estrella

  • Cítricos las naranjas, los limones y las toronjas son ricos en vitamina C, la cual contrarresta los efectos de nitrosaminas.
  • Leguminosas los chícharos, las lentejas y los frijoles contienen una gran cantidad de proteínas, carbohidratos, aminoácidos, vitaminas, minerales, así como fibra.
  • Ajo contiene sustancias consideradas como potentes anticancerígenos.
  • Chabacano es rico en betacaroteno.
  • Arroz:contiene inhibidores de la proteasa, utilizada para la prevención del cáncer de mama.
  • Espinacas tienen una gran cantidad de caroteno y clorofila; a estos productos se les atribuyen propiedades anti-cancérigenas.
  • Col o repollo contiene una gran cantidad de betacaroteno y aminoácidos azufrados; considerados estos como agentes prevensores del cáncer.
  • Fresas han demostrado tener capacidad de neutralizar las nitrosaminas y son ricas en vitaminas y polifenoles, conocidos como potentes antioxidantes y anticancérigenos.
  • Manzanas el jugo de manzana fresco, la pulpa y la pectina de la cáscara contienen sustancias, como los ácidos clorogénicos y elágico, que han demostrado tener propiedades antitumorales.
  • Piña tiene propiedades antitumorales.
  • Zanahoria a los carotenoides se les atribuyen propiedades anticancerígenas.
  • Tomate es rico en vitaminas, minerales y un pigmento antioxidante llamado licopeno, el cual ha demostrado tener poderes antitumorales.
  • Yogur ayuda a disminuir la posibilidad de desarrollar cáncer de mama en las mujeres que consumen mucha grasa.

Vitaminas
Algunos expertos en el tema de nutrición te recomiendan que consumas suplementos de betacaroteno, que en el organismo, se convierte en vitamina A y vitaminas C y E, para prevenir el cáncer, así como para retardar su crecimiento (verduras de color naranja y verde oscuro, las frutas amarillas o de color naranja como la papaya, el mango, la calabaza y el camote).

Igualmente, se recomienda tomar vitamina D, la cual inhibe el crecimiento de las venas que alimentan al tumor. Algunos de los alimentos ricos en vitamina D son el aceite de bacalao, pescado (sardinas, atún, salmón), leche fortificada con vitamina D. Para obtener las vitaminas C que tu cuerpo necesita, come muchas frutas y verduras, tales como cítricos, kiwi, naranjas, fresas, piña y duraznos. Igualmente, espinacas, papas y pimientos dulces. La vitamina E la encontraras en el germen de trigo, las legumbres, los cacahuates, las almendras, los pescados, los mariscos y las aves.

Alimentos no recomendados
Carne roja y grasas de origen animal por su alto contenido en grasas, sal y alimentos curados o ahumados.
No debes beber alcohol y si lo haces, toma pequeñas cantidades y ocasionalmente. Y por salud general, no debes fumar. Igualmente, debes cuidarte del sobrepeso.



Guía para la pareja

Cuando la mujer que amas tiene cáncer
Cuando a tu pareja le diagnostican cáncer, experimentas los mismos sentimientos que ella: miedo, coraje, negación y una sensación de haber sido traicionado porque nunca pensaste que esto podría ocurrir.


Es entonces cuando te preocupa el futuro y la posible pérdida de tu pareja. Por eso es importante que expreses tus necesidades y te des permiso de experimentar y compartir tus sentimientos.

Al igual que muchos hombres, es posible que te sientas culpable por no poder evitar cierta debilidad e impotencia, pero recuperas el control en cuanto empiezas a buscar información sobre el tema.

Si lo que te preocupa es el destino de la relación con tu pareja, debes saber que un padecimiento como el Cáncer de Mama puede fortalecerla. Sin embargo, cuando los cimientos no son suficientemente sólidos, la enfermedad puede ser causa de ruptura, como si fuera un mal contagioso.

Lo más importante es la comunicación entre ambos, pero una comunicación que va más allá de las palabras. Algo tan sencillo como tomar la mano de tu pareja puede hacerla sentir muy bien.

Hagan un pacto para enfrentar juntos al enemigo. Evita leer la mente de tu mujer, y no trates de adivinar sus sentimientos o pensamientos. Acompáñala a sus citas con el doctor, involúcrate en su tratamiento, externa tu opinión después de haberte informado acerca de las diferentes opciones. Juntos pueden tomar mejores decisiones.

La cirugía: momento crítico
Quédate con ella en el hospital todo el tiempo que te sea posible y confórtala con tu optimismo.

Mientras tu pareja se recupera de la cirugía, trata de mantener un papel activo hablando con los doctores y demostrando que tienes interés por conocer su estado, así como las opciones de tratamiento.

Al mismo tiempo que te esfuerzas por conservar tu fortaleza, puedes experimentar culpabilidad, soledad, abandono, miedo y hasta repulsión -lo cual es muy natural. Todo esto es parte del impacto sicológico que provoca la cirugía.

De hecho, la relación de pareja tiende a verse afectada porque ella se siente poco atractiva.

En caso de que la cirugía haya sido radical (mastectomía), la recuperación es mucho más lenta, y nada es suficiente para mitigar la fuerte impresión que ella recibe al perder uno o los dos senos.

Una revolución en casa
Prepárate. Te sorprenderás ante la cantidad de cambios que surgen en el hogar cuando ella sale del hospital. No sólo tienes que tomar responsabilidades que antes no te correspondían, sino que debes motivar a tu pareja para que vuelva a hacer algunas de las tareas que antes realizaba.

Es muy importante hacerle saber que la quieres por ser quien es; ella necesita que le demuestres que es lo más importante para ti; sé paciente y considerado. Y, por supuesto, no olvides animarla a realizar sus ejercicios de recuperación.

Considerando que ella siente que su sexualidad se vio enormemente afectada, es conveniente que provoques un acercamiento "un contacto físico, no necesariamente sexual, sino un abrazo o un beso". Muchas mujeres dicen que su principal necesidad durante esta etapa es sentirse protegidas.

Cómo enfrentar la quimioterapia
Porque la fatiga es el principal efecto secundario de la quimioterapia, debes ser prudente, pero también motivar a tu pareja para que se reincorpore a su vida normal.

Este tratamiento no siempre ocasiona pérdida de cabello; sin embargo, cuando esto sucede, la impresión que recibe la mujer es muy fuerte. Si es el caso de tu pareja, hazla sentir bella y atractiva. Incluso, ayúdala a elegir pañoletas o pelucas. Recuérdale que esto, al igual que otros efectos derivados de los tratamientos, por lo general son temporales.

Dado que la quimioterapia cansa mucho a quien la recibe, es posible que tu pareja presente una disminución del deseo sexual. En vez de aceptar el hecho pasivamente, busca otras formas de revivir la intimidad.

También debes estar preparado para sobrellevar otros efectos secundarios, como resequedad o adelgazamiento de la pared vaginal -esto ocasiona sangrado después de tener relaciones- así como los bochornos típicos de la menopausia.

El estrés de la radiación
La radiación se aplica todos los días después de una tumorectomía y durante un periodo de 5 a 7 semanas. Para tu pareja, cada sesión es un recordatorio de su diagnóstico y de su vulnerabilidad, de ahí el origen del estrés asociado al tratamiento.

Además de que el pecho se hincha y duele, la mayoría de las mujeres experimenta reacciones en la piel. El tratamiento también puede provocar linfodema, que es un abultamiento del brazo y la axila por retención de líquido linfático.

Para contrarrestar los efectos negativos, haz que tu pareja practique los ejercicios indicados por las enfermeras y el médico, y evita que levante objetos pesados con el brazo afectado.

No olvides que necesita sentirte cerca, así que acompáñala a recibir su dosis diaria de radiación.

El lado positivo del cáncer
La mayoría de las parejas encuentra un lado positivo a la dramática experiencia de enfrentar el Cáncer de Mama. La mejor prueba de ello es que, en muchas ocasiones, la enfermedad hace que la relación sea más estrecha y estable.

En cuanto a las relaciones íntimas, el deseo sexual de tu pareja resurgirá una vez terminado el tratamiento. Si le realizaron una reconstrucción de pecho, quizás su autoestima se haya incrementado, pero es importante señalar que un pecho reconstruido no tiene sensibilidad y cambia de forma.

Cuando tu pareja encuentra en ti a un aliado, es capaz de vivir el Cáncer de Mama con más fortaleza. Si ambos hacen un pacto de combatir juntos la enfermedad desde el momento del diagnóstico, durante el tratamiento y en el proceso de recuperación, ambos sanarán más rápido.



Cáncer de mama y la sexualidad

El cáncer no mata la sexualidad
La sexualidad es una parte muy importante de nuestras vidas, y muchas veces ni los doctores ni nosotras, las pacientes, tocamos el tema de cómo nos afecta el tratamiento contra el cáncer o el cáncer en sí.

Para empezar, es importante saber que es normal que perdamos el interés por la sexualidad debido a que tenemos otras preocupaciones inmediatas: la salud, el dolor y la depresión. Pero puedes estar segura de que el deseo regresará y debes estar preparada para saber cómo dirigirlo.

La clave para recuperar el interés es la comunicación con tu pareja. En cambio, el silencio es el peor enemigo de una relación sexual saludable.

Es natural que pasemos por momentos de ansiedad, desesperación y frustración, sólo que es mejor compartirlos. Es una relación de pareja y, por lo mismo, son dos los involucrados. No guardes tus sentimientos nada más para ti.

Quimioterapia y sexualidad
Varios de los medicamentos utilizados en la quimioterapia dañan temporal o definitivamente nuestros ovarios, lo cual puede derivar en infertilidad. Sin embargo, aunque dejemos de menstruar, existe la posibilidad de un embarazo.

Las pacientes en tratamiento de quimioterapia experimentan síntomas de menopausia "incluyendo bochornos, resequedad vaginal y dificultad en el momento de la penetración" y están más propensas a padecer infecciones vaginales. Además, se puede presentar un sangrado ligero después de tener relaciones, lo cual no debe ser motivo de preocupación, ya que es el resultado lógico del adelgazamiento de la pared vaginal.

Con todo esto, nuestro cuerpo se debilita físicamente y, como es lógico, baja sensiblemente nuestro deseo sexual. Tampoco podemos dejar de lado el bloqueo que nosotras mismas nos imponemos porque los efectos secundarios "como la pérdida de cabello" hacen que nos sintamos poco atractivas.

Hormonoterapia y sexualidad
La hormonoterapia es menos común que la quimioterapia, ya que no todos los tumores son sensibles a los estrógenos. Para los que sí lo son, se usa el Tamoxifen, el cual evita que las células cancerosas se alimenten de dichas hormonas.

Quienes toman este medicamento no sufren cambios tan severos en su actividad sexual, pues los trastornos más comunes son los bochornos y la resequedad vaginal. Para contrarrestar esta última, lo mejor es utilizar un lubricante a base de agua; la vaselina y los productos con aceites no son recomendables.

Radiación y sexualidad
Durante un tratamiento de radiación, la piel del pecho cambia de color, se hincha y se vuelve mucho más sensible al roce. En cambio, el pezón normalmente no se altera.

La cirugía o la radiación aplicada al pecho no reduce nuestro deseo sexual; tampoco disminuye la lubricación vaginal o la sensibilidad de nuestros genitales.

Cirugía y sexualidad
Los problemas empiezan cuando nos tenemos que someter a una mastectomía. Perder el seno es una experiencia difícil de enfrentar y sobrellevar, que afecta directamente la concepción que tenemos de nuestra feminidad y nuestra sensualidad. Es difícil evitar la sensación de que hemos perdido nuestro atractivo, lo cual repercute directamente en nuestro deseo sexual.

Debemos estar conscientes de que no hay reglas para encarar esta situación. Lo único que se puede recomendar es hacer lo que cada quien considere que es lo correcto, tanto en el plano individual como el de pareja.



Guía para familiares de pacientes con cáncer

El rol del familiar
Como miembro de la familia del paciente con cáncer, debes adoptar responsabilidades y retos en esta lucha. Es fundamental que tengas la disposición necesaria para sacrificar muchas cosas por el bien de la persona enferma. Antes de lo que te imaginas, recibirás recompensas inesperadas y, lo más importante, la gratitud de quien siente tu apoyo.

Lo que puedes enfrentar
Es posible que tengas que reacomodar tu propia vida para cumplir ciertos requerimientos. También es probable que padezcas consecuencias físicas, emocionales y financieras. Sin embargo, todo lo bueno que recibes a cambio es incomparable, pues, aunque resulta difícil de creer, la enfermedad puede enriquecer las relaciones familiares y te puede ayudar a entender y apreciar lo que realmente importa en la vida.

Mientras más información tengas acerca del cáncer y de la ayuda que puedes ofrecer, mejor podrás apoyar al paciente. Acompaña a tu familiar a sus citas con el médico oncólogo para obtener toda la información necesaria directamente del doctor, las asistentes o las enfermeras. Sólo así serás capaz de reconocer y manejar las necesidades y los síntomas del paciente.

Es recomendable que tomes nota de las instrucciones del médico, las citas, los resultados de los exámenes, dolores, medicamentos, síntomas y datos de todos los doctores y personas involucradas en el tratamiento.

Un día con un paciente con cáncer
Necesitas paciencia, flexibilidad, valor y sentido del humor para entender la experiencia del cáncer desde las perspectiva de quien lo padece.

Haz preguntas y escucha atentamente las respuestas para promover una sensación de independencia y positivismo en el paciente, ya que éste debe sentirse motivado para realizar las actividades cotidianas, siempre dentro de sus posibilidades.

Lo que no debes olvidar

  • Cuídate tú también... Puedes llegar a sentirte físicamente exhausto y emocionalmente vaciado. El bienestar del paciente depende del tuyo, por eso, tu principal responsabilidad es cuidarte a ti mismo.
  • Pide ayuda cuando la necesites y llama a otros familiares o amigos para que te apoyen.
  • Mantén contacto cercano con el cirujano oncólogo y las enfermeras.
  • Date tiempo para ti cada día haciendo cosas que te mantengan alejado de las responsabilidades relacionadas con el paciente.
  • Si el cuidado es por un periodo largo, procura tomar algunos días de descanso intermedios.
  • Escoge personas capaces de escucharte y darte apoyo.
  • Busca ayuda profesional.
  • Conserva una actitud positiva, por ti y por la persona que estás cuidando.
  • Sigue las indicaciones al pie de la letra.
  • Debes estar consciente de los efectos secundarios de los medicamentos, tales como náuseas, estreñimiento y mareos. Lo recomendable es que reportes al doctor cualquiera de estas situaciones para controlarlas a tiempo.
  • Debes tener a la mano los teléfonos del cirujano oncólogo para llamarlo a cualquier hora.
  • Haz anotaciones del dolor que siente el paciente, cuándo se presenta y cuánto dura.
  • Escribe las preguntas que surjan para que no las olvides cuando el paciente vea al doctor.
  • Acompaña siempre al paciente a sus citas con el médico.

Guía para hablar del cáncer con los hijos

Para que puedas acercarte con mayor facilidad a tus hijos, y que ellos te entiendan mejor, es importante que utilices el vocabulario y la información adecuada para la edad de cada uno de ellos.

Siempre es mejor que escuchen las noticias por ti, sobre todo si es algo relacionado con tu salud. En caso de que no te sientas emocionalmente preparada, pide a un familiar cercano o a algún miembro de tu equipo médico que hable con ellos.

La decisión de decirles o no el nombre de la enfermedad depende de la edad y madurez emocional de tus hijos. Sin embargo, la verdad los ayudará a estar mejor preparados y a conocer los posibles cambios y reacciones que presente tu cuerpo y tu estado de ánimo.

En este artículo te ofrecemos algunas recomendaciones muy útiles, pero la mejor manera de hablar con tus hijos siempre será la que te dicte tu instinto maternal.

Cuándo les debo decir a mis hijos
Después de ser diagnosticada, explícales inmediatamente lo que sucede.

Cuando recibas tu tratamiento, dales todos los detalles: cómo lo están haciendo, los posibles efectos secundarios en tu cuerpo y en tu estado de emocional, además de los cambios que tal vez se tengan que hacer en casa.

Después de que termine tu tratamiento, explícales cómo está tu salud y los cambios que hayas vivido.

En todo momento debes tener disposición para contestar las preguntas que te hagan tus hijos y estar atenta para detectar a tiempo si están preocupados por ti.

La importancia de la edad
Pequeño a preescolar (menor de 5 años)
A esta edad, los niños no perciben la diferencia entre una gripe y una enfermedad seria como el cáncer. La explicación que les des no debe ser complicada, pero sí muy sincera.

Tienes que decirles que habrá momentos en los que mamá estará cansada para jugar y que también será necesario tener cuidado con juegos bruscos, siempre recordándoles lo mucho que los quieres y lo importante que es su ayuda para que todo salga bien.

Ellos experimentarán un sentimiento lógico de separación y el temor de ser abandonados, así que procura dedicarles tiempo y mucho cariño cuando te sientas con la fortaleza suficiente.

Si te hospitalizan, haz los arreglos necesarios para que un amigo o familiar se quede a cuidarlos. Habla con tus hijos, asegúrales que pronto vas a regresar a casa, y que piensas en ellos cuando estás lejos. Cuando te visiten, sugiéreles que traigan uno de sus muñecos favoritos.

Porque a veces lo niños tienden a bloquear los asuntos difíciles, tienes que estar muy pendiente de ellos, incluso al año o más de finalizado el tratamiento. Generalmente, cuando todo está más tranquilo, ellos encuentran el momento para sacar su angustia reprimida, pero no debes culparte por ello. En caso de que el comportamiento se salga de control, es mejor que busques ayuda profesional.

Edad escolar (6-11 años)
No los presiones o preocupes con demasiada información. Es probable que se sientan responsables de tu enfermedad. Si es así, asegúrales que ellos no hicieron o dijeron nada que pudiera provocarla.

Tus hijos pueden mostrar pérdida de apetito, insomnio o bajo rendimiento escolar. No es algo que deba alarmarte, quizás es su forma de hacerte saber que están contigo.

Adolescencia
Este periodo es sumamente difícil por los cambios emocionales propios de los jóvenes. Les resulta difícil entender la situación y demostrar sus sentimientos o pensamientos.

Es probable que se muestren reacios a hablar contigo porque no saben cómo enfrentar tu enfermedad. Si el diálogo es imposible, recomiéndales que platiquen con alguien de su confianza, aunque no sea un familiar.

Edad adulta
Puedes encontrar más apoyo en tus hijos adultos, ya que pueden ayudarte a realizar las actividades diarias del hogar. Además, entienden mejor la situación porque su madurez les permite comprender lo que te pasa. Si tus hijos no viven contigo, tal vez puedan acompañarte a tus citas con los médicos y a tus tratamientos.

Cómo enfrentar la enfermedad en la familia
No es sencillo comunicar a los hijos y a la familia lo que sucede. Toma el tiempo necesario para relajarte y ordenar tus pensamientos. Lo mejor es que los anotes en un cuaderno.

Pide ayuda a los demás familiares, al equipo de doctores, enfermeras, trabajadores sociales y sicólogos. Todos ellos te pueden orientar para evitar la inestabilidad familiar.

Para empezar, no interpretes apresuradamente las reacciones de tus hijos y de tus familiares. Recuerda que ellos son un gran apoyo para ti por una razón muy simple: así como ellos son lo más importante en tu vida, tú lo eres en la de ellos.

Cómo manejar la rutina doméstica
Organiza las labores domésticas para que todos colaboren. Si tus hijos son pequeños y no pueden apoyarte, pide ayuda a tus familiares y amigos. No trates de hacer todo sola.



Mastectomía Profiláctica

Mastectomía Profiláctica: ¿Soy candidata a esta cirugía?... ¿por qué?

Fecha de publicación: Enero 2009

Esta sección tiene como objetivo proporcionar información al público basada en conocimiento científico actualizado y expuesto en los medios conocidos por la comunidad médica internacional. Debido al continuo proceso de cambio que sufre la experiencia científica actual, esta información puede ser sujeta a modificación o reformulación. El website, CIMAB y el autor no son responsables del uso inapropiado que pueda darse a esta información, pues no debe ser considerada un sustituto de la consulta y discusión personal con un médico experto en el tema.

Definición de mastectomía profiláctica

Mastectomía es un procedimiento que consiste en la remoción quirúrgica de la glándula mamaria. Profilaxis (griego “προφυλάσσω”, pro: anticipación + filakos: protector) significa prevenir. Por consiguiente, la mastectomía profiláctica es aquella que se realiza en una paciente que NO tiene un diagnóstico de cáncer de mama con el objetivo de disminuir el riesgo de desarrollarlo en el futuro.

El concepto puede sonar muy atractivo: realizar una mastectomía con reconstrucción inmediata y disminuir sustancialmente el riesgo de cáncer de mama. Sin embargo, existen claras indicaciones para este procedimiento. Esto significa que no cualquiera paciente es candidata a ser sometida a este tipo de cirugía.

Los escenarios

Se describen los escenarios más comunes en los que usualmente puede considerarse la opción de mastectomía profiláctica y sus implicaciones.

 

1.- La paciente que tiene un diagnóstico de cáncer en un seno y, en el momento de su cirugía, desea reducir su riesgo de desarrollar cáncer en la mama contralateral (la mama sana).

 

El problema: La paciente con diagnóstico de cáncer de mama, tiene la idea de que por el hecho de haber desarrollado un cáncer, su riesgo de desarrollar otro tumor en la mama contralateral (la sana) es muy alto... FALSO.

¿Cual es el riesgo de desarrollar cáncer en la mama contralateral después de haber tratado un cáncer de mama? Aproximadamente 10%1,2; esto significa que entre las pacientes ya operadas de un tumor mamario, una de cada diez desarrollará en algún momento de su vida un tumor en la mama que originalmente era sana (contralateral). Visto desde otra perspectiva, existe un 90% de probabilidad de que esto no ocurra.

Estas cifras no contemplan el riesgo de presentar nuevamente un cáncer en la mama tratada originalmente por un tumor, pues no es el objetivo de esta discusión.

 

Ahora bien, si una paciente tratada de cáncer de mama en un seno presenta años después una nueva tumoración en la mama contralateral, ¿Cuáles serían las implicaciones? En general, las mismas que en el caso del tumor inicial (siempre y cuando se trate verdaderamente de un nuevo tumor y no de una recurrencia del tumor original) y por lo tanto, tendría posibilidad de ser tratada con éxito. Más aún, si consideramos que “idealmente” se trata de una paciente que continúa con la vigilancia médica recomendada (al menos una vez por año con su médico tratante), debemos tomar en cuenta que la probabilidad de que este segundo tumor sea diagnosticado en etapa temprana es sustancialmente alto, aumentando la posibilidad de un tratamiento exitoso.

 

Con esta información podemos concluir que en el escenario presentado, la mastectomía profiláctica tiene un impacto muy bajo sobre la disminución del riesgo de cáncer de mama contralateral, pues de por sí este riesgo es bajo. Más aún, el impacto que puede tener en la supervivencia de la paciente (sobrevivir al cáncer) es prácticamente remoto, pues presumiblemente si un segundo cáncer ocurre, es muy probable que sea diagnosticado a tiempo y tratado con éxito.

 

Entonces, ¿Sería indicado realizar una mastectomía profiláctica en este escenario? En el sentido estricto, NO. No obstante, la última palabra la tendrá la paciente después de una amplia discusión con su cirujano tratante que deje clara esta información y la pondere con los riesgos inherentes a la cirugía (que aumentan ligeramente al operar el lado sano) y el resultado estético final (leer abajo “Preguntas frecuentes”).

 

 

2.- La paciente portadora de una mutación del gen BRCA1 ó 2 que la predispone a un alto riesgo para desarrollar cáncer de mama.

 

Esta sección no tiene como objetivo discutir el manejo multidisciplinario de las pacientes portadoras de una mutación del gen BRCA1 ó 2. Se discuten solamente los aspectos inherentes a la mastectomía profiláctica.

 

Problema 1: La paciente que ha sido identificada por su médico como portadora de una mutación del gen BRCA1 ó 2, pero que NO tiene cáncer de mama, cree que tiene una alta probabilidad de desarrollarlo en algún momento de su vida… VERDADERO.

 

¿Cuál es el riesgo de desarrollar cáncer de mama en una portadora de una mutación del gen BRCA1 ó 2? Según la experiencia reportada en la literatura entre 40% y 85%3, 4, 5, 6. Aunque se trata de un rango muy amplio, debemos tomar en cuenta que en el mejor de los casos, el riesgo es de igual forma alto (40%). Por consiguiente, la mastectomía profiláctica claramente puede ser considerada en estos casos si la paciente lo desea. Sin embargo, el riesgo de cáncer de mama no es el único aspecto importante en una portadora de una de estas mutaciones, pues existe también un riesgo elevado de desarrollar cáncer de ovario. Debido a esto, la discusión sobre estrategias de disminución de riesgos debe incluir a un experto en patología ovárica. La vigilancia con autoexploración bimestral y consulta médica anual con mamografía y resonancia magnética mamaria bilateral es considerada una opción aceptable. Si la remoción de los ovarios (ooforectomía profiláctica bilateral) después de una paridad satisfecha es considerada, el riesgo para desarrollar cáncer de mama disminuye sustancialmente (hasta un 40% del riesgo inicial). La endocrinoterapia con antiestrogénicos como tamoxifeno o raloxifeno es también una opción que debe ser discutida con el médico oncólogo. La paciente debe ser claramente informada sobre estos riesgos y estrategias de manejo, incluyendo opciones de reconstrucción en caso de cirugía (leer abajo “Preguntas frecuentes”). La mastectomía profiláctica bilateral puede ser considerada solamente después de una amplia discusión de esta información con la paciente.

 

Problema 2: La paciente que ha sido tratada de un cáncer de mama y que es además portadora de una mutación del gen BRCA1 ó 2, cree que tiene un alto riesgo de desarrollar cáncer en la mama contralateral… VERDADERO.

 

¿Cuál es el riesgo de una portadora de una mutación del gen BRCA1 ó 2 de desarrollar un nuevo tumor en la mama contralateral después de haber sido tratada de otro cáncer de mama? De 25% a 40%7, 8, 9, 10. Debido a esto, la mastectomía profiláctica (mama sana) es una opción de manejo en el momento de la cirugía de la mama con cáncer o aún años después del tratamiento del tumor inicial. De igual modo, las otras opciones de manejo descritas en el “Problema 1” (leer arriba) deben ser ampliamente discutidas con la paciente antes de tomar una decisión quirúrgica.

 

La mastectomía profiláctica en otros países

Las indicaciones (criterios médicos) actualizadas en marzo de 2007 para la mastectomía profiláctica según la Sociedad de Cirugía Oncológica11 (Society of Surgical Oncology de los Estados Unidos de América) son:

 

1.- Diagnóstico de una mutación del gen BRCA1 o BRCA2 o de otros genes susceptibles a una alta predisposición a cáncer de mama.

 

2.- Historia familiar de cáncer de mama en múltiples parientes de primer grado y/o múltiples generaciones sucesivas de miembros de la familia con cáncer de mama y/u ovario (síndrome familiar de cáncer). Además, una historia familiar de múltiples miembros de la familia con cáncer de mama bilateral y/o premenopáusico y/o cáncer de mama en un hombre puede estar asociada con un síndrome familiar de cáncer de mama. Debe considerarse la consulta genética; sin embargo, la cirugía profiláctica es apropiada en mujeres con una historia familiar consistente con una predisposición genética en las que no es posible demostrar una mutación genética conocida.

 

3.- Histología de alto riesgo: Hiperplasia ductal o lobulillar atípicas (ADH, ALH) o carcinoma lobulillar in situ (LCIS) confirmados por biopsia. Estos cambios tienen mayor significado si son presentes en una paciente con una historia familiar importante de cáncer de mama.

 

En raras ocasiones, la mastectomía profiláctica bilateral puede ser justificada en la paciente excepcional sin historia familiar o histología de alto riesgo. Esta paciente debe reunir las siguientes características: tejido extremadamente denso y fibronodular que dificulta la evaluación con estudios de imagen estándar, múltiples biopsias mamarias previas por anormalidades detectadas por clínica o mamografía y una ansiedad importante por el riesgo de cáncer.

 

Estos criterios han sido definidos a partir de estudios y consensos entre expertos haciendo un balance de los riesgos implicados en los diferentes escenarios. Cabe mencionar, que estos criterios pueden variar en otros países del mundo. Por ejemplo, en Europa (específicamente en Italia), la mastectomía profiláctica se realiza menos que en los EEUU. Esto es debido a que existe una cultura más “conservadora” entre médicos y pacientes y como la vigilancia estrecha también es un manejo aceptable, en algunos casos realizar una cirugía en una mama sana es todavía considerado un abordaje un tanto agresivo.

 

En México, existe poca información sobre la distribución de pacientes de alto riesgo y esto dificulta determinar qué casos pueden beneficiarse de esta cirugía. Aún así, podríamos considerar que las indicaciones para la mastectomía profiláctica en nuestro país son las mismas enunciadas arriba, claro está, siempre tomando en cuenta la individualización de cada caso y la importancia de una clara discusión entre la paciente y su cirujano.



Preguntas frecuentes

  • ¿Después de una mastectomía profiláctica, el riesgo de cáncer de mama se reduce al 100%?

NO. Virtualmente ninguna mastectomía remueve el tejido glandular en su totalidad12. Por tanto, mientras permanezca una mínima cantidad de tejido mamario en sede, éste mantiene su potencial de generar un tumor. Se sabe que la mastectomía profiláctica reduce el riesgo original de desarrollar cáncer en pacientes de alto riesgo hasta un 90%, pero no al 100%13, 14, 15, 16. Recordar, la mastectomía profiláctica es una estrategia de disminución de riesgo, no es una garantía para prevenir el cáncer de mama.

 

  • ¿Cuáles son las opciones de reconstrucción después de una mastectomía profiláctica?

Esta pregunta comprende muchos aspectos que deben ser aclarados con el cirujano plástico responsable del caso. La reconstrucción puede ser inmediata (durante el mismo evento quirúrgico de mastectomía) o diferida (programada después) y en forma breve las opciones son17:

  • Colocación submuscular de prótesis definitiva.
  • Colocación submuscular de expansor tisular que es cambiado por una prótesis definitiva en una segunda cirugía una vez completada la expansión.
  • Reconstrucción con tejido autógeno con o sin prótesis. Estas técnicas comprenden colgajos miocutáneos pedúnculados (porciones de piel, grasa y músculo) de gran dorsal (músculo de la espalda) o TRAM (piel, grasa y músculo del abdomen bajo), colgajos libres con microcirugía vascular como DIEP, SIEA (ambos del abdomen bajo) y colgajo glúteo entre otros. La discusión detallada de estos procedimientos no es el objetivo de este escrito (ver referencia 17).

 

  • ¿Cuál será el resultado estético después de mi mastectomía profiláctica con reconstrucción?, ¿será igual al aspecto inicial?, ¿puede ser aún mejor?, después de todo… seré operada por un cirujano plástico, ¿no es así?

Es imprescindible aclarar este punto. Muchas pacientes que reúnen las  indicaciones para solicitar la mastectomía profiláctica tienen falsas expectativas del resultado estético final. Algunas creen inclusive, que por el hecho de ser operadas por un cirujano plástico podrían mejorar la estética de sus senos. Si bien es cierto que en la actualidad la cirugía reconstructiva de mama ofrece lo que no existía hace 20 ó 30 años, es importante ser realista. El objetivo de la cirugía en estos casos es restituir al máximo la apariencia estética original y no necesariamente mejorarla, pues se trata de una cirugía plástica reconstructiva y no estética. Un error común es el de asociar con este tipo de reconstrucción otro tipo de cirugías en las que se usan prótesis mamarias. Tal es el caso de la mamoplastia de aumento, el cual es un procedimiento meramente estético en el que la prótesis se coloca debajo de una glándula que permanece en su sede y ayuda a ocultar el perfil del material protésico. Para evitar este tipo de confusiones, es aconsejable que la paciente dialogue con el cirujano que realizará la fase reconstructiva y que vea fotografías de mejores, regulares y peores resultados estéticos del tipo de reconstrucción planeado para tener una idea clara de lo que puede esperar.

 

  • Tengo una historia familiar importante de cáncer de mama, pero la prueba para determinar si soy portadora de una mutación genética es negativa. ¿Soy candidata a la mastectomía profiláctica?

La respuesta a esta pregunta puede verse en el punto número 2 de las indicaciones de la Sociedad de Cirugía Oncológica para mastectomía profiláctica (leer arriba “La mastectomía profiláctica en otros países”). No todas las mutaciones genéticas que condicionan un aumento en el riesgo de cáncer de mama son identificables en la actualidad. Es por esto que existen pacientes con una clara historia familiar de cáncer de mama que no pueden ser “clasificadas” dentro de las patologías conocidas. Los signos de alarma que pueden observarse en la historia familiar son:

  • Múltiples parientes de primer grado con cáncer de mama
  • Cáncer de mama en parientes jóvenes (menores de 40 años)
  • Cáncer de ovario en miembros de la familia
  • Parientes con cáncer en ambas mamas (bilateral)
  • Hombres con cáncer de mama en la familia

En estos casos debe realizarse primero una consulta genética y si se confirma la historia familiar mediante métodos formales, puede ser justificable realizar la mastectomía profiláctica.

 

  • Me han confirmado que soy candidata a la mastectomía profiláctica. Deseo realizarme la cirugía, pero tengo dudas y miedos. ¿Debo programar la cirugía lo antes posible?

NO; ante todo, no dar pasos precipitados. Una decisión como esta debe tomarse con la mente “fría” y bien informada y no alentada simplemente por “miedo al cáncer”. Nuevamente se subraya la importancia de discutir ampliamente con el cirujano tratante y con las personas que considere necesario. Es recomendable inclusive, esperar un tiempo y pensar nuevamente antes de programar la cirugía. Busque información bibliográfica y en Internet antes del encuentro con su cirujano. Recuerde que si bien la paciente tiene el “derecho” de ser informada sobre expectativas, posibles complicaciones y opciones alternativas a la cirugía, el ejercicio de este “derecho” debe ser recíproco. Es decir, el cirujano debe proporcionar esta información y la paciente debe también solicitarla y profundizar con sus preguntas.

Los casos con otras enfermedades genéticas, carcinoma lobulillar in situ (LCIS) e hiperplasias atípicas (ADH, ALH) en los que la mastectomía profiláctica puede ser considerada dentro de las opciones de manejo (no la única), no han sido discutidos en este escrito. Se han presentado solamente los escenarios más comunes en los que puede surgir la indicación de mastectomía profiláctica.

Dr. Carlos A. García-Etienne

European School of Oncology

Centro Senologia, Fondazione Salvatore Maugeri

Via Salvatore Maugeri 10

Pavia, 27100

Italia

 

Referencias

 

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Easton DF, Bishop DT, Ford D, et al. Genetic linkage analysis in familial breast and ovarian cancer: results from 214 families. The Breast Cancer Linkage Consortium. Am J Hum Genet 1993; 52:678–701.

 

Antoniou A, Pharoah PD, Narod S, et al. Average risks of breast and ovarian cancer associated with BRCA1 or BRCA2 mutations detected in case series unselected for family history: a combined analysis of 22 studies. Am J Hum Genet 2003; 72:1117–1130.

 

Ford D, Easton DF, Bishop DT, et al. Risks of cancer in BRCA1-mutation carriers. Breast Cancer Linkage Consortium.Lancet 1994; 343:692–695.

 

Struewing JP, Hartge P, Wacholder S, et al. The risk of cancer associated with specific mutations of BRCA1 and BRCA2 among Ashkenazi Jews. N Engl J Med 1997; 336:1401-1408.

 

Robson M, Levin D, Federici M, et al. Breast conservation therapy for invasive breast cancer in Ashkenazi women with BRCA gene founder mutations. J Natl Cancer Inst 1999; 91:2112-2117.

 

Metcalfe K, Lynch HT, Ghadirian P, et al. Contralateral breast cancer in BRCA1 and BRCA2 mutation carriers. J Clin Oncol. 2004;22:2328–2335.

 

Robson M, Svahn T, McCormick B, et al. Appropriateness of Breast-Conserving Treatment of Breast Carcinoma in Women with Germline Mutations in BRCA1 or BRCA2. Cancer 2005; 103:44–51.

 

Pierce LJ, Levin AM, Rebbeck TR, et al. Ten-Year Multi-Institutional Results of Breast-Conserving Surgery and Radiotherapy in BRCA1/2-Associated Stage I/II Breast Cancer. J Clin Oncol 2006; 24:2437-2443.

 

Giuliano AE, Boolbol S, Degnim A. Society of Surgical Oncology: Position Statement on Prophylactic Mastectomy. Approved by the Society of Surgical Oncology Executive Council, March 2007. Ann Surg Oncol 2007; 14(9):2425-2427.

 

Hicken NF. Mastectomy: clinical pathologic study demonstrating why most mastectomies result in incomplete removal of mammary gland. Arch Surg 1940; 40:6-14.

 

Hartmann LC, Schaid DJ, Woods JE, Crotty TP, Myers JL, Arnold PG, et al. Efficacy of bilateral prophylactic mastectomy in women with a family history of breast cancer. N Engl J Med 1999; 340:77-84.

 

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Cordeiro P. Breast Reconstruction after Surgery for Breast Cancer. N Engl J Med 2008; 359:1590-1601.



Suplemento Clínica Mayo

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Suplemento especial acerca del Cáncer de Mama editado por la reconocida Clínica Mayo.


Soluciones

El Cáncer de Mama es una enfermedad curable siempre y cuando se detecte a tiempo.

Conoce cuales son los diferentes tipos de Tratamientos y cirugías comúnmente utilizados, así como información sobre Centros oncológicos a nivel nacional.

Igualmente, te ofrecemos los datos de algunos Proveedores especializados en productos relacionados con los efectos secundarios de los tratamientos para combatir esta enfermedad.

En esta sección también encontrarás un apartado especial dedicado a Prácticas alternativas.

 Cirugías

Para erradicar el Cáncer de Mama, existen distintas opciones de cirugías, que se practican de acuerdo a las características del tumor. Todos los casos son diferentes, sin embargo, es muy probable que puedas optar por alguna de las siguientes opciones: Tumorectomía o Mastectomía.

Además, después de una mastectomía radical es posible que puedas practicarte una Cirugía reconstructiva. Consulta en qué consiste.

 

Biopsia

Para erradicar el Cáncer de Mama, existen distintas opciones de cirugías, que se practican de acuerdo a las características del tumor. Todos los casos son diferentes, sin embargo, es muy probable que puedas optar por alguna de las siguientes opciones: Tumorectomía o Mastectomía.

Además, después de una mastectomía radical es posible que puedas practicarte una Cirugía reconstructiva. Consulta en qué consiste.

Tumorectomía

Cáncer y tumorectomía
Ser diagnosticada con Cáncer de Mama es una terrible experiencia, tanto física como emocional. Sientes que todos tus sentimientos se agolpan y no sabes cómo reaccionar. Aquí te presentamos información sobre la cirugía y cómo puedes hacerle frente.

Tumorectomía o cuadrantectomía
Consiste en quitar solamente una parte pequeña del pecho, no el seno completo, como en la mastectomía. La mayoría de las mujeres que, junto con su médico, optan por este tipo de cirugía conservadora, siempre se preguntarán si habrá sido suficiente o si la decisión fue la correcta. Recientes estudios han comprobado que en la gran mayoría de los casos, la probabilidad de sobrevivir con una tumorectomía -seguida de radioterapia-, es exactamente la misma que si se hubiera optado por la mastectomía. Partiendo de esto, es importante que siempre pienses que la decisión tomada por ti y tu equipo de médicos fue la correcta para tu caso específico, y que confíes en tu habilidad para vencer a la enfermedad.

Mastectomía o Cirugía Radical

La mastectomía, que es la cirugía para remover el seno, implica extirpar los músculos de la pared, los tejidos del pecho y los nódulos linfáticos.

Después de la operación, es muy probable que sientas dolor intenso y que no puedas mover el brazo. Durante los primeros días en casa, deberás tomar las cosas con calma y no hacer actividades que requieran esfuerzo. La inflamación y el tono rojo de la piel son manifestaciones postoperatorias normales que irán desapareciendo poco a poco; sin embargo, si se presentan supuraciones excesivas, debes llamar a tu médico.

La importancia del ejercicio
Los ejercicios para recuperar al 100% el movimiento de tu brazo son fundamentales. Al principio sientes molestias y dolor; incluso llegas a pensar que no lograrás hacer las rutinas, pero con voluntad y paciencia, irás mejorando cada día.

Uno de los ejercicios consiste en pararte frente a una pared y deslizar sobre ella los dedos de la mano que está del mismo lado del seno operado.

Debes hacer el movimiento hacia arriba, como si estuvieras escalando. Hazlo lentamente y poco a poco. Regresa a una posición cómoda, descansa y vuelve a intentarlo. También es muy efectivo abrir y cerrar los dedos de la mano haciendo presión alrededor de una pelota de hule espuma. Debes realizar esto varias veces, pero sin hacer un esfuerzo extraordinario.

Una vez que tu médico te lo permita, regresa a tus actividades físicas habituales. Si practicas algún deporte regularmente, no dudes en intentarlo, aunque siempre con la supervisión de alguien y lentamente al principio para ir midiendo la capacidad de tu brazo y tu estado general de salud.

Cuida tu brazo
Las pacientes que han tenido disección de nódulos linfáticos en las axilas o han sido sometidas a la extracción de los mismos deben tomar precauciones para disminuir los riesgos de inflamación de la mano y el brazo.

Esta hinchazón se conoce como linfedema, y se presenta debido a la ausencia de los nódulos linfáticos, que actúan como sistema filtrador del exceso de líquidos, células anormales y de otros productos derivados de una infección.

El linfedema puede ocurrir después de la cirugía (sólo temporalmente), aunque también se manifiesta meses o años después.

Las siguientes precauciones te ayudan a reducir los riesgos:

  • No permitas que te saquen sangre, te tomen la presión o inyecten vacunas en el brazo operado.
  • Debido a la insensibilidad en la axila después de la cirugía, debes tener mucho cuidado al rasurarte o depilarte.
  • Evita levantar cosas pesadas.
  • Evita llevar anillos, pulseras o el reloj muy apretado.
  • Evita que el sol te queme, utiliza protector solar.
  • Si sufres una herida en el brazo, lava con cuidado el área con agua y
    jabón. Aplica una medicina antibacterial y cubre la herida con un vendaje estéril que debes cambiar de acuerdo con las indicaciones del médico para evitar una infección

La importancia de la prótesis
El uso de una prótesis no es sólo con fines estéticos, también es un recurso fisiológico y terapéutico para reemplazar el peso del seno y así mantener el balance del cuerpo.

Si no utilizas una prótesis del tamaño apropiado, pueden presentarse los siguientes problemas:

  • Espina dorsal encorvada.
  • Hombros caídos.
  • Contracción del músculo e incomodidad en el cuello.
  • Dolor de espalda.
  • Problemas de balance.

Después de la mastectomía, sigue haciendo la autoexploración. Es muy importante que realices regularmente la autoexploración del seno operado. Asegúrate de examinar los lados del seno, las axilas y, particularmente, el área de la cicatriz.

Debido a que hay cambios en los tejidos después de la cirugía, tu médico debe indicarte qué es lo normal en ti. Escoge un día fijo del mes que recuerdes fácilmente. Si aún tienes la menstruación, debes hacerte la exploración inmediatamente después del periodo.

Comunícate con tu pareja
Es normal que tengas dudas sobre cómo afectará la mastectomía tus relaciones íntimas, y es lógico que tu pareja experimente las mismas inquietudes. Lo importante es que se ayuden mutuamente hablando sobre el tema de manera abierta.

Porque tu enfermedad es una conmoción que compartes con tu pareja, éste puede ser un buen momento para explorar los pensamientos y sentimientos de ambos. Seguramente, desarrollarán una nueva perspectiva de su vida en común

.No deben olvidar que están lidiando una nueva experiencia sobre la que tienen muy poco control. Por mucho que lo desees, tu pareja no puede curarte, y las reacciones normales al miedo son la impaciencia y la cólera. Date cuenta de que esa persona tan querida y cercana está viviendo emociones tan fuertes como las tuyas; sin embargo, conforme vayan aprendiendo más de cada uno, reconstruirán la intensidad de sus relaciones y renovarán su intimidad.

Si no puedes hablar con tu pareja, tal vez sea porque el cáncer de mama es más de lo que ustedes dos pueden sobrellevar. En este caso, los consejeros, los grupos de apoyo, los sacerdotes y los amigos pueden ayudarles a ajustarse a su nueva situación.

El reto de la mujer soltera
Las mujeres que han tenido una mastectomía no sólo enfrentan el reto de la recuperación física y el temor a la muerte, sino también el miedo a la pérdida de la feminidad y del atractivo físico y sexual. Dan por hecho el rechazo de la pareja.

La situación es más complicada para la mujer soltera, particularmente si no cuenta con alguien en quién apoyarse, ya que descarta automáticamente la posibilidad de una futura relación sentimental. En lugar de ver gris el panorama, debes saber que la mastectomía no es una barrera para el amor, el romance y el matrimonio. Hay testimonios de muchas mujeres que se han casado por primera vez después de una cirugía de seno, y gran número de viudas y divorciadas también vuelven a tener pareja.



Cirugía Reconstructiva

La mayoría de las mujeres puede hacerse la reconstrucción del seno después de ser sometidas a una mastectomía. Consulta a tu médico cirujano para analizar si te pueden practicar la mastectomía y la reconstrucción al mismo tiempo.

¿Para qué reconstruir?
El propósito de la cirugía reconstructiva es lograr la apariencia similar de ambos senos. La diferencia entre el seno reconstruido y el sano se nota cuando estás desnuda; sin embargo, se espera que con un sostén, el seno implantado se vea lo más parecido posible al otro. Es fundamental que analices y consultes con tu médico toda la información antes de pasar por una reconstrucción.

¿Qué es la reconstrucción del seno?
Es un procedimiento quirúrgico para reconstruir la forma del pecho, el pezón y la areola. Existen dos tipos de operaciones: el injerto sintético y la rotación muscular. Escoger una u otra depende de la cantidad y adaptabilidad del tejido disponible en el área de la cirugía, de la similitud que esperas ver con respecto al otro seno, del periodo de recuperación, de la pérdida posible de la función muscular y lo más importante, del tipo de cáncer.

¿Cuándo reconstruir?

  • Algunas mujeres prefieren esperar antes de tomar una decisión acerca de la reconstrucción. Les resulta muy difícil afrontar este tema cuando apenas están viviendo la problemática de combatir el cáncer mediante una cirugía.
  • Otras deciden no hacerse la reconstrucción, pues consideran innecesario pasar por otra etapa de sufrimiento que seguramente traerá recuerdos desagradables de la que ya vivieron.
  • Algunas pacientes esperan algún tiempo por instrucciones de los médicos, ya que son muchos los factores que se deben considerar al optar por una cirugía reconstructiva.

Tipos de reconstrucción

Expansor de tejido o de piel con injerto


El proceso de reconstrucción más común es el injerto de una prótesis. Consiste en colocar debajo de la piel y del músculo pectoral un injerto llamado expansor, el cual actúa como un globo. El cirujano emplea un mecanismo de válvulas diminutas debajo de la piel e inyecta una solución salina en intervalos regulares para llenar poco a poco el expansor.

Cuando la piel del pecho se ha expandido hasta el nivel deseado, se extrae el expansor en una segunda cirugía y es reemplazado con una prótesis permanente llena con una solución salina o con gel

de silicón. En algunos casos, la reconstrucción del pezón y la areola se hace en una cirugía posterior.

Es importante que sepas que no todas las mujeres requieren un expansor del tejido antes de recibir el injerto permanente.

Rotaciones musculares
En este procedimiento se utiliza tejido de la espalda, el estómago o los glúteos para reconstruir el seno. El problema de estas operaciones es que quedan cicatrices en las áreas de donde se toma la piel para el injerto.

Reconstrucción del pezón y de la areola
El tejido para el pezón o la areola se toma normalmente del cuerpo de la paciente (del pezón, del otro seno o de la oreja, por mencionar sólo dos opciones). En algunos casos, se recurre al tatuaje para igualar el tono de ambos pezones y para crear la areola.

Debes saber que jamás se debe utilizar tejido del seno removido por cáncer, ya que puede tener células cancerígenas.



Rutina de ejercicios para después de la cirugía





TRATAMIENTOS

Para combatir el Cáncer de Mama se practican diferentes tratamientos, dependiendo del tipo de tumor. En este apartado, te explicamos en qué consisten algunos de ellos: Quimioterapia, Radioterapia y Hormonoterapia.

Con el fin de determinar si un tumor es benigno o maligno, se tendrá que practicar una Biopsia. Consulta información sobre este procedimiento.

QUIMIOTERAPIA

¿Qué tanto sabes de ella?
Quimioterapia, la sola mención de esta palabra causa reacciones inmediatas de temor y rechazo. Sin embargo, ¿cuántas de nosotras tenemos una idea clara de lo que es y cómo funciona? Seguramente conocemos de sobra todos sus efectos negativos, pero, ¿y qué hay de los beneficios?

Este artículo no pretende ser un tratado sobre el tema, pero es muy probable que en él encuentres la respuesta a algunas de tus preguntas.

Para empezar, debes saber que la quimioterapia es un tratamiento a base de sustancias químicas para controlar las enfermedades neoplásicas, es decir, las que tienen que ver con la multiplicación o crecimiento anormal de células en un tejido del organismo. El nombre común de estos padecimientos es cáncer, y los hay de diferentes tipos.

La forma de administración en quimioterapia puede ser por la boca -en forma de tabletas o cápsulas-, por inyección intramuscular o directamente en la venas. Los medicamentos administrados dependen del tipo de cáncer padecido.

¿Cómo te ayuda?
Los medicamentos eliminan las células cancerígenas y previenen la formación de nuevas células enfermas en tu organismo.

¿Qué te puede pasar?
El sueño de todos los médicos oncólogos es tener a la mano un tratamiento que les permita atacar únicamente los tejidos dañados. Desgraciadamente, esto no es siempre posible, pues la quimioterapia no sólo elimina las células cancerígenas, sino también las normales.

Dichas células sanas, que se encuentran en la boca, la piel, la médula ósea, la traquea, el pelo, las mucosas, la vejiga, los pulmones y el sistema reproductivo, son atacadas por los medicamentos, y es entonces cuando empiezas a sentir los efectos secundarios. Tu médico te puede decir qué síntomas se pueden presentar como resultado del tratamiento específico que estés recibiendo.

No olvides que hay quienes experimentan efectos secundarios ligeros, mientras que otros pacientes sufren consecuencias muy severas con el mismo tipo de medicamento y dosis. Como siempre, todo depende de la reacción de tu organismo.

¿Cuánto duran los efectos secundarios?
Ya que las células normales o sanas se recuperan rápido, los efectos secundarios desaparecen gradualmente cuando concluyes el tratamiento.

El tiempo varía en cada caso y depende de varios factores, incluyendo tu estado de salud y el tipo de medicamento que te fue administrado. Hay muchas casos de personas tratadas con quimioterapia que no han experimentado problemas a largo plazo. Además, la medicina está avanzando sumamente rápido en la prevención de algunos efectos secundarios de la quimioterapia.

Efectos secundarios más comunes
Estos son algunos de los padecimientos que puedes tener como resultado de la quimioterapia.

Anemia
Más del 50% de los pacientes tratados con quimioterapia sufren este padecimiento debido a que los medicamentos reducen la capacidad de la médula para producir los glóbulos rojos que llevan el oxígeno a todo el cuerpo. La anemia se caracteriza por una sensación de fatiga, cansancio, debilidad, palidez y/o mareos, así que debes estar muy alerta.

Estreñimiento
Ya que algunos medicamentos contra el cáncer pueden ocasionar cambios en tus hábitos, es posible que sufras de estreñimiento. La disminución de tu actividad física y el llevar una dieta no balanceada también pueden contribuir al estreñimiento.

Depresión
El cáncer es capaz de amenazar las metas e intenciones que dan sentido a nuestras vidas. El estrés físico y emocional que aparece en tu cuerpo puede, en muchos casos, conducirte a una depresión. Si esto sucede, debes hablar con tu médico para evitar que tu estado emocional interfiera con tu recuperación.

Diarrea
Esta disfunción se puede presentar cuando la quimioterapia afecta las células que cubren el intestino. Si sientes dolor y torzones junto con diarrea, o si ésta continúa por más de 24 horas, debes consultar a tu médico.

Fatiga
Es uno de los efectos secundarios más comunes de la quimioterapia. Es importante que hables con tu médico para saber cómo puedes sobreponerte a este estado.

Pérdida del cabello
Tu médico sabrá decirte si sufrirás pérdida de cabello (alopecia) o no, pues esto depende del tipo de medicamento y de la dosis. La pérdida de cabello puede presentarse en todo el cuerpo, pero como ya lo hemos dicho, todo vuelve a la normalidad una vez que el tratamiento llega a su fin.

Infecciones
La quimioterapia te predispone a sufrir infecciones porque la mayor parte de las medicinas contra el cáncer afecta la médula ósea, lo que significa que baja el nivel de los glóbulos blancos que ayudan a combatir infecciones.

Falta o pérdida de apetito
Algunas medicinas pueden afectar a las células del sistema digestivo, lo cual causa pérdida de apetito, así como náuseas y diarrea.

Problemas en boca, encías y garganta
El buen cuidado bucal es fundamental durante la quimioterapia; ya que los medicamentos tienden a ocasionar aftas o lesiones en boca y garganta. Además de ser dolorosas, las aftas pueden infectarse debido a los gérmenes que viven en la boca.

Náuseas y vómitos
Estos síntomas casi siempre pueden ser controlados, o al menos aminorados, con medicamentos.

Problemas ginecológicos
Los periodos menstruales pueden llegar a ser irregulares o detenerse por completo mientras dura el tratamiento. También estás más propensa a infecciones vaginales y a experimentar síntomas de menopausia, como bochornos. Todos estos efectos por lo general son temporales. Además, algunas personas nunca los experimentan.



RADIOTERAPIA

El por qué de la radioterapia
Como ya debes saber, las células cancerosas crecen y se multiplican más rápido que la mayoría de las normales que las rodean; por eso, la función de la radioterapia es matar las células enfermas y evitar que se reproduzcan. El problema es que las células sanas también son atacadas por la radiación, lo mismo sucede con la quimioterapia, pero la mayoría casi siempre se recupera una vez concluido el tratamiento.

La radiación, al igual que la cirugía, sólo afecta las células de un área específica del cuerpo. Algunas veces, los médicos recurren a la radioterapia para complementar otros tratamientos, como la quimioterapia, y así obtener mejores resultados en menos tiempo.

En ocasiones, la radiación se utiliza antes de una cirugía para reducir el tamaño del tumor. También antes, durante o después de la quimioterapia. En ciertos casos, los especialistas recomiendan que se aplique al concluir la quimioterapia para matar cualquier célula cancerosa que pudiera haber quedado.

El radiooncólogo, es decir, el médico especializado en el uso de la radiación, determina el tipo y la dosis que requieres. El radioterapeuta, por su parte, ayuda a colocarte en la posición adecuada para tu tratamiento.

Duración del tratamiento
La mayoría de las veces, la radioterapia dura 6 ó 7 semanas. La dosis total y el número de sesiones dependen del tamaño y la localización del Cáncer. Es muy importante que acudas a todas las sesiones, ya que de lo contrario, se reduce la eficacia de la radiación.

Tipos de radioterapia
Se aplica de dos maneras: externa o interna. La mayoría de los pacientes la reciben externa durante visitas ambulatorias al centro de tratamiento. Para ello, se utiliza una máquina que dirige los rayos de alta energía hacia el Cáncer y a un margen pequeño de tejido normal que lo rodea.

Cuando se utiliza el método interno, la fuente de radiación se coloca dentro del cuerpo. Este tratamiento es conocido como terapia de implantes, ya que así se llama la fuente de radiación encerrada en la cápsula que se coloca directamente dentro del tumor o en una cavidad corporal.

Efectos secundarios
Es muy probable que ya conozcas todos los efectos secundarios de la radiación, que pueden ser agudos o crónicos. Como ya hemos aclarado en otros artículos, el impacto del tratamiento varía de una persona a otra y depende de la dosis aplicada.

Los efectos más comunes se presentan al inicio del tratamiento y suelen desaparecer a las pocas semanas de finalizar las sesiones. Veamos cuáles son los principales y cómo puedes enfrentarlos:

Cansancio
La sensación de debilidad y agotamiento desaparece gradualmente después de que termina el tratamiento. Es importante que escuches lo que dice tu cuerpo y te tomes el tiempo necesario para descansar. No trates de hacer todas las actividades que normalmente realizabas, planea tu día en función de cómo te sientes.

Cada vez que te sientas con energía, practica un ejercicio leve, como caminar. Muy pronto te darás cuenta de que esto te ayuda a combatir el cansancio. También es buena idea pedir a tus familiares o amigos que participen en las tareas diarias, como ir al supermercado, hacer los trabajos del hogar o cuidar a los hijos.

Lo más importante es que no descuides tu alimentación, pues durante el tratamiento debes llevar una dieta balanceada para evitar la pérdida de peso.

Cambios en la piel
El área de tu piel que está bajo tratamiento tiene una apariencia roja o irritada, como quemada por el sol o bronceada. Después de algunas semanas, también se hace presente una textura muy reseca. Para contrarrestarlo, lávate con agua tibia y jabón suave. Al terminar, sécate con golpecitos delicados, sin frotar la piel.

Los cambios en la piel desaparecen gradualmente, en un lapso de 6 meses a un año después de concluir el tratamiento. No olvides que tu piel puede estar sensible durante ese periodo.

Debes estar alerta por si se presentan otros efectos secundarios, como irritación o hinchazón del pezón y cambios en el tejido graso del seno, que se sienta más grueso o firme que antes.

Para cuidar tu piel, es recomendable que sigas las siguientes indicaciones:

  • No uses sostén (si lo haces, que sea de algodón y sin varilla)
  • No frotes o rasques la piel sensible
  • Evita poner objetos muy fríos o muy calientes sobre esa área
  • No uses polvos, cremas, perfumes, desodorantes, pomadas, lociones, aceites para el cuerpo ni remedios caseros en esa zona mientras estás en tratamiento, ni varias semanas después
  • Lo mejor para cuidar el área afectada es la sábila natural o el aloe vera
  • No expongas al sol la zona irradiada. No olvides preguntar a tu médico por cuánto tiempo tendrás que protegerte del sol.


HORMONOTERAPIA

Hormonas contra el Cáncer
Los médicos han encontrado que la hormonoterapia es un recurso altamente efectivo para detener el crecimiento de las células cancerosas en las mujeres que padecen Cáncer de Mama. Para saber si eres candidata a la hormonoterapia, primero tienes que ser sometida a la cirugía para extraer el tumor, el cual debe pasar por varios exámenes patológicos para determinar si el tejido cancerígeno es positivo receptivo a hormonas (HR+). Las posibilidades son más altas para las mujeres que ya han pasado por la menopausia, aunque esto no descarta a las premenopáusicas.

Tamoxifen
El medicamento comúnmente utilizado en estas terapias es el tamoxifen, (nombre genérico: Nolvadex), cuya función es frenar el crecimiento de las células enfermas que pudieran permanecer en el cuerpo después de la cirugía. El tratamiento, que tiene una duración de 2 a 5 años, consiste en tomar una pastilla 1 ó 2 veces al día. Se ha demostrado que el tamoxifen puede prevenir que el tumor recurra y que crezcan nuevos tumores en el tejido mamario. Esto es porque nivela el estrógeno que alimenta a las células cancerosas.

Raloxifen
Otra opción es el raloxifen, medicamento utilizado como línea secundaria para reducir el Cáncer de Mama denominado invasor, lo que significa que tiene la capacidad de propagarse.

Efectos secundarios
Si tu médico te recomienda la terapia hormonal, es importante que sepas que sus efectos secundarios no son tan fuertes como los ocasionados por la quimioterapia. Es por ello que las pacientes no sufren daños en la médula ósea ni pérdida de cabello. Sin embargo, puede aumentar el riesgo de desarrollar cáncer cérvico uterino o en el colón; de ahí la importancia de realizar regularmente las pruebas necesarias para detectar estos tipos de cáncer.

Otros efectos secundarios son las descargas de flujo y resequedad vaginal, fatiga, dolores de cabeza, insomnio, depresión, osteoporosis, aumento de peso y pérdida del deseo sexual. Esporádicamente se puede presentar falta de aliento, trombosis venosa, inflamación de la garganta, dolores musculares y de las articulaciones, malestares estomacales, infecciones, sinusitis o cambios en la vista.

La buena noticia es que no todas las mujeres experimentan efectos secundarios, pues cada organismo responde de diferente manera al medicamento.



PRACTICAS ALTERNATIVAS

Medicina Alternativa
Sin duda alguna, toda batalla requiere un luchador. Y para luchar contra el Cáncer de Mama y resultar vencedora, debes adoptar ciertas prácticas que serán indispensables para tu recuperación.

Existen varios métodos alternativos que pueden complementar tu tratamiento médico convencional; sin embargo, debes estar consciente de que dichas terapias no actúan como un sustituto de lo prescrito por tu médico; simplemente ayudan a mejorar tu salud mental, espiritual y física.
Entre los métodos alternativos más antiguos y comunes están los siguientes:

Tratamientos chinos
Del año 1100 al 400 A.C., los chinos empezaron a utilizar tratamientos alternativos para curar diversas enfermedades; entre ellas, el Cáncer de Mama.

Medicina Herbolaria
Esta es la terapia más común. Hay varias hierbas utilizadas para tratar las distintas manifestaciones del Cáncer de Mama, así como para disminuir o erradicar algunos de los efectos secundarios de los tratamientos. Las fórmulas incluyen de 5 a 25 tipos de hierbas.

Acupuntura
La acupuntura consiste en insertar finas agujas en distintas partes de la piel para regular el funcionamiento del cuerpo. En la medicina china, se cree que el qi (energía) y la circulación de la sangre en el cuerpo funcionan a través de un circuito de meridianos (canales intercomunicados) acomodados en un orden específico. La energía (qi) entra a dichos canales en tiempos exactos, por lo que se pueden curar ciertos dolores insertando las agujas en puntos estratégicos.

Meditación
Las prácticas relacionadas con la meditación, el silencio y la calma propician un estado de paz mental, física y espiritual. Cuando las incorporas a tu terapia, te resulta más sencillo combatir el miedo, disminuir el dolor, y lo más importante, tener esperanza.

La meditación te ayuda a enfocarte en algo específico. Alguna situación de rutina, como concentrarte en tu respiración, puede ser muy útil para eliminar algunos de los pensamientos caóticos que pasan por tu mente mientras estás sometida a tratamientos contra el cáncer.

Para meditar, debes estar en un lugar tranquilo, libre de distracciones y ruido. Encuentra una posición que sea cómoda para ti. Cierra los ojos y empieza a enfocarte en tu respiración. Imagínate una escena en particular y medita sobre la importancia de la vida, las ganas que tienes de vivirla y da gracias por lo que hasta ahora se te ha permitido vivir.

Aunque lo ideal es meditar dos veces al día, empieza por lo básico: cada mañana, siéntate en silencio y dedica cinco minutos a esta rutina de concentración. Con la práctica, lograrás aumentar el tiempo de las sesiones hasta 20 minutos. En muy poco tiempo, empezarás a experimentar los beneficios.

Consulta información que te será útil, relacionada con algunos Proveedores Especializados en medicina alternativa.



REFERENCIAS

Fundación Cim*ab se preocupa por estar siempre al tanto de las últimas referencias relacionadas con el Cáncer de Mama, en esta sección encontrarás la información más sobresaliente e interesante de los últimos meses.

Bibliografías
Una selección de materiales que te servirá como apoyo, a fin de ampliar tus conocimientos sobre este padecimiento.

Español

Cáncer, herencia y ambiente. La ciencia desde México.
Cristina Cortinas
Fondo de Cultura Económica, México, 1991
En este libro se explica la correlación de tres factores: la naturaleza o constitución genética de los individuos, las condiciones ambientales en las que se desenvuelven, y la suerte.

Cáncer de mama: Manual de tratamiento psicológico.
Arturo Haber S.
Editorial Paidós
La obra examina los factores psicológicos, sociales y conductuales que pueden influir en la morbilidad y la mortalidad del cáncer en cuestión. El resultado es un libro dirigido por igual a psicólogos, psiquiatras, enfermeras y otros profesionales de la salud mental.

Cómo derrotar al cáncer.
Alfredo Cerdán
Editorial Edamex, México, 1992

Diagnóstico: Cáncer, mi lucha por la vida.
Mariam Suárez
Galaxia Gutenberg, Círculo de lectores
Sobreviviente de la enfermedad, Mariam Suárez relata sus mejores y peores momentos en esta batalla por la vida para ofrecer una luz al final del túnel a aquellos que sufren la angustia de tan terrible experiencia.

El cáncer. La enfermedad del amor.
Rosendo García Padilla
American Book Store

El libro del seno. Guía básica para el cuidado y la salud del seno para mujeres de todas las edades.
Miriam Stoppard
Editorial Diana, primera edición
Este libro ofrece diversos métodos de prevención del Cáncer de Mama, así como una clara descripción de la enfermedad y los tratamientos para combatirla.

El poder de la actitud personal ante la enfermedad grave: Cómo mantener la calidad de vida cuando se tiene cáncer.
Rosa Graciela de la Torre y Mauro Rodríguez Estrada
Editorial Lumen
Publicación que refleja la necesidad de confrontación y aceptación de la enfermedad, así como una clara expectativa de cura por parte del paciente, a fin de lograr una salud física y mental.

El reto de hoy. Cáncer mamario.
Elizabeth Carswell
Editorial Trillas
Publicación que trata cuestiones médicas y emocionales referentes al Cáncer de Mama. La autora involucra a los pacientes y las personas que les rodean, quienes comparten sus experiencias a fin de ilustrar temas como radioterapia, quimioterapia y distintos tipos de cirugía.

¿Qué hacer frente al cáncer? Las 50 cosas esenciales.
Greg Anderson
Editorial Planeta

Tú puedes sanar tu vida.
Louise L. Hay
Editorial Diana, México, 1993
Este libro presenta una perspectiva amplia de la participación y responsabilidad en todo lo que acontece en nuestra vida.

Una segunda oportunidad.
El cáncer de mama en México.

Piso Joo
Col. Testimonios, México, 1993

Inglés

50 Essential Things to Do.
Greg Anderson
Plume
Este libro describe las 50 cosas que uno debe preguntar, investigar y hacer cuando el doctor le dice al paciente que es infértil, después de pasar por su tratamiento contra el cáncer.

A Woman´s Decision: Breast Care, Treatment and Reconstruction.
Karen Berger and John Bostwich
Quality Medical Publishing, Inc., 1994
Encuentra aquí información acerca de los distintos tratamientos utilizados para combatir el Cáncer de Mama, así como de la reconstrucción de seno después de una mastectomía radical.

Action Guide for Healthy Eating.
National Institutes for Health, 1995
En esta guía encontrarás un listado de verduras, frutas y alimentos ricos en nutrientes que ayudarán al paciente a lograr una recuperación.

Advanced Breast Cancer: A Guide to Living with Metastatic Disease.
Musa
MayerO’Reilly & Associates, 1998
Publicación sobre cómo enfrentar el hecho de vivir con metástasis y cómo manejar el hecho de una posible recurrencia.

Americans with Disabilities Act: Information for People Facing Cancer.
American Cancer Society, 1999
Consulta aquí consejos sobre qué hacer en caso de que alguna de tus empleadas sea diagnosticada con cáncer.

Bereavement: Counseling the Grieving throughout the Life Cycle.
David A Crenshaw
Continuum Publishing Company, 1990
Este libro se enfoca a guiar a las personas a la futura pérdida de un ser querido, así como al momento de la pérdida misma.

 

Breast Cancer: A Patient Guide.
Patricia J. Anderson
Creative Health Services, 1999
Publicación que sugiere dietas y hábitos alimenticios durante las diferentes etapas de Cáncer de Mama.

 

Breast Cancer Facts and Figures 1999-2000.
American Cancer Society, 1999

Breast Cancer Resource List.
National Alliance of Breast Cancer Organization, 1997/98 Edition

Choices in Healing.
Michael Lerner
The Mit Press, 1994
Descripción de las terapias alternativas utilizadas como complemento en el proceso de lucha contra el Cáncer de Mama.

 

Diagnosis Cancer: Your Guide through the First Few Months.
Wendy Shlessel HarphamW.W. Norton & Company, 1997
Este libro está escrito por una doctora sobreviviente de Cáncer de Mama, quien comparte información como médico y sobreviviente de la enfermedad. Su propósito es orientar a las pacientes durante los primeros meses de tratamiento.

Dr. Susan Love's Breast Book.
Susan M. Love
Perseus Books, 1995
Su amplio y rico contenido referente al Cáncer de Mama, así como su práctica y fácil distribución, hacen que este libro sea uno de los más vendidos.

Estrogen and Breast Cancer.
Carol Ann Rinzler Macmillan, 1993Estudios acerca de la relación de las hormonas femeninas y el Cáncer de Mama.

Exercises After Breast Surgery.
American Cancer Society, 1990

Facing Forward, A Guide for Cancer Survivors.
National Cancer Institute, August 1999

 

Giving Sorrow Words: How to Cope with Grief and Get on with your Life.
Candy Lightner
Warner Books, 1991
Dirigido a familiares y amigos, aquí podrás encontrar información importante para sobrepasar el proceso de pérdida de un ser querido.

Healing Essence.
Mitchell Gaynor Kodansha International, 1995
Escrito por el director de uno de los programas más importantes en Estados Unidos, este libro está enfocado a otorgar apoyo emocional y psicológico a los pacientes y sus familiares.

Healing Words: The Power of Prayer and the Practice of Medicine.
Larry Dossey
Harper Paperbacks, 1993
Con el arte de curar desde lo espiritual hasta la ciencia, este libro nos guía a una medicina más efectiva y humana, una medicina que funciona mejor y se siente mejor.

Hope is Contagious: The Breast Cancer Treatment Survival Handbook.
Margit E. Porter
Fireside, 1997
Libro de bolsillo que ofrece consejos básicos.

How to Live between Office Visits.
Bernie Siegel
Harper Perennial Library, 1994
Historias de personas que han luchado y vencido enfermedades, sanado sus heridas emocionales y logrado una paz interna.

Invisible Scars: A Guide to Coping with the Emotional Impact of Breast Cancer.
Mimi Greenberg Walter & Co., 1998
Guía para enfrentar el impacto emocional que el Cáncer de Mama ocasiona en las mujeres a partir de su diagnóstico, al final del tratamiento y durante el proceso de recuperación.

Living Beyond Breast Cancer: A Survivor's Guide for When Treatment Ends and the Rest of your Life Begins.
Marisa and Ellen Weiss
Times Books, 1997
¿Qué pasa después de un Cáncer de Mama? Encuentra aquí información al respecto.

 

Love, Medicine & Miracles
Bernie S. Siegel
Harper Perennial
Libro sobre cómo enfrentar una grave enfermedad de forma positiva, enfocado a amigos y familiares de un paciente.

Lymphedema: A Breast Cancer Patient’s Guide to Prevention and Healing.
Jeannie Burt, Gwem White and Judith R. Casley-Smith
Hunter House, 2000
Información sobre qué es el linfedema, cómo prevenirlo y cómo curarlo después de pasar por un Cáncer de Mama.

Moms Don’t Get Sick.
Pat Brack
Melius Publishing, Inc., 1990
Este libro nos narra una experiencia desde dos puntos de vista: el de una sobreviviente de Cáncer de Mama y el de su hijo de 8 años.

 

Prescriptions for Living
Bernie S. Siegel
Quill
El autor revela que la esperanza y alegría está en todas partes; sólo hay que saber dónde buscarla y cómo verla.

Radiation Therapy and you: A Guide to Self-Help during Cancer Treatment.
National Institutes of Health, 1999
Práctica guía para pacientes en tratamiento de radiación.

Recovering from Breast Surgery: Exercises to Strengthen your Body and Relieve Pain.
Diana Stumm
Hunter House, 1995
Su contenido te ayudará y enseñará ejercicios para fortalecer tu cuerpo y liberar el dolor después de una cirugía de seno.

Sexuality and Fertility after Cancer.
Leslie Schover
John Wiley & Sons, 1997
Rerencia para sobrevivientes de cáncer acerca de cómo mantenerse sexualmente activos y analizar las posibilidades de tener hijos después del tratamiento.

Share the Care: How to Organize a Group to Care for Someone Who is Seriously Ill.
Cappy Capossela and Sheila Warnock
Fireside, 1995
Obra dirigida a las personas que cuidan de pacientes con enfermedades graves.

Taking time. Support for People with Cancer and the People Who Care about them.
National Cancer Institute, September, 1997
Consejos para las personas que tienen cáncer y para aquellas que cuidan de las mismas.

 

The 22 (Non Negotiable) Laws of Wellness.
Greg Anderson
Plume
22 leyes que se deben cumplir para una pronta recuperación.

 

The Alternative Medicine Handbook: The Complete Reference Guide to Alternative and Complementary Therapies.
Barrie R. Cassileth
W.W. Norton & Company, 1998
Este libro te enseña cuáles son las distintas terapias alternativas, cómo evaluarlas y las pruebas científicas de su eficacia.

The Breast Cancer Companion.
Kathy Latour
William Morrow and Company Inc., 1993
Este libro comprende todos los aspectos relacionados con el Cáncer de Mama, ya sean emocionales o médicos.

The Breast Cancer Prevention & Recovery Diet.
Suzannah Olivier
Penguin Books
Libro que trata el cómo enfrentar el diagnóstico, tratamiento y recuperación de Cáncer de Mama desde el punto de vista de la alimentación.

The Power of Positive Thinking.
Norman Vincent Peale
Prentice Hall Press, 1987
Libro que trata acerca de la importancia de mantener una mente tranquila y positiva para luchar en contra de cualquier enfermedad.

The Race is Run One Step at a Time.
Nancy Brinker and Catherine McEvily Harris
Summit Publishing Group, 1995
Esta es la historia de una mujer que a los 36 años se enfrentó a la muerte de su hermana por Cáncer de Mama y luego al propio, quien es ahora fundadora de una de las organizaciones más importantes de lucha contra el cáncer.

The Wellness Community Guide to Fighting for Recovery from Cancer.
Harold Benjamin
Putnam Books, 1995
Esta guía provee información, inspiración y esperanza a quien desee formar parte de la lucha contra el cáncer.

Understanding Breast Cancer Treatment: A Guide for Patients.
National Institutes of Health, 1998
Una práctica guía para las mujeres recientemente diagnosticadas con Cáncer de Mama.

What about me?: A Booklet for Teenage Children of Cancer Patients.
Linda Leopold Strauss
Cancer Family Care, 1986
Práctica guía para los hijos adolescentes de pacientes diagnosticadas con Cáncer de Mama.

When Cancer Recurs: Meeting the Challenge.
National Institutes of Health, 1997
Qué hacer cuando el cáncer recurre, cómo enfrentarlo física y emocionalmente.

When Life Becomes Precious: A Guide for Loved Ones and Friends of Cancer Patients.
Elise Needell Babcock
Bantam Books, 1997
Libro orientado a familiares y personas cercanas a una paciente diagnosticada con Cáncer de Mama.

When Someone you Work with Has Cancer.
American Cancer Society, 1998
Cómo comprender la situación de un compañero de trabajo que lucha contra el cáncer.

Will I Get Breast Cancer? Questions & Answers for Teenage Girls.
Carole VogelSilver Burdett Press, 1995El temor y las dudas de las adolescentes sobre el Cáncer de Mama es claramente explicado en este libro.

Working it Out: Your Employment Rights as a Cancer Survivor.
National Coalition for Cancer Survivorship, 1999
Los derechos que tienes en el trabajo como sobreviviente de Cáncer de Mama, cómo manejar la situación y tus oportunidades de empleo, son algunas de las situaciones que se manejan en este libro.

You Don't Have to Suffer: A Complete Guide to Relieving Cancer Pain for Patients and their Families.
Susan Lang and Richard B. Pratt
Oxford University Press, 1995
Consejos para los pacientes y sus familiares sobre cómo vivir un dolor que afecta a todos los involucrados.



Otros sitios de interés

Información complementaria en Internet acerca del Cáncer de Mama.

En español

www.universomedico.com.mx
Programa de difusión social universo medico

http://www.mamografia.com
Ofrece información acerca de un centro de diagnostico en España y sobre la forma en que debe realizarse la autoexploración mamaria.

http://www.coba.org.ar
Es el portal de una institución argentina que desde hace más de 19 años se dedica a tratar a personas con cáncer. Encontrarás información acerca de los métodos de prevención del Cáncer de Mama.

http://www.tuotromedico.com
Ofrece información acerca de las distintas cirugías que existen para extirpar los tumores de mama.

http://www.fefoc.org
Encontrarás amplia información acerca del Cáncer de Mama y sus tratamientos, la cirugía reconstructiva, qué es el linfedema, entre otros temas de interés.

http://latina.obgyn.net
En este sitio podrás encontrar información y estadísticas acerca del Cáncer de Mama en las mujeres jóvenes.

http://www.samas.org.ar
Este es el sitio de la sociedad Argentina de mastología, en él encontrarás información dirigida para médicos, público en general, medios de comunicación y pacientes acerca del Cáncer de Mama y métodos de diagnóstico oportuno.

http://www.clc.cl
En este sitio de Santiago de Chile podrás encontrar los pasos ilustrados para realizar una autoexploración.

http://www.cancer.gov
Este es el sitio del National Cancer Institute de Estados Unidos, aquí podrás encontrar información acerca del Cáncer de Mama detectado durante el embarazo.

http://elmundosalud.elmundo.es
Aquí encontrarás toda la información relacionada con el Cáncer de Mama en España, estadísticas, datos y tratamientos.

 

http://www.farmaceuticonline.com
Aquí podrás encontrar algunos testimonios de mujeres sobrevivientes de Cáncer de Mama.

http://www.eresalud.com
Es un sitio que a su vez alberga links a otras páginas, donde podrás encontrar artículos, fundaciones e información diversa acerca del Cáncer de Mama en Venezuela.

http://www.angelfire.com
Es el sitio oficial del Movimiento Ayuda Cáncer de Mama de Argentina, donde encontrarás diversos testimonios de sobrevivientes y reportes de actividades.

http://www.methodisthealth.com
Aquí podrás encontrar información acerca del linfedema, su prevención, tratamientos y terapias de recuperación.

http://www.linfedemamexico.com
Aquí encontrarás respuesta a muchas de tus preguntas, como qué es el linfedema, cómo puedes curarlo o prevenirlo, y si estás interesada en cursos. Este sitio tiene también la información más actualizada acerca del tema en México.

http://www.y-me.org
Porque ninguna mujer debe pasar por el Cáncer de Mama sola, el sitio de la Y-me Organization, ofrece información actualizada acerca del Cáncer de Mama, tratamientos y asesoría.

http://universomedico.com.mx/fundaciones-e-instituciones-de-asistencia-social/ 

 

Otros sitios de interés en inglés

http://www.healthandnutrition.co.k.
En este sitio en la sección de Women´s Health encontrarás información relacionada con el Cáncer de Mama y la importancia de tener una vida sana.

http://www.boone.org
Es un sitio en el que describe los métodos de diagnostico oportuno, autoexaminación, examen clínico y mamografía.

http://www.wcn.org
Es el sitio oficial de Women´s Cancer Newtwork, aquí encontrarás información acerca del Cáncer de Mama, bibliografía, otros sitios de interés, artículos y actividades que realiza la organización.

http://www.plasticsurgery.org
Es el sitio oficial de la Asociación Americana de Cirujanos plásticos; aquí encontrarás artículos y panfletos que ha publicado la Asociación con respecto a la cirugía reconstructiva, así como links a grupos de apoyo.

http://www.sistersnetworkinc.org
Este es el sitio oficial de Sister´s Network Inc. Dirigido a la comunidad afro-americana de los Estados Unidos; en él podrás encontrar estadísticas, eventos realizados por la Asociación, entre otros temas de interés.

http://www.susanlovemd.com
Es el sitio oficial de Susan Love M.D Medical Reaserch foundation, donde encontrarás todo acerca de esta organización. La fundadora es la Dra. Susan Love, que ha escrito varios libros acerca del Cáncer de Mama.

http://www.thebreastclinic.com
Aquí encontrarás información acerca de los métodos de diagnóstico oportuno, los factores de riesgo, los síntomas, la diferencia entre un tumor maligno y benigno, tratamientos, entre otros.

http://www.womenscancercenter.com
En este link podrás encontrar información general acerca del Cáncer de Mama y métodos de diagnóstico oportuno.

http://www.siteman.wustl.edu
En este sitio encontrarás información acerca de los servicios que ofrece el Siteman Cancer Center del Barnes Jewish Hospital.

http://www.thebreastcancersite.com
En este sitio encontrarás un sinfín de artículos con el lazo rosa, tales como: playeras, tazas, relojes, gorras.

http://www.breastcancercare.org.uk
Es el sitio oficial de Breast Cancer Care Organization, establecida en el Reino Unido, encontrarás información acerca de los servicios que ofrecen.

http://www.dana-farber.net
Es el sitio oficial del Dana Farber Cancer Institute donde encontrarás información acerca del Cáncer de Mama y los servicios que ofrece el Instituto.

http://www.mayoclinic.com
Es el sitio oficial de la Clínica Mayo, en el encontrarás información acerca del Cáncer de Mama en mujeres y hombres.

http://www.mdanderson.org
Es el sitio oficial de MD Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas, en él encontrarás los servicios que ofrecen y la descripción de los pasos por los que uno pasa cuando es diagnosticado con Cáncer de Mama.

http://www.oncolink.upenn.edu
Aquí encontrarás información sobre cómo está compuesto el seno, síntomas y métodos de prevención para el Cáncer de mama.

http://www.oncology.com
En este sitio encontrarás información actualizada acerca del Cáncer de Mama y sobre los estudios realizados para tratar de resolver puntos fundamentales, como conocer las terapias que existen para mejorar la calidad de vida de una paciente con Cáncer de Mama.

http://www.clevelandclinic.org
Es el sitio oficial de la clínica de Cleveland, aquí encontrarás una descripción de los servicios que ofrecen.

http://www.bcans.org
Es el sitio oficial de Breast Action en Nueva Scotia, en él encontrarás información acerca de los eventos, foros y platicas que organizan, bibliografía y estadísticas.

http://www.komen.org
Este es el sitio oficial de una de las fundaciones más importantes de lucha contra el Cáncer de Mama, The Susan G. Komen Breast Cancer Foundation; en él encontrarás diversa información acerca de sus campañas y alianzas.


Viviendo con Cáncer de Mama

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Viviendo
Diario
Sabemos que no es fácil el recibir la noticia. Pero contamos con un grupo de apoyo que ayuda y orienta a las mujeres. En este apartado encontrarás una guía de preguntas que te ayudará a resolver ciertas dudas y a llevar cierto control.

a) Visitas al Doctor:
a.1) Establecer una buena relación con el médico, que te permita entablar una comunicación clara y un lazo de confianza.
a.2) Durante tu consulta plantéale al doctor sobre el tratamiento.
Aquí debes de preguntarte: ¿Qué tanto quieres saber? o ¿Hasta dónde quieres saber? y por supuesto comentarle al doctor.
a.3) Toma nota durante la consulta, y de ser posible nunca vayas sola. Siempre ve acompañada de un familiar, ellos podrán ayudarte a recordar y establecer las respuestas.
Si algo no comprendiste o no entendiste algún término médico. Sientete con plena confianza que te explique nuevamente.


b) Guía de preguntas básicas:
b.1) ¿Qué tengo o cuál es el diagnóstico?
b.2) ¿Qué tratamiento me recomienda?
b.3) ¿Existen otros tratamientos?
b.4) ¿Cuál es el mejor tratamiento para mi?
b.5) ¿Cuáles son sus beneficios?
b.6) ¿Cuáles son sus riesgos?
b.7) ¿Qué medicamentos me están dando y para qué sirven?
b.8) ¿Cómo debo esperar sentirme con el tratamiento?
b.9) ¿Qué efectos secundarios puede llegar a tener?
b.10) ¿Cuál es la mejor hora para localizar a tú médico?
Info

Adriana Santillana
Edad de Diagnóstico: 20 años

 

Soy soltera y tengo 42 años, me dedico a las ventas. Tengo más de 20 años con problemas de enfermedad fibroquística. Dicho problema lo presenté desde los 20 años aproximadamente. La primera vez que me percaté de esta situación fue cuando mi mamá me llevó con su ginecólogo, el cual después de checarme, sin previo aviso, tomó una aguja, (la cual al verla me dio bastante miedo) y me dijo "cierra tus ojos, y no te preocupes relájate", y metió dicha aguja en mi seno izquierdo y seno derecho. Al ver que no salía nada de líquido del seno, se me quedó viendo y me dijo: "Hmmm… Creo que no habrá mas remedio que operarte". Cuando mencionó esta palabra me quedé helada, y le dije "¿pero por qué?". Él me explicó que al no salir nada de líquido del seno, significaba que el quiste estaba sólido y para evitar problemas posteriores, había que quitarlo.

Como a los 3 meses de esta información fui a cirugía por primera vez, obviamente estaba muy asustada, pero aún así llena de confianza. Claro, esto era algo nuevo para mí, así que aún con mucho temor me sometí a la cirugía, la cual duró poco tiempo. Salí al día siguiente y el resultado de esta primer cirugía estaba bajo control, todo estaba bien, sin novedad, se trataba de un quiste benigno. Pasó el tiempo y como a los dos años, nuevamente presento este problema. Volvimos a ver al mismo médico, quien indicó someterme de nuevo a una operación. En esta ocasión ya no me realizó ninguna punción, únicamente programó la cirugía. Supuestamente yo saldría por mi propio pie ese mismo día, pero ¡oh, sorpresa! No fue así. La cirugía se retrasó, yo tardé en volver de la anestesia y tuve que quedarme esa noche, pero afortunadamente el diagnóstico volvió a ser favorable.

Pasaron aproximadamente 2 años de la segunda cirugía, cuando de nueva cuenta comienzo a sentirme los quistes en ambos senos, pero después de la segunda cirugía le dije a mi mamá que quería cambiar de médico pues la experiencia no había sido muy agradable para mí y había perdido la confianza en ese médico. Cambié de doctor, esta vez era una mujer. Con ella estuve varios años. Me sometió a un tratamiento con medicamentos, el cual funcionó bastante bien, pero por desgracia ella tuvo que irse de la Ciudad de México y yo sentí que me quedaba "como barquito a la deriva" pues no sabía con quién acudir. Una amiga me recomendó a su ginecóloga, quien al recibirme se asustó por la gran cantidad de quistes que tenía. Le comenté de mis cirugías previas y entonces me dio un medicamento muy fuerte llamado Nemestran, el cual me produjo serios problemas de resequedad general. Lo tomé por varios meses, esto ayudo mucho a que los quistes se fueran disolviendo casi en su totalidad. El tratamiento me quitó en parte el problema, pero me ocasionó otros problemas serios con mi vista, pues al no haber lubricación ocular se me producían muchos problemas de visión.

A finales del 2001 fui nuevamente a revisión con la ginecóloga, la cual al hacerme el utrasonido se dio cuenta que nuevamente tenía quistes, pero de diferentes tamaños y texturas, por lo cual me remitió con un oncólogo. En el 2002 el oncólogo me mandó realizarme una mastografía, así como un ultrasonido para dar un diagnóstico más acertado. La recomendación de otra cirugía fue el resultado. Así lo hice y el resultado sólo reveló la enfermedad fibroquística. Para el 2003 en el mes de abril nuevamente me programaron una nueva cirugía, pues en la periódica revisión el doctor me hizo una punción en ambos senos y el dictamen reveló "Adenocarcinoma nivel bajo 0" y la recomendación era operar de inmediato. La noticia me cayó como balde de agua fría, ya que estábamos en ese momento con el problema de mi hermana que también había tenido cáncer de mama, y estaba en tratamiento de quimioterapia y radioterapia. Al saber esto, me sentí muy mal, asustada, molesta, una serie de sentimientos encontrados. Sin embargo seguimos adelante y me operaron. Después de esta cirugía, se confirmó el primer diagnóstico. El médico me dio tres opciones de tratamiento, ya que el cáncer que presentaba era totalmente curable pues se encontraba a nivel epitelial. La primera opción fue no hacer nada, y seguir así; la segunda era hacer una cuadrectomía, que consistía en quitar parte del seno; y la tercera, dar radioterapias. Entonces yo le pregunté cuál era la mejor opción, a lo que me respondió que él se inclinaba por la cuadrectomía para checar hasta qué nivel se había expandido, y dependiendo del resultado, tomar o no sesiones de quimioterapia.

La espera fue larga y la segunda intervención fue en mayo. Cuando tuvieron los resultados me dijo que todo estaba totalmente erradicado y que no sería necesario ningún tipo de tratamiento, lo cual me tranquilizó muchísimo. Sabía que la había librado, pero como todo ser humano, siempre quiere escuchar opiniones de diferentes médicos para corroborar el dictamen. Pero al final la decisión debía tomarla yo misma, así que puse toda mi confianza en mi médico y en estarme checando periódicamente para evitar futuros "sustos".

La experiencia que me ha dejado todo esto, es que no cabe duda, que ninguna mujer estamos exentas a este tipo de problema, y que debemos estar siempre al pendiente de nuestro cuerpo, no tener miedo de tocarnos para darnos cuenta si todo está bien, y en cuanto notemos algo fuera de lugar acudir de inmediato al médico. El error más común que se comete en este tipo de situaciones es que se acude al ginecólogo, si éste es un buen médico te remitirá de inmediato a un oncólogo; pero de no ser así, puedes estar en riesgo de tener un cáncer avanzado.

Así que mi recomendación es una vez al mes, antes de la menstruación, tocarse los senos en un examen de autoexploración para así detectar a tiempo un mal que por desgracia se incrementa día con día en nuestro país. La edad no tiene nada que ver, anteriormente se decía erróneamente que si no tenías hijos, por eso daban quistes en los senos y podrían ser cancerígenos, lo cual no es verdad, es algo que aún no se sabe con exactitud, pero una revisión a tiempo puede ser la diferencia entre la vida o la muerte.

 



foto Alejandra de Cima
Edad de Diagnóstico: 30 años

 

Yo, como todas las mujeres que hemos pasado por un Cáncer de Mama, nunca pensé que ése era mi problema. Así lo reiteró mi ginecólogo, que cuando le comenté de la bolita que sentía en el pecho me dijo que me quedara tranquila: "a ti no te puede pasar eso, estás muy chica".

Pero la intuición femenina no me dejó quedarme con los brazos cruzados e insistí... Afortunadamente. Siete meses después me dieron la noticia. "es cáncer y muy probablemente, por seguridad y por estética, hay que quitar los dos pechos. Hoy sabemos que la tumorectomía no funciona, por lo que tendremos que irnos por la cirugía radical". Por supuesto, nunca volví a saber nada de mi médico. Su incapacidad profesional no le permitió verme a la cara de nuevo.

Empecé a llorar al darme cuenta de lo que acababa de escuchar. Para mí la palabra cáncer iba pegada al término "muerte". Me concedí entonces sólo tres años de existencia. En unos segundos se me vino mi vida a la mente: 30 años, recién casada, con planes de ser mamá en un futuro cercano; tres años no me servían de nada.

Sin poder aceptar esta nueva realidad regresé del médico y me fui a mi casa a seguir llorando, no quería ver a nadie, sólo ansiaba echarme a dormir. Esa noche vino toda la familia a acompañarnos –a mi esposo y a mí. Intenté ser muy fuerte pero después de un rato no pude más y me fui a mi cuarto. Él subió y me dijo muy serio: "llora todo lo que tengas que llorar hoy, porque desde mañana vamos para adelante, a enfrentar y luchar contra la enfermedad hasta vencerla".

A la mañana siguiente todo estaba listo para partir a St. Louis Missouri, en Estados Unidos, donde mi médico familiar organizó reuniones con un equipo de oncólogos, psicólogos, cirujanos, etcétera. Diez días más adelante me practicaron la segunda intervención quirúrgica con el fin de quitar el resto del tumor (lo que quedó después de la biopsia) y analizar los ganglios para saber si el cáncer se había pasado al sistema linfático. No hay palabras para describir el miedo y la angustia que sentí ese tiempo. Por supuesto que antes de salir de México dejé por escrito cómo quería repartir lo que me pertenecía; estaba preparada para todo.

Llegó un momento –tres días después de la tremenda noticia– en que lo único que no soportaba era la idea de dejar a mi esposo viudo tan pronto. No quería ser yo la causa de otro sufrimiento para él, yo ya había vivido 30 años de la mejor manera: he hecho todo lo que quise, estado con quien había querido estar, estudiado lo que me gustaba y vivido donde elegí. Todo esto... y, por supuesto, no haber tenido hijos. La operación salió muy bien y en menos de una semana –sólo cinco días– nos entregaron los resultados: los ganglios no estaban infectados –mi mayor preocupación. Pero los tejidos de los márgenes sí dieron positivos al cáncer por lo que hubo necesidad de intervenirme por tercera ocasión, y en ésta, limpiarlos a profundidad.

No me importó entrar al quirófano de nuevo, todo lo contrario, fui feliz de la vida –era lo de menos. Salí con el peor dolor que he sentido en mi vida. "Clasifícalo del uno al diez", me decía la enfermera: "diez", era mi respuesta. Otros cinco días de espera para tener los últimos estudios. Todo estaba limpio. Ya era una persona normal y el seno se salvó.

Definimos cuál sería mi tratamiento; elegimos entre quimioterapia y hormonoterapia. La radiación era obligada, porque la cirugía fue conservadora. Me decidí por la hormonoterapia –ya que si me daban quimioterapia corría el riesgo de quedar estéril. Pensé afrontarlo con la mejor de las caras y me corté el pelo chiquitito, adelantándome a su caída inminente con ese tipo de tratamientos. Pensé, también, que lo peor ya había pasado. La vida es muy irónica y creo –como me lo dijo mi doctora– que de no haberme cortado el pelo, sí me hubieran tenido que dar quimioterapia.

Pasaron otros quince días y empecé el tratamiento de radioterapia, todavía con un dolor horrible en el brazo. Sufrí cada vez que me metí a la máquina de las radiaciones, por la posición en la que debía mantenerme. Me dolía mucho, pero no estaba dispuesta a aplazar el inicio del tratamiento por nada del mundo. Quería empezar para terminar.

Los doctores me dijeron: "vas a sentirte muy cansada, a dormir más que de costumbre, a enflacar, la piel se te va a quemar y tu conteo de glóbulos rojos bajará de manera considerable". A seis semanas de que empecé, yo no estaba cansada, no dormía más que de costumbre, sólo había enflacado un kilo, la piel estaba ligeramente mas café de un lado que del otro y mi conteo de glóbulos rojos era exactamente el mismo que la semana número uno. Todo se lo debo a la actitud que tomé… a pesar de tener todo el derecho de echarme en una cama y no levantarme hasta que el tratamiento terminara (o, seguirle así de por vida). Pero decidí no permitírmelo y llevar una vida lo más normal posible. Diario me levantaba a las siete para caminar cinco kilómetros y así empezar la jornada.

Ya de regreso en México me agobiaba una angustia inexplicable. Cada que veía a alguien conocido me daba taquicardia, no soportaba la idea de que me tuvieran lástima pero tampoco quería que pretendieran que nada sucedió. Hubo quien, sin decir más, me habló para invitarme a comer y platicar (como si me hubiera ido de viaje tres meses). Todavía peor, hubo quien ni siquiera habló.

Cada tres meses me hago mis revisiones y una angustia enorme y mucho miedo a la recurrencia continúan conmigo. Supongo que este miedo disminuirá con el tiempo. Mientras tanto, aprendí a vivir día a día y a sacar lo mejor de cada uno. Me convertí en una persona directa que hace lo que siente correcto, está con quiere estar y goza cada minuto.

Por otra parte, arranqué con un proyecto muy ambicioso: la Asociación Mexicana contra el Cáncer de Mama; Fundación Cim*ab, que tiene como objetivo principal informar a la gente acerca de los métodos de prevención. Creo que mi misión en la vida está más clara que nunca y no pienso desaprovechar la oportunidad de haberla identificado. Voy a hacer algo por las mujeres de México que enfrentan lo mismo que yo.



Ana Corcuera
Edad de Diagnóstico: 48 años

 

Soy una mujer de 52 años. Me dio cáncer hace 4 años, justo cuando mi hija me había avisado que se iba a casar. La noticia me angustió terriblemente. Quería detener el tiempo para que en la boda de mi niña, aún conservara el pelo. No estaba pensando sólo en mí, sino también en ella. No quería que recordara en ese día tan especial para toda mujer, a una madre frágil y visiblemente deteriorada ante los estragos de la quimioterapia. Necesitaba contar con la fortaleza suficiente para ayudarla en sus preparativos. Pero el tiempo no se detuvo porque yo tenía cáncer y la vida siguió junto con la ilusión de mi hija de unir su vida con el hombre de su vida.

Pasé mis quimioterapias, seis de una, dos de otras… dentro de todo creo que me fue bastante bien. Los malestares que tuve como consecuencia del tratamiento fueron bastante "aceptables" y mantuve la fortaleza que siempre deseé tener. De las cosas que más me costaron trabajo fue la pérdida de mi pelo. En un principio le daba la espalda al espejo para no ver reflejada mi nueva realidad. Tiempo después lo recuperé y me sometí a una cirugía reconstructiva.

Dos años más tarde, me encontré otra bolita, a flor de piel. El miedo a la reincidencia se había hecho presente. Como no había quedado conforme con mi cirugía reconstructiva porque me habían dejado un pecho 30% más grande que el otro y se me notaba mucho, aproveché para quitarme la "bolita" y cambiarme la prótesis. Como tenía miedo de que el cáncer volviera a mi vida, le pedí a mi oncólogo cirujano que estuviera presente el día de la operación y aunque me prometió que ahí estaría, nunca llegó.

La impaciencia por conocer los resultados del análisis de la "bolita" me estaba consumiendo y como no obtenía respuestas debido a que se cruzaban días festivos, tuve que insistir para que me los dieran por teléfono. La sorpresa fue devastadora cuando me anunciaron que el resultado era "positivo". La noticia me causó una gran inseguridad, me sentí víctima de un descuido médico, estaba aterrada ante la posibilidad que el cáncer se hubiera ramificado y que la muerte me estuviera rondando.

La primera vez, la esperanza era una gran luz. En esta ocasión todo parecía tan desolado, tan gris. Ya nada era nuevo, ni las sensaciones, ni las expectativas, ni la misma enfermedad. Sólo de pensar de nuevo en la quimioterapia me ponía mal. No sabía cómo iba a reaccionar mi cuerpo ahora, ya estaba desgastado por las sesiones anteriores, yo ya estaba consciente del desgaste físico y emocional que conlleva un cáncer porque lo había vivido en carne propia. Tal vez por eso me costó tanto trabajo aceptarlo de nuevo. Ya sabía a lo que iba y tenía miedo de no poder nunca erradicar la enfermedad.

En la primera me la pasé en mi casa, me dejé apapachar, me cuidé mucho, todo el mundo estaba pendiente de mí. La segunda vez lo viví todo de distinta manera. Empecé a trabajar, mi hija ya estaba casada, y los otros dos tenían sus actividades de la universidad y el trabajo. Necesitaba encontrarle un sentido a mi vida porque la decepción era enorme. Yo sentía que había librado honrosamente el cáncer, pero no era así.

Me fui a los Estados Unidos, donde me quitaron la prótesis y me "limpiaron" toda la zona afectada. Me informaron que tenía que someterme de nuevo a quimioterapia y también a radioterapia. Este tratamiento era peor que el de la primera vez. Sentí mucha rabia, estaba enojada con mis doctores y mucho… Mi enojo no era con la vida, no, sino con ellos. Pero decidí que en lugar de gastar mi energía en quejarme, en cuestionarme "¿por qué a mí?", lo mejor era echarle ganas y salir adelante.

Eso me había tocado, como desafortunadamente le ha tocado a muchas. Mi mamá había muerto de cáncer de páncreas. Ella era una persona a la que no le gustaba comunicar sus preocupaciones para proteger a lo demás, y creo que por eso yo decidí actuar de diferente manera. Yo prefiero sacar y platicar todo lo que me ocurre; me gusta y acepto el apapacho de los demás. Ahora que he estado yendo a terapia por insistencia de mi hermana, he tomado conciencia de muchas cosas que me han ayudado a cambiar de actitud. Creo que conozco mucho más de la vida, soy mucho más luchona y optimista. Hoy sé cuántas personas me quieren y su cariño no lo cambio por nada.

Creí que con el sufrimiento que experimenté la primera vez había sido suficiente, pero la reincidencia me vino a demostrar que no era así. A pesar de todo, también aprendí muchas cosas en esta ocasión. Volví a sentir la compañía, el amor y el apoyo de mi marido, mis hijos, de mis hermanos y de mis amigos, y eso me hizo sentir muy bien otra vez. Por supuesto que hubo momentos dolorosísimos. Pensaba que por lo menos el cáncer había llegado a mi vida cuando ya estaba "crecidita" y no cuando mis hijos dependían al 100% de mí. Aunque debo confesar que en este tipo de cáncer a cualquier edad duele. Como mujer, la pérdida de una parte de tu feminidad es muy frustrante. Aprendí a vivir con la intranquilidad, aceptando que siempre existe el riesgo de que exista una celulita cancerosa dormida en tu cuerpo.

En proceso del cáncer me hizo una mujer más segura de mí misma, con más fortaleza. Me valoro por ser lo que soy, acepto y recibo con alegría el cariño de la gente. Cuando mencioné que en la reincidencia ya estaba trabajando, debo reconocer que llegó como caído del cielo. Yo no lo fui a buscar, él llegó a encontrarme a mí cuando más lo necesitaba.

El dedicarme a bienes y raíces me hizo conocer el éxito profesional. Antes sólo me dedicaba a mi casa, a mis hijos; de vez en cuando tomaba cursos, pero me sobraba tiempo, tiempo desperdiciado en nada. Hoy soy tan feliz con mis dos socias maravillosas y un empleo que me hace sentirme útil y productiva. Soy afortunada porque a pesar de mi inexperiencia logré destacar. Creo que tengo carisma para las ventas y lo descubrí justo a tiempo. No me puedo quejar tampoco. También en esta ocasión salí airosa de los efectos de las quimios y las radioterapias. Eso me hace suponer que soy bastante sana, aunque en estas circunstancias resulte contradictorio mencionarlo.

Las quimioterapias me las realicé en México, pero las radioterapias las tomé en Houston. Durante esos dos meses estuve siempre acompañada de la familia y gracias a eso me la pasé como de vacaciones. Ahora ya nada se me atora. Ya no permito que decidan por mí. Soy una mujer fuerte y luchona. Tuve la suerte en las dos ocasiones de haber detectado la enfermedad a tiempo.

Tengo una prima que hace 20 años, fue víctima también del cáncer. Decidí seguir sus pasos poniéndome en las manos de los mismos doctores que ella: se convirtió en una especie de hada madrina para mí. Sé que ella sufrió muchísimo y tuvo fuertes efectos secundarios debido a las quimioterapias, pero aún así y superando el mal sabor de boca, me acompañaba en algunos de mis tratamientos.

A veces siento que la gente me ve y dice: "ay pobre, tuvo cáncer" y no me gusta inspirar lástima. Sé que con el linfedema que me dio en el brazo, se nota más que tuve cáncer. Pero yo no me siento enferma, así que a veces hasta miento y me preguntan ¡¿qué te pasó en el brazo?! Les digo que me lo torcí o alguna otra explicación absurda.

Actualmente sigo con chequeos periódicos. A veces me he llegado a asustar cuando me dicen que tengo la antígena alta. La antígena es un análisis de sangre que cuando se sale de los parámetros funciona como una alerta de reincidencia, y hay que checar el porqué se ha salido de control. Como verán, nada es seguro, pero aquí estoy dispuesta a seguir luchando por mi salud y por mi vida las veces que sea necesario.


foto Anabella Gavica

 

Me descubrí el tumor en la mama izquierda haciéndome una autoexploración. Ese mismo día acudí a realizarme el estudio de mastografía con una mezcla de miedo mortal y de esperanza de que "nada estaba pasando". No le comenté nada a mi familia hasta que mi ginecólogo vio el estudio y recomendó una biopsia.

En el tiempo de espera de los resultados, me recuerdo negociando con Dios, prometiéndole a cambio de seguir sana todo lo imaginable. Pero de pronto comprendí lo absurdo de mi negociación, porque Él no envía las enfermedades, ni otros males, ya que Él nos ama incondicionalmente a pesar de nuestras enormes deudas y debilidades. Lo que sí estoy segura que nos manda Él es la fortaleza y la paz.

"Tiene usted un tumor canceroso y tenemos que operar pronto" fue el diagnóstico de mi médico. En ese momento mi vida saltó a otra dimensión, ya no era la persona invulnerable de antes, se alteró mi seguridad. Fue muy difícil comunicarle a mi familia que tenía cáncer. Verlos sufrir por mi situación me causó mucho dolor e impotencia. Pero luego, al ver su fortaleza, yo también me sentí fuerte para salir adelante.

Nunca me había sentido tan vulnerable. Creo que las decisiones que tomé en el proceso, eran las que más me convenían. Estuve en manos de excelentes médicos, me trataron muy bien en el hospital y el tratamiento fue el más adecuado para mí. Mi cirugía fue una mastografía radical. También tuve sesiones de quimioterapia y radioterapia, las cuales tomé en Culiacán.

Seis meses duró el tratamiento, y en todo ese tiempo me sentí tranquila, serena. Tuve algunos trastornos, pero en general me fue bien. No dejé de trabajar en el proceso y creo que eso fue una gran terapia. Saber que perdería el pelo era algo muy amenazador para mí, me preocupaba mi reacción cuando esto sucediera, pero una amiga que había pasado por una experiencia similar me sugirió que me rapara y así lo hice. En ese momento, créanme que me sentí muy feliz.

Los médicos me decían que mi tratamiento era de carácter preventivo y como ellos me inspiraban una gran confianza, mi fe no se quebrantó. Los médicos me habían "garantizado" que habían quitado el cáncer de mi cuerpo y eso me daba mucha tranquilidad.

Siempre me consideré a salvo de padecer cáncer, creía que le daba a otros pero no a mí. Fui afectada por esta enfermedad, pero mi vida recibió también una nueva oportunidad: tomar conciencia de nuestro universo y del amor de los que nos rodean para vivir feliz día por día. Todo el tiempo estoy agradecida. A través de las personas siento la presencia de Dios, siento que me ama, y quiero devolver ese amor cada momento de mi vida.


foto Bertha Aguilar
Edad de Diagnóstico: 30 años

 

Yo tenía 30 años cuando me detectaron cáncer de mama. Mi hija, seis meses, y mi hijo dos años.

Un día, después de practicar natación y mientras me untaba crema, me descubrí una bolita muy chiquita debajo del seno izquierdo, pero nunca me preocupé porque, como estaba amamantando, creí que se trataba de un residuo de leche. A pesar de eso quise notificárselo a mi ginecólogo, y él me pidió que fuera verlo a su consultorio. Al llegar a la revisión el médico no puso la cara que yo esperaba, entonces me alarmé. Me mandó a hacer una mastografía y ahí empezaron una serie de estudios y análisis.

Ahora que tengo tiempo de analizar la situación, me pregunto: ¿cómo es posible que durante nueve meses en que acudí al médico debido a mi embarazo, no se hayan dado cuenta que, mientras gestaba una vida, también gestaba un cáncer?

La detección de un tumor en el seno me llevó a una cirugía. Pero al extirparlo resultó que aquello que parecía del tamaño de un chícharo, era en realidad un tumor cancerígeno del tamaño de una pelota (siete centímetros aproximadamente). No me dijeron nada, había que mandar el tumor a Patología para tener un diagnóstico certero. Después de quince días, la noticia no se hizo esperar. Recuerdo perfectamente que mis papás y mi marido me acompañaron a la consulta, porque me iban a quitar los puntos. Su presencia, sus rostros desencajados y ese escalofriante silencio me dijeron más que mil palabras. La angustia empezó a apoderarse de mí...

Tuve que someterme de nuevo a una cirugía en la cual me quitaron el seno completo; esto no fue nada fácil de asimilar ni de aceptar. Pero no tenía alternativa, mi vida estaba en riesgo. La muerte me estaba rondando y yo no quería ni podía abandonar a mis hijos, y mucho menos a esa edad. Mi marido, Fernando, ya había sufrido la muerte de su mamá, y yo me cuestionaba: “Qué triste, todas las mujeres que quiere se le petatean”.

Yo siempre pensé que había hecho las cosas “bien”: dejé de trabajar cuando nacieron mis hijos para dedicarme en cuerpo y alma a ellos, no me importaba en lo absoluto la estética de mi cuerpo con tal de amamantarlos y sentirlos muy cerca de mí... ¿¡Qué hice mal!? Sinceramente, me lo cuestioné muchas veces. Pero todo sucedía tan rápido que ya no tuve mucho tiempo para pensar en eso. No sólo tenía que atender mi enfermedad, sino a dos niños que me necesitaban de tiempo completo y que no imaginaban que me debatía entre la vida y la muerte.

Al despertar de la anestesia me di cuenta de que estaba viva y al lado de mi esposo. Me sorprendió la cantidad de arreglos florales que había en mi habitación. Creo que ni cuando nacieron mis hijos me sentí tan querida, tan mimada y tan halagada por el amor que había sembrado. Pero aún no acababa el trago amargo, todavía me faltaba armarme de valor para cuando llegara la hora de ver mi cicatriz y confrontarme con mi nueva realidad. Verme mutilada, engrapada, sin poder mover el brazo... fue una terrible experiencia.

Una vez pasada la impresión, no me dejé vencer y le eché muchas ganas a mi recuperación. Me pusieron un catéter arriba del pecho e inicié mi primera quimioterapia en la total ignorancia. Debo reconocer que el primer día lo manejé muy mal. No estaba dispuesta a que un veneno entrara a mi cuerpo. Yo siempre había cuidado mi salud, nunca me había metido nada que me hiciera daño, y en ese momento me rebelé y estaba dispuesta a todo antes de permitir que mi cuerpo se llenara de toxinas. La verdad es que tenía pánico, estaba aterrada y no sabía cómo enfrentarlo. Finalmente me tranquilicé y decidí cooperar. No resultó tan dramático como yo esperaba: había malestar, a veces más a veces menos, pero no dolor y era tolerable.

Mis quimioterapias duraban cinco días cada tres semanas y fueron ocho sesiones. La angustia era inevitable. Mi tía materna y mi prima habían muerto de cáncer de mama siendo aún jóvenes. La esperanza de que mi suerte fuera distinta a la de ellas era un estímulo para aceptar el tratamiento.

Recuerdo que al terminar cada sesión, me asomaba a la cuna de Renta y la emoción me ganaba. Necesitaba vivir para mi familia. Santiago, que corría por todos lados, sabía que su mamá estaba enferma y que no podía jugar mucho con él. Fueron momentos muy difíciles para mí y supongo que también para ellos, que a su corta edad no alcanzaban a comprender la magnitud de mi enfermedad.

En un principio fui muy obediente e hice todo lo que los médicos me dijeron que tenía que hacer. Evitar los lugares públicos, aglomerados, llevar una vida reposada... Pero esa vida me estaba matando más que el cáncer, así que decidí dejar de lamentarme de mi suerte y empecé a vivir como si nada hubiera pasado. Salía en lugar de quedarme encerrada, a pesar de lo que dijeran los médicos y opté por recuperar mi gran pasión, que es la natación y el deporte.

Tuve que armarme de valor para llegar a la alberca con un pecho mutilado y sin nada de cabello. Pero al dar la primera brazada y sentir la fuerza del agua contra mi cuerpo, comprendí que si lograba hacer eso, la vida todavía podía sorprenderme y tenía mucho que ofrecerme.

Una pérdida importante para mí fue la caída de mi cabello. En el fondo albergaba la esperanza de que “a mí no se me va a caer”, pero la vida se encargó de demostrarme lo contrario. Cansada de ver cómo dejaba pelos por todas partes, le pedí a Fer, mi esposo, que me ayudara a raparme. Él, con todo su amor y dedicación, me puso crema de rasurar y se dio a la tarea de acabar con mi cabellera, mientras yo no podía dejar de llorar. Intenté usar pelucas, pero me sentía como “La usurpadora”, no era yo, y opté por aceptar a la Bertha de ese momento tal y como era, así que sólo me protegía con gorros o paliacates.

La vida siguió y yo junto con ella. Algo que aún añoro y que quizá lo haré toda la vida, fue el contacto físico y cercano con mi pequeña Renata, en un tiempo donde ella necesitaba los brazos de mamá y yo sentirla en los míos para guiarla, para protegerla, para apapacharla, simplemente para amarla. Pero la condiciones de mi brazo no me lo permitieron. Para estar cerca de ella tenía que hincarme, así como para cambiarla, para darle de comer; para jugar con ella... A pesar del tiempo, cuando veo un bebé tengo la necesidad de cargarlo; es imperiosa en mí y envidio a las personas que pueden hacerlo sin miramientos.

Fui muy abierta. Desde el principio le dije a todo el mundo que tenía cáncer y que había perdido un seno. Una de las cosas que más me impactaron fue la cara de mi hijo Santiago al meterse a la regadera y ver que su mamá no tenía un pecho. Aún no sé, y quizá nunca sepa, la impresión con la que él se quedó. Me dijo “¡Mami... no tienes una bubi!”. Él me había visto amamantar a su hermana y sabía perfectamente que los pechos se dan en pares. Inocentemente, me preguntó: “¿Y vas a regresar?”. Le contesté que tal vez, por si algún día decidía reconstruirme.

Me queda claro que Santi tardó en digerirlo ya que al ver a una mujer le preguntaba: “¿Tú tienes dos bubis o una como mi mamá?”. Así que aprendí a manejar mi nueva realidad: mi prótesis se convirtió, en muchas ocasiones, en un juguete para mis hijos y pasó a ser un elemento más de mi persona.

Pasé por muchas etapas. A veces estaba muy enojada, admito que tenía rabia o coraje, no lo sé, y tuve que trabajar mucho sobre eso. Pero en mi convicción de salir adelante airosamente de este proceso, me inscribí a una competencia de natación y crucé la bahía de Acapulco. Creo que lo que necesitaba era un objetivo de vida, y en contra de lo que los médicos y hasta mis papás opinaban al respecto, terminé la competencia de natación y crucé la bahía de Acapulco y llegué a la meta para recibir mi medalla. Me dio un poco de vergüenza salir del agua, ya que no usé prótesis por miedo a que se quedara en el fondo del mar. Me cansé muchísimo pero fue un cansancio que disfruté, me había demostrado que era capaz de lograr las metas que me propusiera a pesar de ser una mujer con cáncer.

Tener cáncer me cambió la vida. Hay cierto temor cada vez que se acercan las revisiones. Saber que te puedes morir a los 30 años te llena de tristeza, hasta que te cae el veinte de que no es que te hayas portado bien o mal, sino que la enfermedad es parte de la vida, y yo no estaba exenta de ello.

Fui muy fuerte, pero eso no quiere decir que no pasé por momentos llenos de depresión. Creo que la más fuerte fue cuando ya había pasado por todo el tratamiento para combatir el cáncer: empezaba a aceptar mi nueva realidad y de pronto me sentí muy mal. Fui al médico y me dijo que estaba embarazada. Me puse feliz, creí que la vida me estaba premiando, pero resultó un embarazo extrauterino y perdí al bebé. Otra vez volví a sentir enojo con la vida, con Dios.... Ya no tenía fuerzas para más pérdidas, volví a sentir miedo a la muerte y más en la época navideña cuando la gente festejaba el aniversario del nacimiento de Jesús y yo le decía adiós a mi bebé... Me llovía sobre mojado...

Finalmente lloré todo lo que no había podido llorar, no sé si por falta de tiempo o por no desmoronarme y conservar la fortaleza. Mi familia aguantó con estoicismo toda mi mala vibra. Pero afortunadamente sobrevivimos con éxito y fue cuando entendí que tenía derecho a vivir el duelo, a llorar mi pérdida, que la posibilidad de abandonar esta vida, a mis papás a mi Fer y a mis hijos me había asustado muchísimo. Por fin me di la oportunidad de sacar todo lo que me había guardado, todo el dolor y la tristeza que me había provocado el saber que tenía cáncer.

Días después me levanté y me puse unos tenis de corredor. La natación me parecía ahora un poco mecánica, y yo necesitaba nuevos retos. Correr era mi nueva meta. Empecé poco a poco, hasta llegar a los diez kilómetros. Y diez meses después estaba corriendo junto con mi marido el Maratón de Nueva York (42 kilómetros). Me dolía todo el cuerpo, pero la satisfacción era enorme. Cada pisada, cada kilómetro, se los dediqué a todos los días que no pude correr, por todos los días que mi cuerpo recibía veneno, por todas las lágrimas que derramé y derramaron mis seres queridos, pero sobre todo, por los que no se han dado cuenta de para qué sirve el cuerpo, la maravilla que es la naturaleza, el olor a mojado, la sensación del aire fresco rozando tu rostro, los rayos del sol reflejados en tu piel, la inmensidad de los árboles en el bosque, el vuelo de los pájaros en tu horizonte... En fin, el privilegio que es estar vivo.

Hoy valoro cada instante de mi vida, aunque no creo que necesitara de esta enfermedad para darme cuenta. Perdí la tranquilidad de vivir en la inconsciencia. Hoy el miedo es parte de mi vida y lucho por controlarlo, y aunque creo que he podido superarlo, está presente y permanentemente en mi existencia. El cáncer me robó de jalón esa alegría de vivir despreocupada. También se llevó mi seno, no he querido reconstruirme por miedo a que no quede bien, a que no lo sienta parte de mí y me provoque la misma sensación que la peluca. Claro que ahora, después de un proceso de aceptación, ya no me avergüenzo de mi cuerpo ni de mi pecho mutilado.

El nacimiento de la Fundación Cima, de la cual soy cofundadora, se convirtió en un compromiso con miles de mujeres que padecen o padecieron cáncer de mama como yo. Es un mensaje de optimismo, de actitud positiva, de testimonio de vida, para no dejarse vencer por la adversidad, y por si a alguna de ellas les sirven mis vivencias como un estímulo para convertirse en una sobreviviente de cáncer de mama, igual que yo.



Beatriz Gómez del Campo
Edad de Diagnóstico: 29 años

 

Me dio cáncer a los 29 años. A los 28 años fui con el ginecólogo porque tenía una bolita en el pecho que me molestaba al dormir. El médico me dijo que yo estaba muy chica y no le dio importancia. Me dijo que dejara de tomar refrescos de cola, café y chocolates. Ni siquiera me quería hacer estudios. Yo insistí porque mi abuela paterna había muerto de Cáncer de Mama. En el estudio no se vio nada maligno, aunque se hacía hincapié que si había herencia genética de cáncer, se me hicieran estudios más profundos; pero el médico hizo caso omiso de la notificación.

Pasó el tiempo y la bolita me seguía molestando, incluso ya me llegaba a doler y decidí que había que quitarla. Llegué con el mismo ginecólogo y accedió a mi petición. Me preguntó si quería que me la operara él o un cirujano plástico. Fui con el cirujano plástico y programó mi cirugía en base a mis planes de trabajo. No hubo exámenes más profundos, nunca se habló siquiera de la posibilidad de que la bolita fuera un tumor canceroso.

Al terminar la cirugía mi mamá sintió cierta preocupación y preguntó por la biopsia de la bolita, que resultó ser de un poco más de 7 cm. En ese momento no estaba el patólogo del hospital, así que lo pidió para llevarlo a un laboratorio de confianza. El hospital cometió el error al dividir el tumor en dos partes. Uno se lo dio a mi mamá para que lo mandara analizar, y el otro pedazo se quedó ahí y más tarde lo analizaron.

Al día siguiente voy al consultorio del doctor a curación y me sorprendió que el doctor insistiera en atenderme personalmente y no a través de un ayudante como me lo había indicado el día anterior. Yo iba con mi mamá y el médico nos dijo: "Te tengo una noticia buena y otra mala". "Dígame la mala" le pedí tranquilamente: "La mala es que tienes cáncer. La buena es que estamos a tiempo". Mi mamá y yo salimos rápidamente del consultorio del cirujano plástico y sin pensarlo demasiado fuimos a ver a la oncóloga Raquel Gerson, que era amiga de la familia.

Con una de las personas que me hubiera gustado compartir mi experiencia del cáncer es con mi abuela paterna. A ella le hubiera hecho muchas preguntas, ya que ella también había sido víctima de la misma enfermedad, pero ella murió 4 años antes de que a mí me lo detectaran.

La oncóloga pide los reportes escritos, los estudios. Estaba preocupada por la forma en que se había llevado a cabo la cirugía. Se tenía miedo de que el cáncer se hubiera expandido. Algunas amistades le sugerían a mi familia que me llevara a Estados Unidos, pero yo no quería irme de aquí. Fuera lo que fuera, quería pasarlo en familia y en mi país. La doctora Gerson me remite entonces a un médico de su entera confianza, el dr. Carlos Sánchez Basurto y éste me ofrece dos alternativas: la primera era operación parcial con radiaciones y quimioterapias; la segunda era mastectomía radical, con posibilidades de reconstrucción y sesiones de quimioterapia.

Me decidí por la segunda opción. Quería quitar de raíz toda malignidad que hubiera en mi cuerpo. Me sometí entonces a mi segunda cirugía y poco tiempo después iniciaron las sesiones de quimioterapia, con las que estaba familiarizada ya que una amiga de mi mamá las había tenido. Me colocaron un catéter para que por ahí se introdujera la quimio. Una enfermera iba a mi casa y ahí ya con el esquema establecido por mi doctora iniciaba la sesión. Me ponía una sustancia, y dejaba otras en refrigeración. Yo tenía que remplazarlas en cuanto se terminara la que traía puesta. Ese proceso duraba tres días, cada 21 días, durante 6 sesiones.

No me arrepentí de haber tomado la decisión de la segunda opción. Era más segura. Yo quería vivir y era muy joven. Pasé por todos los rezagos que representa la quimioterapia: caída de cabello, debilidad, cansancio, altibajos en el estado de ánimo, etc. Me mandé hacer una peluca pero nunca la usé, no me gustaba la sensación, así que me ponía gorras, mascadas y sombreros para salir.

En todo momento sentí el apoyo de mi familia y gracias a ellos puede llevar una vida normal en este lapso. Cuando podía iba a trabajar, les hablaba a mis alumnos de mi enfermedad, de mi tratamiento y si me querían ver pelona se los permitía. Era importante para mí que no se hiciera una relación entre el cáncer y la muerte, ya que no siempre es un sinónimo. Eso me sirvió mucho a salir adelante, ya que me mantuvo activa y ocupada. Y aunque me cambió mi ritmo de vida, pude sobrellevarlo airosamente. Fui muy fuerte, no me permití caerme. Prefería que me pasara a mí que a alguna de mis hermanas. Yo era fuerte para sobrellevarlo, pero era cobarde para el sufrimiento ajeno y sobre todo de mi gente querida. Poco tiempo después me sometí con éxito a la cirugía reconstructiva.

Yo era una mujer soltera, no tenía pareja cuando me descubrieron la enfermedad. Siete años después tengo una pareja sólida, una persona que me ama, que sabe de mi enfermedad, de mi prótesis y me acepta y me quiere tal y como soy ahora. En ningún momento me sentí en desventaja con otras mujeres, ni menos atractiva para los hombres por tener un seno postizo o por haber padecido cáncer. Mi valor radica en lo que soy internamente y en lo que reflejo.

Siempre me he aceptado tal y como soy. Viví lo que tenía que vivir, lo afronté y seguí adelante. Jamás renegué de mi destino, jamás me enojé con la vida… No me cuestioné "¿por qué a mí?" Porque tenía la respuesta "¡Y por qué no!". No tuve miedo de morir, no quería adelantarme a eventos que tal vez no llegarían. Prefería atenerme a los hechos.

No tengo miedo a la reincidencia y por supuesto que no lo quiero, pero hay que estar preparada por si sucede, ya que yo, como cualquier persona que haya o no tenido cáncer, estamos expuestos. Si vuelve, espero afrontarlo de la misma manera que lo manejé la primera vez. Amo la vida y lucharé siempre por ella hasta que Dios decida lo contrario. Mi familia fue, es y será siempre mi motor y mi apoyo incondicional. Es el mejor regalo para luchar por la vida y por ser feliz.


Betty Carregha
Edad de Diagnóstico: 37 años

 

Un sábado, a fines de noviembre de 1999, me sentí una bolita extraña en mi pecho derecho. Para el lunes ya estaba yo con mi ginecólogo, el Dr. Ricardo Asch, quien después de una revisión y ultrasonido me aseguró que no tenía nada de qué preocuparme. En febrero del 2000 regresé, pues la bolita seguía ahí, pero el médico volvió a asegurarme que no había motivo para alarmarme. Pero para mayo de ese mismo año, la bolita ya había crecido considerablemente y regresé con el ginecólogo con la idea de pedirle que me la quitara, ya que aunque "sabíamos" que no era maligna, ya me molestaba. Cuando el doctor volvió a revisarme me di cuenta por la cara que puso que las cosas no estaban tan bien como pensábamos. Me mandó de inmediato a hacerme una mamografía y a pedir la opinión de un oncólogo.

La sola idea de ir a ver un oncólogo, que existiera la posibilidad de tener cáncer, me aterrorizó. Pero el tener miedo no cambiaba las cosas, que hubieran sido diferentes si en lugar de esperar 6 meses para actuar, lo hubiéramos hecho de inmediato. El perder ese tiempo por un mal diagnóstico puso en altísimo riesgo mi vida, y eso aún me llena de rabia y de impotencia. ¡¿Qué le hubiera costado al ginecólogo cerciorarse de que mi bolita no era maligna?! ¿Por qué no me mandó a hacer los estudios antes? ¿Por qué no una biopsia? ¿Por qué no un poco más de humildad en su profesión? ¿Por qué asegurar con esa ligereza que en mi cuerpo no había nada maligno sin tener pruebas?

No se imaginan la tristeza que esto me ha provocado, el enorme coraje por no haber utilizado la avanzada tecnología que hoy existe para hacer un diagnóstico oportuno. Vivo en una gran metrópoli, atendida aparentemente por un médico competente, de prestigio y que cobra una fortuna por su consulta. No estaba yo en la selva, ni en medio de un pueblo olvidado por el mundo.

A fines de mayo me realizaron una mastectomía radical. El tumor, que cuando me lo detecté medía 1.2 cm. de diámetro, era ya de más de 4 cm. de diámetro, se había expandido hacia los ganglios de la axila y 4 de ellos estaban infectados. Me pregunto, ¿cuántas víctimas del cáncer como yo habrá, por un diagnóstico equivocado? ¿Cuantos niños pierden a sus madres? ¿Cuántas vidas se pierden? ¿Cuántas vidas se pierden por una enfermedad que es curable si es diagnosticada a tiempo?

La noche anterior a mi operación y después de darle las buenas noches a mis hijas, me quedé platicando con la menor, que en ese entonces tenía tres años. Le expliqué que me iba a ir de viaje por unos días. Mientras platicábamos, me tomó la cara con sus manitas y empezó a acariciarme y a darme muchos besitos. Lo hizo despacio, con calma, con suavidad. Mientras lo hacía, me decía que me quería mucho y luego dijo repetidas veces "es un milagro"… "es un milagro"… "es un milagro". En ese momento me sentí la mujer más amada del mundo y lloré en silencio. Ella seguía acariciándome, hablándome… No sé cuánto tiempo fue, perdí la noción, tal vez fue mucho o tal vez un instante, pero eso fue suficiente para darme la fortaleza que necesitaba para sentir el infinito amor de Dios.
Ese momento se quedó tatuado en mi alma, en mi corazón. Ha sido el mejor regalo que me hayan dado en la vida. Tan es así que hoy, ya pasado tanto tiempo, cuando me siento angustiada o preocupada, mi consuelo es cerrar los ojos y recordar ese momento.

Esa comunión con Dios a través de las palabras y el amor de mi hija es mi gran tesoro. Después de esa noche ya no me parecía imposible superar el trance tan difícil que representaba para mí el cáncer. Dios se convirtió en mi compañero en los días en que el pánico se apoderaba de mí, en la luz cuando las tinieblas no me dejaban ver, en la esperanza cuando todo era desasosiego. Creo que él me condujo con el médico apropiado para darme el tratamiento adecuado, no con el que yo quería ir, sino el que me radicara definitivamente el cáncer o al menos el que me diera mayor índice de no reincidencia.

Viajé con mi esposo a Dallas, Texas, ya que habíamos averiguado que ahí se encontraba una eminencia y un nuevo esquema para el Cáncer de Mama. Tuve que recortar mi economía y vender algunos bienes, ya que no tenía seguro de gastos médicos. Pero la prioridad de la familia era mi salud. El dinero pasaba a segundo término. Encontré en el doctor George Blumenschein un gran apoyo, me inspiró una gran confianza, pero sobre todo me ofreció una mano amiga: alguien a quien sí le preocupaba mi salud.

Me traté en México con la supervisión del Dr. Blumenschein. La precisión del médico era sorprendente. El pelo se me cayó exactamente el día que él me lo anunció. Y debo confesar que me costó mucho superar la caída del pelo, pero ofrecí la tristeza que esto me provocaba por las miles de personas, por los miles de niños que han pasado por esto en condiciones mucho más adversas y difíciles que las mías. Sé que el sufrimiento humano es enorme, y mi sufrimiento era una manera de acompañarlos.

Actualmente en mi vida todo es felicidad. Recobré la salud y reencontré a Dios. Ojalá que alguien que esté pasando lo que yo pasé, encuentre en Dios la luz, la paz y la fuerza que yo encontré en él. Gracias.


Claudia Beatriz Figueroa de Terán
Edad de Diagnóstico: 28 años

 

Queridas amigas, por medio de la presente quisiera externar mi experiencia que tuve con esta enfermedad, la cual es la siguiente: A la edad de 28 años me detectaron cáncer de seno, la verdad es una noticia desgarradora, no lo podía creer.

Lo primero que hice fue tomar un crucifijo que tenía en mi recámara; abracé a mi hijo de apenas 2 años y a mi esposo, comenzamos a rezar y me aferré a ellos y desde ahí empecé a luchar por mi vida. Primero se dio el proceso de no poder creer lo que me estaba sucediendo; segundo, el de asimilación; y por último, el de aceptación.

Una vez que pasé estas etapas, las cuales viví en pocos días, tuve que dar parte a mi familia.

Para mí fue muy difícil sobrellevar esta enfermedad, ya que me encontraba lejos de ellos; pero con la ayuda de Dios, de mi oncólogo, mi esposo y mi hijo salí adelante.

Claro que, aunque lejos, también siempre fue muy importante el apoyo que me dieron desde lejos y todas sus oraciones; y créanme que aunque estaba lejos me llegaban todas sus bendiciones, el poder de la oración es grande y aquí lo estoy demostrando.

Soy de Hermosillo, Sonora; pero cuando viví todos esto estaba en la Cd. De Mexicali B.C., por cuestiones de trabajo de mi esposo. Al momento que no estás con tus familiares (léase papás, hermanos, tíos, etc.), no te puedes acobardar y sacas fuerzas de donde sea. Recuerdo mucho cuando me llamaban por teléfono y me preguntaban
¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes?, mis respuestas siempre fueron positivas; aunque me sintiera mal tiene mucho que ver la actitud que tomes a esta enfermedad.

Siempre sean positivas, mi oncólogo siempre me dice que me ayudó mucho la actitud que yo tomé con respecto a ésta enfermedad; me sentía muy mal de verdad, y mis respuestas siempre fueron ¡Estoy muy bien!, aunque al colgar el teléfono me soltara llorando. Cómo no recordar aquel día nefasto que me dijeron "Te tenemos que quitar el seno izquierdo, te vamos a dar un tratamiento de quimioterapias, vas a perder tu cabello".

Imagínense tantas noticias juntas, sólo respondí "Quítenme los dos senos, yo quiero seguir viviendo por mi hijo, no es hora de irme. Hay mucha gente que todavía me necesita". Gracias a Dios, sólo fue necesario uno solo, pero después vino la caída del cabello.

Como mujer me sentía horrible, creía que mi esposo no me iba a querer, sin seno, sin cabello, sin cejas ni pestañas, imagínense. Pero me ha demostrado una y mil veces que una persona vale por lo que trae dentro de su alma y su corazón, y no por lo de afuera. Así que cuida tu interior, es lo más valioso que tienes; que al haber tenido esta enfermedad y haberla vencido te hace ser una persona súper especial. Así que aprendí a vivir sin cabello y sin seno, el primero salió terminando los tratamientos y el segundo tiene arreglo con una cirugía.

Así que amigas, todo en esta vida tiene solución, hay que tener mucha fe y aferrarse a la vida para luchar por ella, reza, hagan mucha oración, que Dios nuestro Señor sea tu compañero para toda tu vida, tómate de su mano y verás que las penas son menos pesadas.

En los 6 meses de tratamiento, tenía días buenos y malos, más buenos que malos pero tuve a mi lado un ángel de la guarda, mi hermana Ana Celia fue mi amiga, hermana, confidente, enfermera; me ayudó a sobrellevar esta enfermedad con mucha valentía.

Gracias a Dios me tocó un esposo que hasta la fecha me ha dado todo su amor, entrega y dedicación. Ha sabido tener mucha paciencia; de hecho, cuando estaba enfermita supo esperar y no presionarme; por lo mismo del tratamiento tu sexualidad e intimidad se ve afectada, es un gran hombre.

Todo este tiempo estuve atendida por un excelente médico oncólogo el Dr. Homero Fuentes, y gracias a Dios y a él estoy viva. Como les mencionaba anteriormente, padecer cáncer de seno no es nada fácil, pero no te dejes vencer.

Como mujeres que somos tenemos que demostrar la valentía y el amor por la vida. Yo no me dejé vencer, había días que decía "Mañana no amanezco", pero veía a mi esposo e hijo y ellos me daban las fuerzas para seguir adelante.

Soy la más pequeña de una familia de 6 hermanos, siempre estuve muy apegada a mis papás, y al vivir esta experiencia tuve que madurar, y la verdad ni yo misma sabía lo fuerte que era. Actualmente soy una mujer llena de vida, disfruto mucho todo lo que hago, tengo 32 años y a mi lado están mi esposo, mi hijo y una gran familia.

Por ellos estoy luchando día a día, para ser mejor ser humano.
Ánimo amigas, el Cáncer de Seno, detectado a tiempo es curable. No se dejen vencer, que cada día que pase venzan una batalla, porque al final está la victoria de ganarle la guerra a esta terrible enfermedad. Aférrense a Dios, a la vida y a su familia y saldrán airosas.

De acuerdo a mi oncólogo, el próximo mes de Diciembre se cumplen 5 años de mi última quimioterapia, tiempo en el cual me he realizado diferentes análisis, y a Dios gracias éstos demuestran que estoy completamente limpia de esta enfermedad.

Gracias Señor por esta oportunidad que me estás dando.

Atentamente
Claudia Beatriz Figueroa de Terán


as Claudia Santillana
Edad de Diagnóstico: 28 años
 

Mi nombre es Claudia, tengo 29 años. Todo comenzó hace poco más de un año, en un día cualquiera de un mes cualquiera me detecté una bolita en el seno. Me preocupé porque había oído hablar del Cáncer de mama; pero por otro lado, algo me decía que no era eso lo que yo iba a tener, estaba tan joven, tan llena de vida, que ¿cómo me podría dar "eso"? Me intervinieron quirúrgicamente y resultó que era un tumor benigno, llamado "Marcador de Riesgo", algo que, según me explicó el doctor, es un aviso de que probablemente pudiera darme cáncer en el seno, pero dentro de mí pensaba "Bueno, eso si es que me llega a dar será en muchísimos años y no creo que me dé."

Así que todo quedó hasta ahí, en una simple operación de la cual me recuperé en unos días: y después seguí llevando la vida alocada que desde mi adolescencia había llevado: alcohol, tabaco, fiestas, desveladas, etc. Yo me sentí la omnipotente, la que todo lo podía controlar, la que a mí no me pasaba nada, me sentía la más bella, la más digna de todo el universo. Así pasaron los meses, hasta que en Diciembre del 2002, ya cumplidos mis 29 años en Octubre, me detecté una bolita nueva en el mismo seno izquierdo. Ahora sí que me asusté, saqué cita inmediatamente con mi doctor, que es oncólogo (por cierto qué alarmante es para nosotras las mujeres ir a ver a un oncólogo, nunca está en nuestros planes ir a visitar uno en nuestras vidas), y el doctor me dijo que no me inquietara, que probablemente era parte de la cicatrización de mi cirugía anterior; así que me seguí divirtiendo en la Navidad, me fui de viaje, seguía fumando (y ahí seguía algo dentro de mí, silencioso y expectante) y total, que después sentí que esta "bolita" me había crecido, aunque su tamaño era muy pequeño; por lo mismo yo pensaba "¿Qué me puede hacer esta mini-bolita a mí? Volví a ir con el oncólogo y éste se alarmó, inmediatamente me hizo una biopsia en su consultorio (la cual he de confesar que me dolió tremendamente), y a partir de ahí empezó el calvario. A los pocos días fui a recoger los resultados con el doctor y éste, muy serio y solemne, nos miró a mi hermana y a mí, que en ese momento me acompañaba, respiró hondo y dijo "Tengo malas noticias, el resultado de la biopsia muestra que tienes cáncer" "¿Qué, cómo, yo?"

Sí, era yo la que tenía Cáncer; así, tan rápido lo supe y se me agolparon mil cosas a la cabeza: ¿me iría a morir? ¿y mi familia? ¿y mi novio?, estaba por casarme en unos meses, por titularme al igual en unos meses, ¿y mi vida? Me sentí morir, creí que el mundo me aplastaba sin piedad, no había más fe en mi vida, ni más Dios al cual rezarle, todo era tan cruel.

Pero había que respirar hondo y empezar a atacar el problema; en primer lugar me operarían de inmediato, el tipo de operación a la que me sometí se llama "Cuadrantectomía"; es decir, te quitan un cuadrante del seno. Lo peor de todo es que yo no sabía que me harían esa operación; hasta ya recuperada de la misma, me quité las vendas y muy sorprendida me di cuenta de que mi seno no era el mismo, estaba desfigurado y se veía muy mal, pero ahí estaba; sin embargo fue un shock verlo de esa manera, gracias a Dios a la fecha que relato esto, tres meses después, el seno poco a poco ha ido adquiriendo su apariencia normal; aunque físicamente no se ve igual. Pensé que hasta ahí habría acabado todo, que sería como la vez pasada, que pronto saldría de ahí para seguir con mi vida, con mi novio, con mis planes de casarme, con mi tesis, con mi trabajo, etc., pero no.

Los resultados del tumor que me quitaron en la operación resultaron ser más malignos de lo que se creía. El Cáncer ya había avanzado hasta los ganglios linfáticos y habría que operar una vez más, para extraer estos mismos ganglios. Finalmente me operaron por segunda vez, me quitaron los ganglios y los mandaron a analizar, esta operación fue muy dolorosa para mí; además de que anímicamente me sentía devastada; aunque quiero recalcar que el apoyo de mi familia, de mi novio y de mis amigos y la ayuda de Dios, a quien acabo de reconocer y con el que acabo de reencontrarme han sido de gran ayuda.

Nuevamente creí que toda esa pesadilla, pasada esa operación ahí terminaría, pero de nueva cuenta no fue así.

Resultó que muchos ganglios habían resultado infectados o alcanzados por el Cáncer, por lo que ahora me tendrían que hacer unos estudios para saber si el Cáncer se había expandido a huesos o a sangre. Les confieso que este fue el momento en que más temor sentí, pero gracias a Dios no había habido nada malo ni en huesos ni en sangre y pienso que de haberme tardado más en ir al doctor, en haberme descuidado más tiempo; incluso si hubiesen pasado más días, no estaría contando todo eso.

Una vez más creí que todo había terminado, digo, yo pensaba: "Bueno ahora sí esto ya se acabó, me lleve un gran susto, pero ya tuve suficiente" pero no fue así.

El doctor oncólogo mando a que me aplicaran tratamientos de quimioterapia y Radioterapia, fue un gran impacto en mi vida, uno más de los que ya llevaba: "¿Cómo, quimioterapia yo? ¿me estoy muriendo o qué? ¿y mi pelo? ¿y mi boda, y mi tesis y bla, bla, bla? pero nadie contestaba mis preguntas, sólo sabía que tendría que pasar por eso y ni modo.

Ahora estoy por terminar mis radioterapias, que a decir verdad no son tan agresivas como la quimio. Claro está, se te quema bastante la piel y te da sueño, y mucho cansancio pero en mi caso decidieron darme la quimio y las radiaciones al mismo tiempo, por lo que los efectos eran brutales para mí, sobre todo el efecto de la primera quimioterapia que fue terrible. Y bueno, cuando se te cae el pelo es algo muy impactante, pero yo que era tan vanidosa, ahora pienso y me repito siempre que me veo calva en el espejo: "Todo fuera como perder el pelo, pero si tienes la vida, tienes ganado todo".

Al momento que escribo esto voy por la tercer quimioterapia, y afortunadamente la segunda quimio la experimenté más feliz y tranquila, meditando y reflexionando que era algo que me curaría; por lo que aunque sentí muchas náuseas, no vomité tanto como en la primera.

Aún me faltan 3 quimioterapias para concluir el tratamiento y sólo quiero decirles que esta enfermedad que tuve yo ahora la llamo una bendición; bendición porque me ha hecho valorar la vida de diferente forma; bendición porque ahora me detengo más en un momento y trato de vivir profundo lo que tengo hoy; bendición porque gracias a Dios esta enfermedad me ha unido a mi pareja, a mi familia; en fin, que he cambiado y estoy segura de que Dios quiso que esto me pasara con un propósito.

Todavía no canto victoria, faltan algunas batallas por pelear, pero sé que Dios está de mi lado y sé que puedo sentir la enorme satisfacción de imaginarme un día en un futuro viva y ayudando a otras personas y dándoles mi apoyo.

La historia continúa y saldré victoriosa con la ayuda de Dios


foto Christina García de Poo
Edad de Diagnóstico: 39 años
 

Un año antes de que me descubrieran Cáncer de Mama, yo había hecho una investigación en el Instituto de Cancerología (en San Fernando Tlalpan) ya que necesitaba información real para aplicarlo en mi trabajo. Yo junto con Martha Carrillo escribo telenovelas, en ese momento estaba al aire "Tres mujeres" y se nos ocurrió manejar el Cáncer de Mama para nuestra protagonista joven con la intención de ver a una mujer que sufre de esta enfermedad y como sale adelante a base de lucha, de coraje, de actitud de vida. También queríamos enviar el mensaje de que aún las peores cosas tienen su lado positivo, sólo hay que encontrarlo.

El argumento funcionó bien y el público aceptó que este personaje padeciera Cáncer de Mama y se curara. Al terminar la telenovela, fui a ver a mi ginecólogo como lo hago cada año, y me descubrió una pequeña bolita en el pezón derecho. Me mandó a hacerme una mastografía y un ultrasonido de mama. El resultado diagnosticó un "fibroma sin importancia" y se recomendaba repetir el estudio un año después. Mi ginecólogo vio los estudios y estuvo de acuerdo con el veredicto de la radióloga.

Casi un año después de este diagnóstico, estaba yo de viaje con mis hijas y mi marido, y cada vez que hacia un esfuerzo con el brazo derecho (como jalar una maleta pesada) se me saltaba una bolita en la axila. Ni a mi ni a mi marido nos gustó esa sensación. Estuvimos casi tres semanas fuera y para los últimos días "la bolita" había crecido.

Al llegar a México hice la cita con el ginecólogo. Pero tuve el presentimiento de que esa "bolita" era cáncer. Así se lo comenté a Martha, que en ese momento redactábamos un capítulo de nuestra nueva novela que se llama "Bajo la misma piel" donde a una mujer mayor (a la abuela) le reincide el Cáncer de Mama.

Al día siguiente mi marido y yo fuimos al ginecólogo y me mandó de inmediato al hospital a hacerme una mastografía y un ultrasonido de mama. Mientras íbamos en el coche le dije a Toño (mi esposo), si tengo cáncer no me quiero ir a vivir a USA y quiero que me opere el doctor Allan Legaspi (que es un oncólogo amigo nuestro). Toño me dijo que no me predispusiera y que no tenía que pensar que tenía cáncer... pero algo dentro de mí me decía que sí.

Al llegar al hospital recibí mi primera sorpresa y me encontré a Allan en Rayos X haciendo una punción. Nos saludamos y le pedí que revisara mis estudios. Cuando vi su cara, confirmé mi presentimiento. No hubo necesidad que me dijeran que tenía cáncer, yo fui la que se los dije. El médico dijo que no podía darme un veredicto hasta después de la operación a la que tenía que someterme lo antes posible. Su propuesta fue "mastectomía radical" y así fue.

Lo tomé con calma, la investigación que había hecho en "Tres mujeres" me hizo tomar conciencia de que el Cáncer de Mama detectado a tiempo hoy es curable. Sentí que me habían declarado la guerra, que estaba prisionera en un campo de concentración, y que tenía que luchar día con día para sobrevivir hasta que acabara la maldita guerra contra el cáncer.

Pero venía la parte más difícil... ¿cómo se los iba a decir a mis papás, a mis hermanos, a mis hijas?. Yo no quería que sufrieran por mi culpa pero sabía que era algo inevitable. El cáncer es una enfermedad que no sólo afecta al paciente sino a toda la familia y amigos cercanos.

En todos había esperanza de que las "bolitas" no fueran malignas, yo prefería estar preparada para lo peor. Al terminar la operación el diagnóstico fue "Cáncer de Mama tipo III" es decir que era un cáncer muy agresivo y había que combatirlo con todo. Yo estaba lista para asumir el reto, me había propuesto no ser una víctima fácil para esta maldita enfermedad.

Aquí en México me propusieron un esquema, pero como ángel de la guarda, llegó Betty Carrega, una amiga de una de mis hermanas, que acababa de terminar un tratamiento contra el cáncer en Dallas, Texas. Betty me convenció de ir a ver a su médico, el Dr. George Bluminchain, (inventor del FAC, la quimioterapia que más se usa en el mundo). Bluminchain tenía un nuevo esquema contra el Cáncer de Mama (6 CAT y 3 FUMEP) era un tratamiento muy fuerte pero muy eficaz. Me garantizaba un 91% de no reincidencia y podía hacérmelo en México con su supervisión. Creo que la mano de dios ahí estuvo presente de nuevo, me iba a tratar en México como yo quería pero con el esquema "novedoso" de los gringos.

Estuve muy bien atendida y muy consentida por mi oncólogo clínico, el doctor Miguel Lázaro León, del Hospital Inglés. El se encargó de cuidarme durante las quimioterapias y siempre estuvo pendiente de mí. Los 3 esquemas del FUMEP eran internada en el hospital una semana cada mes y los 6 CAT duraban 4 días cada tres semanas. Fue una paliza, pero la libré, bendito sea dios acabó la pesadilla. El último día de la quimioterapia lloré y lloré hasta que me cansé... la guerra había terminado y yo era una sobreviviente de ese campo de concentración.

Luego vinieron 6 semanas de radioterapias, que me fue de maravilla, prácticamente ni las sentí.

El proceso de mi cáncer estuvo lleno de pérdidas físicas y emocionales como las tienen todos los que sufren esta enfermedad. Primero la mutilación del seno, luego la caída del pelo, de las cejas, la debilidad de un cuerpo enfermo... y las emocionales, pues la aparición del fantasma de la muerte, el sentir que mi vida ya jamás volvería a ser la de antes... en fin, todo lo que implica la pérdida de la salud.

Una de las experiencias más hermosas que me dejó el cáncer fueron las demostraciones de afecto. Eso es algo que jamás podré olvidar. Volví a reencontrarme con gente que hace más de 20 años no veía, descubrí amigas que no sabía que tenía, el calor y el amor de mis padres, de mis hermanos, de mi marido, de mi suegra , de mis cuñados, de mi gran amiga Martha... y de tantas otras...

Hubo momentos muy difíciles, donde la depresión se apoderaba de mí, pero no podía fallar a mi juramento, no me iba a dejar vencer. Intenté seguir haciendo mi vida normal, usaba pelucas, turbantes, sombreros, cachuchas... trataba de no parecer enferma… iba al cine, a desayunar con mis amigas, a mis juntas de trabajo, a los viajes... prácticamente no dejé de trabajar, en todos esos meses Martha y yo seguimos escribiendo la novela y el personaje de la abuela me servía de catalizador para desahogar mis angustias y mis miedos.

Quise que mis hijas se dieran cuenta de que "este mundo es de los fuertes" y que hay que luchar. Que este cáncer no era un castigo, sino un proceso de aprendizaje y que algo bueno saldría de ahí, que esa era mi realidad y tenía que asumirla con dignidad y optimismo, que así como me habían pasado cosas lindas en la vida, también tenía que aceptar esta tan dolorosa.

Hoy me siento perfectamente, aprendí a aceptar las pérdidas como un proceso natural de vida. Me declararon menopáusica porque tengo cuarenta años, me habían quitado la matriz hace seis años y la quimioterapia junto con otro tratamiento dejó dormidas para siempre mis hormonas. Mi cáncer fue receptivo a los estrógenos, no puedo volver a tomarlos ni artificial ni naturalmente. Actualmente tomo una pastilla llamada "Tamoxifen" prescrita por 5 años.

Pero hoy estoy aquí, hoy soy parte del mundo y de esta Asociación. Hoy sigo viva, llena de planes y de proyectos. Hoy disfruto el hoy y el ahora y trato de vivir intensamente. Hoy sólo voy a quedarme con lo bueno que me dejó el cáncer y que es lo que quiero compartir con ustedes. Hoy sé que el cáncer no mutiló ni mi alma, ni mis sentimientos.

Con todo el agradecimiento para todos los que contribuyeron a que la esperanza de vivir y de curarme nunca muriera



Elizabeth Lavin

 

A los 29 años, con dos hijos y después de 4 años de un difícil divorcio, me va un poco mal en el trabajo, no tengo mucho tiempo de salir y hacer nuevos amigos, por tal motivo no tengo novio, un día como por arte de magia, un nuevo vecino llego al edificio donde vivo, desde la primera vez q lo vi, sentí algo especial por el, después de unos meses, comenzamos una linda amistad que pronto termino en romance…. Una relación hermosa, con él viví cosas inolvidables, un día el me sintió una bolita en el pecho y yo le dije, “estas loco”, “no es nada”, y así pasaron días… El seguía muy preocupado,  hasta que me suplico que fuera al doctor, yo siempre he sido muy penosa en esas cosas, pero fue tal su insistencia que le platique a mi mamá y fui al doctor, pase revisiones, análisis, ultrasonido, mastografia, una dolorosa biopsia y el resultado a los dos meses era  un tumor… maligno… cáncer, es raro pero en ningún momento pensé en morir, mi vecino, “mi ángel” me dio tanta fuerza, no me dejaba deprimirme, ni llorar, ni pensar en algo malo, siempre me dio fuerza y energía tan positiva que sinceramente, sin él, yo no se que hubiera pasado, mi familia me apoyo totalmente y mis hijos, aunque un poco preocupados por lo que me estaba pasando, ellos sabían que yo estaría bien y que no los dejaría solos… Después de dos meses de estudios, me operaron el 6 de julio del 2007, fue una  cuadrantectomia, pero ohh sorpresa!! no era un tumor, eran dos, y de diferente tipo, en todos los análisis solo se veía uno,  pero nada me importo, yo he seguido como si nada me ocurriera, “OK... ¿que sigue?”... Los doctores me dicen que me darán quimioterapias y radiaciones, “OK…ni modo”, me empezaron a dar las quimios, obviamente me  quede pelona, subí 15 kilos, me sentía muy muy cansada, aún en tratamiento de quimioterapia, mágicamente se termino la relación  con mi ángel en 2 días se cambio de casa y desde entonces no lo he vuelto a ver…con mucha tristeza, llegue a la conclusión que solo entro a mi vida para informarme que tenia cáncer de mama,¡¡ me salvo la vida y se esfumo!!… le estaré eternamente agradecida.

Al termino de las quimios, me dieron 25 radiaciones, ahora me ven cada 6 meses, tomaré tamoxifeno por 5 años, después de que me operaron cerré mi negocio, solo me dedique a curarme, gracias a mi familia me pude mantener, les agradezco tanto apoyo, ahora he empezado una nueva historia, esta oportunidad de vivir cada segundo intensamente, dejar de preocuparse por cosas insignificantes,  dejar de hacer corajes por cosas que no valen la pena, disfrutar a mis hijos y ahora el poder trabajar en la Fundación, ayudar a tantas mujeres, contagiarlas de mi alegría, y brindarles todo mi apoyo, es una gran responsabilidad pero siempre he pensado que por algo pasan las cosas, por algo me dio cáncer, sin tener ningún factor de riesgo, sé que aún tengo mucho que aprender sobre esta enfermedad. En solo un año, cambio mi cuerpo, cambio mi trabajo, cambio mi mente,  cambio mi vida totalmente y doy gracias todos los días por ello.



Gaby Molina

 

Considero muy importante, antes de dar inicio a mi narración, el hacer de su conocimiento que ésta es y será la única ocasión en la que pueda dar a conocer mis aptitudes como escritora, las cuales considero son absolutamente nulas. Debo, sin embargo, tratar de hacerles sentir lo que me obligó a desarrollar esta fortaleza para decidirme a luchar, sin dejarme caer y a costa de lo que fuera, pues la mente se convierte en un mar de preguntas, que poco a poco se va llenando de respuestas ¡¡Necesitas mucha paciencia!!

Deseo que esta experiencia ayude a las personas que padecen de este espantoso mal, a encontrar el motivo para desarrollar una fuerza interior, la cual debemos encausar en la lucha sin cuartel contra esta enfermedad, por convicción propia, y con el ánimo de ganar, para bien propio y de los que nos rodean.

Dedico este testimonio a todas aquellas mujeres que, como yo, tienen que entregarse plenamente a una lucha sin cuartel para erradicar de sus vidas en una forma total a este "cáncer de mierda" como yo le llamo, el cual tiene las firmes intenciones de ponerle fin a todas las ilusiones que con todo el derecho del mundo nos hemos forjado para lograr como seres humanos, entregar a nuestras familias el amor y la tenacidad para poder disfrutar con una sonrisa los momentos que esta vida nos otorga.

Estas reflexiones se las entrego en forma cariñosa a mis hijos: Gabili, Anachusca y Jos; a mis papás con el amor y la admiración que siempre les he tenido; para mis cinco pilares: Pato, Charly, Frank, Rich y Vic quienes me han enseñado toda la entrega que se puede dar a un hermano cuando las raíces familiares están tan bien cimentadas; a mis amigos, primos y tíos, sin cuyo apoyo y muestras de cariño no hubiera podido lograr nada; y ¿por qué no? a los doctores, que con su entrega a la lucha contra el cáncer, me ayudaron a vencerlo.

A todos ellos a quienes hoy reconozco como un ejército de ángeles que Dios me mandó para poder salir de esta enfermedad. Busca esos ángeles que Dios te manda, ahí encontrarás la fortaleza necesaria para vencer a este cáncer de m...

La noticia me llegó así:

Asistí a mi cita anual con el ginecólogo y fue él quien descubrió la "bolita" (4 cm.); ésta se encontraba en el seno derecho, el cual yo percibía un poco más grande que el izquierdo, pero nada que llamara mi atención, pues dicen que somos diferentes de cada lado. El ginecólogo me remitió con un oncólogo de su confianza, lo cual hoy le agradezco. Más yo no tenía ni la menor idea de la especialidad de éste, hasta que llegué a su consultorio y lo leí en la placa de entrada; ahí empezó mi temor.

Debo confesar que la frialdad con la que negocian con tu vida me dejó helada: "Tienes una bolita y hay que quitarla" me dijo. Y después me dio todas las probabilidades que podían acontecer al extraerla, desde la más benévola, hasta la más maligna, obviamente con el costo de cada una. Entre más mala fuera la "bolita", más alto el costo económico de la operación.

Para ese entonces estaba enojada más que asustada con todo y con todos. Todo me caía mal, todos me caían gordos. No tenía ganas de sonreír, la noticia había cambiado las expectativas de mi vida. Aunque por fuera lo negara, por dentro sabía que algo realmente estaba mal.

Recuerdo que cuando me hicieron el ultrasonido de mama, la doctora dijo: "No te preocupes, tu estudio está perfecto, no tienes nada malo". Pero cuando me hicieron la mastografía, la cual tuvieron que repetir 3 veces, por la cara de los médicos intuí que las cosas no estaban tan bien como con el ultrasonido.

Negar que me desplomé al llegar a mi casa con esa noticia sería como no aceptar la enfermedad. Enfrentarlo con mi marido y mis tres hijos era una tarea difícil. Pero había esperanza, todo dependía de la duración de la operación. Esa sería la pauta para concebir si el cáncer había llegado o no a mi vida.

Llegó el día de la operación. No sé como tuve valor para decirles a mis papás lo que estaba pasando. Me dolía tanto preocuparlos y hacerlos sufrir, pero escondérselos me parecía una falta de lealtad. A fin de cuentas soy madre y sé lo que es el dolor cuando algo pasa con tus hijos.

Cuando salí de la sala de cirugía y estaba en recuperación, lo primero que me toqué fue el pecho y al descubrir que no tenía mi seno, pero tampoco una prótesis sino un expansor, sentí que me quedaba sin aliento. Era evidente que tenía cáncer. En ese momento, en la frialdad de ese cuarto, en la más profunda soledad, sucedió algo que tal vez a algunos les cueste trabajo creer, pero que a mí me dio la pauta para seguir adelante. De pronto sentí la presencia de dos mujeres, una de cada lado de mi cama; dos mujeres que ya no estaban en este mundo, dos mujeres que yo había conocido en el pasado y que ahora estaban conmigo; ellas son Mela y Nines. Me tomaron de la mano y me dijeron: "No te preocupes Gaby, vas a estar bien. Aún no llega tu tiempo de partir, aún tienes mucho que dar y que hacer en este mundo". Cuando las presencias se fueron, una paz interior recorrió todo mi cuerpo. Era como una señal de que mi lucha contra el cáncer no sería inútil.

El proceso apenas empezaba. Había una gran lucha entre mi intuición y mi razón. La primera me decía que el cáncer estaba presente en mi cuerpo, pero la razón se negaba a aceptarlo. Esto vino seguido de fuertes momentos de depresión, de rebeldía, de rabia, pero creo que la ira fue la que más se apoderó de mí… Cuando alguien comentaba que esto era una "bendición" yo no podía creer lo que estaba escuchando… ¡Cómo va a ser una bendición que tengas cáncer!

Con el tiempo aprendí que la bendición no estaba en el cáncer, sino el proceso de aprendizaje que te deja, en el cúmulo de cuestionamientos que llegan a tu mente y la cantidad de decisiones que tomas a partir de esa noticia. "Es una bendición disfrazada de tragedia" me dijo alguien… Tal vez lo sea por las razones que mencioné, pero que duro es aceptarlo… Uno está acostumbrado a que las "bendiciones" lleguen con otro disfraz.

¿Qué sorpresas da la vida? me preguntaba. Tanto que esperaba el festejo de mis 40 años para que cuando llegaran, en lugar de festejarlos haya tenido que estar luchando contra el cáncer. No me cabe la menor duda de que todo en la vida son lecciones, lástima que haya algunas que sean tan difíciles de aprobar.

Demasiadas cosas en un solo año para la familia, me cuestionaba también. El problema de Tobías, la muerte de la tía Malú y el cáncer de "La nena", es decir, el mío… ¿Nos querrá decir algo Dios?... ¿Seremos tan necios o tercos que sólo con golpes fuertes entendemos?No estaba dispuesta a que el cáncer me ganara la batalla. Visualicé mi vida como un "casete" al que le habían puesto "pausa" pero no "stop". Todavía había mucha música por escuchar, muchas canciones que inventar y muchas melodías para acompañar.

Hay muchas cosas que he ido asimilando en esta etapa de mi vida y la que me viene en este momento a la cabeza es: "Dios me dio la vida con la ayuda de mis papás y siempre dije que yo era una persona afortunada por la familia que Él me había mandado, creía que era capaz de vencer cualquier cosa, pues era yo "Gaby Molina". Pero nunca contemplé ni el encierro, ni la muerte, ni el cáncer tan cerca de nosotros y en un corto año nos llegó todo. ¡Ah caray! Qué rápido se escribe y qué largo parece cuando se está viviendo.

Hoy me doy cuenta que soy y somos especiales, pues no hay "contrariedad" con la que no podamos. Dicen que los problemas te hacen crecer y hoy puedo confirmarlo y decir que en un año mi visión de la vida y de muchas cosas ha cambiado, pero no para mal sino para vivirlo mejor que antes. El mensaje era: "Usa tu vida para vivirla plenamente, pero úsala para ti, no para los demás, por eso Dios le dio una vida a cada quien".

Dicen también que Dios sabe a quién y que no manda nada que no puedas soportar. Pues ahora entiendo y sobre todo le agradezco lo bien que me equipó para poder sobrellevar esta enfermedad, pues me rodeó de ángeles que me cargaron para poder soportar y vencer esto. Hoy quiero decirles a esos ángeles que sin ustedes y sin otra cosa que vive dentro de mí y se llama voluntad, no hubiera podido lograrlo.

Tenía cuatro metas en este proceso: la cirugía, las quimioterapias (las más fuertes, pesadas y difíciles de brincar), las radioterapias y las pastillas que debo tomar por 5 años. Tres de las cuatro etapas ya las pasé y de manera victoriosa.

La carrera no está ganada todavía, pero después de haber vivido este arranque y ver lo maravillosamente bien que lo hemos logrado, puedo decirles que todos somos vencedores, y que como dije hace meses "Este cáncer de mierda se va a arrepentir de haber venido a mi casa, porque a fin de cuentas ni siquiera lo invité". La guerra no ha acabado, pero la batalla más importante nos hizo los mandados.

Gracias a mis ángeles por todo lo que me han dado. Gracias a todos lo que me han querido y apoyado.


foto Gina Campos
Edad de Diagnóstico: 25 años

 

Cuando tenía 25 años, en julio del año 2000, me diagnosticaron cáncer de mama. Fue en un momento fuerte para mí, pues mi mamá no estaba conmigo. Ella estaba viviendo fuera de México ya desde un año atrás. Ella se fue a Albania a ayudar a los refugiados de la guerra de Kosovo. Como mi relación con ella es tan cercana, decidimos encontrarnos en un punto intermedio. Turquía fue el lugar. Pocos días antes del viaje me detecté una bolita y decidí que al regresar me la atendería, pues Turquía no era el lugar idóneo para hacerlo. Me reencontré con mi mamá y pasamos unos días maravillosos en un país mágico. En cuestión de semanas, esa bolita había crecido al doble de tamaño del que yo había palpado por primera vez. Al regresar a México, lo primero que hice fue ir a ver a mi ginecóloga. Ella me dijo que lo que me estaba ocurriendo no estaba bien. Me mandó de inmediato un ultrasonido, seguido de una mastografía y de ahí con un oncólogo para hacer una biopsia. Estaba asustada, la incertidumbre siempre angustia. Relativamente poco tiempo antes de todo esto, mi mejor amigo había pasado por un cáncer muy agresivo con éxito. Así que sabía que el doctor que debía ver sería el mismo que lo trató a él.

El doctor, al terminar la revisión, sin dudar me dio su diagnóstico y me preguntó si quería que me pusieran un catéter y aprovechar el procedimiento de la biopsia, además de darme calidad de vida en el tratamiento. Yo acepté, mi intuición era que el médico sabía qué terreno pisaba y querían ir adelantando camino. El día siguiente fue arduo, todo un día de estudios. Tenía que hacerme una biopsia para conocer el "nombre y apellido" del tumor y así saber qué tratamiento sería el correcto para mí. Checar niveles en sangre y explorar con diferentes estudios todo el cuerpo para ver si no se había esparcido a algún otro lado.

Al día siguiente no sólo me hicieron la biopsia, colocación del catéter, estudios minuciosos, sino que empecé mi primera quimioterapia. El tumor era tan grande y agresivo, que había que reducirlo antes de hacer una cirugía para extraerlo. La edad no me ayudaba, entre más joven seas el "tumor tiene más energía y va a mil por hora". Había que ganarle la carrera al tiempo. Las radiografías mostraban manchitas en el pulmón, pero no existía la certeza de que fueran metástasis.

Cuando empecé el proceso, mi mamá no estaba conmigo. A pesar de que no vivo con mi papá, él siempre ha estado a mi lado, pero añoraba a mi madre. Esta enfermedad no hay quién la comprenda mejor que las mismas mujeres. Quería estar con mi familia, no quería estar sola y menos perteneciendo a una familia tan grande y unida como la mía. Cuando mi mamá supo la noticia, arregló todo y regresó de inmediato.

En el momento que me dijeron que tenia cáncer supe que le tenía que echar muchas ganas; que tenía que trabajar duro; que esta experiencia algo me iba a enseñar. Tomé el tiempo de mi curación como una lista de espera. Como cuando vas a un restaurante. La mesa te va a tocar cuando te tenga que tocar. Y así me visualicé: mi mesa era curarme, me había enfermado y tarde o temprano mi turno iba a llegar.

El tratamiento inicial consistía en seis ciclos de quimioterapia, pero la reacción del tumor fue tan buena que fueron únicamente tres. Después de estos tres, ya prácticamente la bolita ni se sentía. El Dr. me dijo que estaba lista para la cirugía. Días después me practicaron una mastectomía radical.

Hablé con mi familia y les comenté que el precio que se paga es muy caro como para no aprovecharlo; que todos teníamos algo que aprender; que debíamos estar dispuestos a absorber todo lo que iba a pasar para que tuviera sentido.

Recuerdo que cuando se me cayó el pelo, yo quería andar así. No quería peluca, no quería nada, pues realmente esa era mi condición, pero me di cuenta que la gente es muy cruel y te ven de una manera hasta agresiva algunas veces. Después del tratamiento, mi pelo tardó un año y medio en crecer y sólo me creció el 10%. Las cejas no me crecieron, las pestañas sólo a la mitad. Esto era un caso rarísimo y para mí fue muy difícil de pasar. Hubo veces en las que me veía en el espejo y me sentía la mujer más fea. Con el tiempo fui encontrando la manera de verme bien, de ver esta nueva cara y transformarla. Debo reconocer que necesitaba escuchar un halago que me hiciera sentir bien, como antes, pero la realidad es que nada es como antes, tu vida también se transforma.

Inicié un nuevo ciclo de quimioterapias después de la cirugía, seis más. A esto le siguieron 30 sesiones de radiaciones, pero nada más me pudieron dar veinticinco porque se me quemó la piel.

Cuando me intervinieron para la mastectomía, me hicieron extracción de ganglios linfáticos. Tres meses después me dio una complicación llamada linfedema en el brazo y la mano derecha y parte de la espalda. En ese momento, no había nadie en México que tratara este padecimiento. En Enero de 2001, llegó a mi vida la T.F. Isabel Aloi con el conocimiento y solución al problema. La madre de Isabel fue víctima del cáncer y tuvo linfedema en ambas piernas, ocasionándole una pésima calidad de vida. Esa fue una de las razones por las que Isabel decidió estudiar a fondo el linfedema, para ofrecernos lo que su madre no pudo tener. La movilidad de mi mano ya era bastante deficiente y el brazo empeoraba día con día, estaba muy inflamado. Gracias a la atención de Isabel, mi perseverancia y el uso de un guante y manga de compresión, he podido mantener la mano y el brazo en su tamaño normal.

Cuando me dio el linfedema, sabiendo por todo lo que uno tiene que pasar, me propuse hacer algo por los demás, al menos informar para que tomaran decisiones con conocimiento. Es un tratamiento al que hay que dedicarle mucho esfuerzo, mucho tiempo, mucha dedicación... Hay momentos en los que lo único que quieres es llegar a tu casa a dormir, a descansar, en vez de hacerte masaje en el brazo por media hora y vendarte, pero es muy importante cuidarlo todos los días. Por eso puse una página de internet en conjunto con toda la experiencia y conocimiento de mi terapeuta Isabel, donde viene todo lo necesario para prevenirlo. También he participado en diferentes medios, donde he tenido la oportunidad de compartir todo lo que he aprendido en estos años. Una vez tuve la fortuna de ser invitada a una conferencia donde acudieron 800 gentes de condición muy humilde, para que estuvieran enteradas de estos adelantos de curación y detección temprana de cáncer de mama.

Nunca pensé en lo que el cáncer realmente representaba en mi vida hasta que empecé a vivir las consecuencias de los tratamientos. Hubo un día en que me sentí tan mal que en una ocasión me fui sola manejando a Urgencias. También recuerdo que cuando empecé con la menopausia inducida, me sentí tan débil, agotada... Mi cuerpo pedía auxilio, pero había que seguir luchando.

Tiempo después de terminado el tratamiento, quise cerrar un ciclo en México y acepté el ofrecimiento que me hicieron para trabajar en Estados Unidos. Yo venía cada mes a ver a mi abuelita, pues estaba enferma. En una de mis visitas, aproveché para hacerme mi chequeo trimestral y fue ahí cuando me encontraron metástasis en cerebro, a tres meses de cumplir 2 años en remisión. Creo que la enfermedad de mi abuelita tenía un propósito: traerme de regreso a México para detectar este nuevo tumor. Una de mis mayores preocupaciones era que se me iba a caer de nuevo el pelo que con tanto esfuerzo creció. Eso fue devastador para mí. La radiación quemaba esta zona y el pelo se volvió a caer. Le pregunté al doctor si volvería a crecer, pero su respuesta no me lo aseguraba. Ya ha pasado tiempo desde ese día. Ya me acostumbré y ya no me importa, pues ahora tengo una razón más: todos los que tenemos que estar de esta manera, sin que sea nuestra decisión. Así salgo a la calle porque me he propuesto que la gente tiene que aprender a respetarme "tal y como soy".

En esta recaída, supe que no todo dependía de mi voluntad, de mi buena disposición y de mi actitud positiva. Había factores externos de los cuales yo no tenía control. Ahora sí pensé en la muerte.
Pero la vida sigue teniendo sorpresas para mí. Casi terminado el tratamiento de la metástasis de cerebro, una vez más el cáncer se hace presente. Me detectan metástasis en huesos. Sí, por tercera ocasión, aparece en mi cuerpo, en mi existencia, en mis batallas. Para mí la guerra no ha terminado, no sé cuándo termine, pero seguiré luchando, no me pienso dar por vencida. Si ya gané una y luego otra, ¿por qué no he de salir vencedora de esta tercera?

Tuve experiencias con médicos con poco tacto. Pero también me he topado con médicos optimistas, que me llenaron de esperanzas y que dejaron que fuera yo quien tomara las decisiones de mi vida y de mi futuro. No sería honesto ocultar mi miedo a la maternidad. Siento temor de que alguno de mis hijos, si llego a tenerlos, herede mis genes. Y aunque sé que eso no es determinante, sí influye y no sé si podría vivir con eso.

En este momento no tengo pareja. Nunca me he sentido en desventaja, ni devaluada como mujer con el cáncer. Creo que por ahí habrá alguien que comprenda mi situación y sienta como yo, pues ahora tengo muchas más riquezas que antes, mucho que dar y experiencias que compartir.

Mas no todo ha sido perdido. También he ganado muchas cosas con esta enfermedad. Gané tranquilidad; gané valor por la vida; valor en especial por mi familia. Es algo maravilloso que no se puede explicar, creo que es la experiencia más maravillosa que me ha pasado. Contar con el apoyo de tanta gente, vivir experiencias que te enseñan a aprender otros valores, a entender más a la gente, ser más paciente y tolerante. Antes yo me quejaba de cualquier cosa y ahora es completamente lo contrario. Hoy me parece terrible la gente que se queja de cosas tan "tontas". Me da tristeza que no valoren la fortuna que tienen enfrente, que es la vida, la salud. Tienen tantas cosas increíbles y maravillosas.

Seguramente todavía tengo mucho que aprender para ser mejor persona, mejor mujer. "Vale la pena todo lo que tengas que pasar por seguir viva. Y si muero, lo haré en el intento, en el aprendizaje, en la conciencia de vivir".


foto Heidi Matos
Edad de Diagnóstico: 29 años

 

En noviembre de 2004, mi ginecólogo sintió una bolita en mi pecho izquierdo y dijo que me hiciera un ultrasonido y una mamografía. Cuando fue al laboratorio para hacerme los estudios, los del laboratorio estaban muy sorprendidos porque estaba muy chica. Unos días después me llamó el ginecólogo para decirme que habían salido unas calcificaciones en mi mamografía, la bolita que había sentido no era de preocuparse, sin embargo las calcificaciones sí, por lo que me sugirió una biopsia. Esta biopsia fue en dirigida por punción, es decir sólo extrajeron un poco de tejido. Eran vacaciones de diciembre y me fui a la playa con mi familia, a la mitad de la semana tenía que llamar por mis resultados, un día antes de llamar no pude dormir pero al otro día los resultados fueron que no era nada grave, no había de qué preocuparse. Así que tuve un fin de año pensando que la había librado y que no había sido nada.

Mi mamá, quién es médico, no se quedó contenta con el resultado y me llevó con una oncóloga para que me diera una segunda opinión, ella me dijo que me hiciera nuevamente la mamografía y que solicitara mis laminillas de la biopsia para que las examinara otro patólogo especializado en mama. Y así lo hice. Ya era febrero y cuando mi mamá fue a recoger los resultados de la mamografía, había una interpretación que decía “se sospecha malignidad” en ese momento hizo cita con la oncóloga para el día siguiente y fuimos. Ella ya tendría los resultados de la biopsia, yo iba temblando, tenía la esperanza de que no fuera nada, de que los resultados de la biopsia fueran iguales a los del primer patólogo, mas no fue así. El resultado de la biopsia era “CARCINOMA IN SITU”. Recuerdo que comencé a llorar y sólo escuché cuando dijo que una opción era la mastectomía, yo me sentí morir. Pero otra opción era un marcaje para sacar el tejido donde estaban las calcificaciones y estudiar ese tejido y saber exactamente si esas células cancerígenas estaban en un solo lugar o ya estaban expandidas y más datos. Debido a que la doctora tenía el brazo roto y no podía hacer el marcaje sino hasta que se recuperara, me recomendó a otro oncólogo con quien, desde la primera consulta, me sentí entendida, apoyada y confiada. Me hicieron el marcaje el 15 de marzo, para entonces yo ya estaba con una actitud muy positiva y viviendo el momento, no me adelantaba a los hechos y eso me ayudó a no estresarme de más.

El diagnóstico final lo obtuve 3 días después, el cual fue cáncer de tipo invasor, o sea ya no estaba solamente localizado, sino que ya se había expandido. La recomendación del oncólogo fue mastectomía. Lloré por unos minutos y comencé a hablar con el doctor de los pasos que seguían, en ese momento decidí que iba a luchar y que vivir era lo que más deseaba.

El mismo día de la mastectomía comenzaron a hacerme la reconstrucción, me colocaron un expansor el cual irán llenando poco a poco con solución salina para que mi piel se vaya estirando y después me puedan poner un implante final.

Tuve 12 sesiones de quimioterapia, la cual pude sobrellevar bastante bien. En la actualidad hay medicamentos que ayudan a contrarrestar los efectos secundarios de la quimio. Durante la quimioterapia conocí a gente que pasaba por procesos similares al mío. Les habían diagnosticado cáncer y estaban luchando contra él. Todas estas personas fueron muy importantes para mí porque aprendí que si bien pasábamos por cosas similares cada quién lo vivía de manera distinta. Pero lo que teníamos en común eran las ganas de vivir.

Nosotros escogemos cómo sentirnos y desde el día del diagnóstico, escogí sentirme bien y ver todo este proceso como uno de sanación, no como una enfermedad. Y durante este tiempo no será sólo una sanación física, sino también emocional. Veo esta etapa como un embarazo durante el cual sentiré náuseas, malestar e incomodidades pero que al final valdrá la pena porque traeré una nueva vida al mundo y ésta será mi propia vida pero una vida SANA, llena de amor, afecto, bienestar, bondades, etc. y lista para vivir una vida plena y feliz.

Ahora puedo ver con claridad lo que hay a mi alrededor, que no estoy sola, que hay gente que quiero y que me quiere. Mi familia y amigos han sido muy importantes, me han apoyado y han estado conmigo. Los valoro más que nunca, son mis ángeles que me acompañan y me dan luz.

A pesar de no ser una persona muy devota a la religión nunca he dudado de la existencia de Dios quien no pone pruebas que no podamos superar.


foto Imanol Belausteguigoitia
Edad de Diagnóstico: 60 años

 

Actualmente tengo 81 años y en el año de 1981 fui víctima del Cáncer de Mama. Como hombres, también estamos expuestos aunque en un porcentaje muchísimo menor de padecer cáncer mamario.

Sentí muy feo cuando me dieron el diagnóstico. Realmente me sentí muy mal. Lo primero que hice fue rezar un Padre Nuestro y un Ave María y de ahí me seguí con muchos rezos más.

En lo primero que pensé fue en la necesidad de seguir trabajando. Tenía mujer e hijos y tenía que protegerlos, ampararlos, darles una seguridad económica. Más que miedo y angustia, tenía un gran malestar interno. No podía dejar de pensar en todas las complicaciones cotidianas que esta enfermedad implicaba, ni tampoco podía dejar de pensar en la “vida”, a lo que te enfrenta, a lo que no quieres de ella, y a lo que no estas preparado para asumir.

Me afligía pensar que a mis hijos les podía suceder lo mismo que a mí. Me preocupaba mi situación económica pues no tenía dinero, todo lo había perdido en la guerra Civil Española. Yo aún necesitaba trabajar duro para que a mi Maruja y a mis hijos no les faltara nada.

Siempre he tenido Fe en Jesús. Siempre me encomiendo a Él, así que le pedí que me diera la fortaleza para asumir la enfermedad y tiempo, tiempo para vivir unos años más. No era por mí que quería más tiempo de vida, era por ellos, por mi mujer y mis hijos, para resolverles su futuro antes de partir. Me preguntaba cuánto más duraría en este mundo, cuánto más podría seguir soñando.

Han pasado 21 años desde entonces y aún sigo aquí. Me he acostumbrado a vivir con el cáncer, me he acostumbrado a cuidarme, a seguir los tratamientos. Afortunadamente he estado bien atendido y bien diagnosticado, a fin de cuentas ya no lo veo como algo “tan terrible”.

Mi vida no cambio mucho a raíz del cáncer, solo tomé conciencia de que no podía perder tiempo, que el tiempo era valioso para realizar los planes que yo tenía. Había que trabajar más duro para llegar a mi meta, para solventar los gastos de la casa y de la familia. No me quería quedar en la orilla pues mis hijos aún no acababan con sus estudios.

A veces pienso en que hubiera pasado si hace 21 años me hubiera vencido la enfermedad. Estoy seguro que para mi familia hubiera sido más difícil todo. Pero debo reconocer que soy un hombre con suerte ya que mi mujer resultó una mujer muy inteligente pues supo no sólo ganar muy buen dinero, sino manejar con mucho talento mi enfermedad. Yo creo que “vivo” gracias a esa cabeza atenta y brillante que supo cuidar de mi con tanto amor y con un gran sentido del humor.

Provengo del País Vasco y ahí sabemos que la vida es lucha. Luchar es la cosa más natural del mundo. Mi proyecto de vida siempre fue dedicarme a mis hijos y a mi mujer y eso no lo cambió el cáncer. Debo reconocer que sentí que el tiempo se me había “acortado” y que había que vivirla igual, sólo que con más velocidad e intensidad.

Recuerdo que me iba a trabajar con los tubos que me drenaban de la herida y que con gran disgusto vi como mis hijos habían arreglado para ir a trabajar en mi lugar y cuidar del negocio. No podía permitir que eso sucediera, yo necesitaba dar todo lo que estuviera de mi parte para salir adelante. Y lograrlo me ayudó a sentirme contento, a pesar de todo, era capaz continuar mi proyecto de vida.

Vivía con algo que se reproducía dentro de mí y aprendí a atacarlo. El cáncer me enseño a tomar conciencia de que nunca estas a salvo, nunca estás seguro. Aprendí que los sueños de querer dar todo a tu mujer y a tus hijos tiene sus bemoles, que más allá del esfuerzo y el empeño que pongas la vida te enseña a lidiar con lo inesperado.

La compañía y el apoyo de mi mujer y mis hijos fueron decisivos en mi estado de ánimo. Siempre estuvieron conmigo. Cuidarme no me costó trabajo pues la disciplina siempre fue parte de mi vida. Primero la aprendí con los Jesuitas y luego en el ejército. Sabía que las cosas hay que ganárselas, que al menos para mi la vida no era regalada. Entendí muy bien que mi vida dependía del cuidado que le diera a mi cuerpo. Ir a todas las citas, hacer ejercicio y sobre todo tener Fe y confianza de que todo iba a salir bien.

La vida se valora más cuando a uno le cuesta seguir adelante. Pero se puede, se tiene que poder, hay que ingeniárselas para conseguirlo. Dicen que la Fe mueve montañas y en mi caso así fue. Rezaba y hablaba con Jesús, con Él me sentía más cerca que con Dios, aunque me gusta mucho como le dicen en México: “Diosito”. A ese “Diosito a la Mexicana” lo siento más cerca por eso también le rezaba a Él.

Pero no hay que esperar que nos pasen este tipo de cosas, mejor hay que estar atentos a las señales de la enfermedad porque a tiempo todo tiene cura y remedio. Hay que preguntar cuando se tengan dudas, hay que sugerir alternativas, hay que seguir las indicaciones del médico al que le tengamos confianza. Solo así podremos atacar a esta enfermedad que no avisa y que nadie está exento de padecer.


María Elena Maza

 

Mi nombre es María Elena Maza. Tengo 32 años. Perdí a mi madre y a mi hermana de cáncer de mama.

Mi madre fue diagnosticada por primera vez con cáncer de mama cuando tenía 47 años. A pesar de que yo tenía sólo 6 años, nunca crecí con la conciencia de que mi madre era una sobreviviente. En realidad, en ese tiempo, la posibilidad de perderla nunca cruzó mi mente. Yo sabía que mi madre había tenido cáncer, la acompañé muchas veces a sus revisiones, pero eso era tan sólo una parte más de la vida.

Todo esto cambió en 1991. Uno de mis hermanos estuvo al borde de la muerte y al poco tiempo, a mi madre la diagnosticaron con una reincidencia. Parecía muy extraño después de tanto tiempo, pero así fue. Por primera vez, sentí esa vulnerabilidad que provoca la posibilidad de la pérdida de un ser querido. Mi madre siempre fue una mujer muy fuerte. Así, pasó por una pequeña cirugía y acomodaba su tratamiento de radioterapia de tal manera que pudiera estar con mi hermano que aún permanecía hospitalizado. Pasó el tiempo, terminó su tratamiento y se quedó con terapia de supresión hormonal. De no ser por las visitas al médico, todo parecía haber vuelto a la normalidad, los temores se habían disipado y estábamos seguros de tener madre para rato.

En 1993, mi hermana (Márgara) fue diagnosticada con cáncer de mama; tenía 31 años. A pesar de tener fuertes antecedentes familiares, el médico no le hizo una biopsia inmediatamente y para cuando se decidió operar, el cáncer ya estaba también en los ganglios. Márgara entró al quirófano por una biopsia y salió con una mastectomía radical. Esto fue un golpe fuertísimo para todos. ¿Estaría esta enfermedad en nuestros genes? Mi madre empezó a preocuparse ahora por mí, si esto le había pasado a Márgara, ¿por qué no a mí? Nuevamente esa vulnerabilidad que provoca el perder la tranquilidad que da la salud se hacía presente. Yo sentía también un enojo muy grande; ¿acaso no se hubiese podido hacer algo antes?

El pronóstico de Márgara fue muy malo desde un principio. El primer año de su enfermedad fue muy difícil, no sólo por lo que un diagnóstico así implica, sino porque ella, en su afán por protegernos, nos mantuvo al margen de muchas cosas. En un principio no quiso que nada se supiera, así que su vida siguió igual o al menos así parecía. Siguió trabajando y programaba sus quimioterapias en viernes, de tal manera que tenía todo el fin de semana para salir adelante.

Esos días ella se encerraba en su departamento y yo de alguna manera me encerraba en mí, pensando en la impotencia de no poder tenderle el hombro a una de las personas más importantes en mi vida. En alguna ocasión logramos platicar acerca de esto, de cómo aunque yo sabía que lo importante en ese momento era ella y su recuperación, tenía que darse cuenta que al tratar de protegernos, nos hacía más daño, que de alguna u otra manera, para nosotros era importante estar cerca de ella y sentirnos útiles. Ese primer año pasó y con él se fueron una serie de frustraciones e incertidumbres. La vida pintaba bien otra vez.

El cáncer de mi madre empezó a crecer, ahora estaba en los huesos. Más radiaciones, algo de quimio. Nuevamente la rutina empieza a girar en torno a los médicos, los laboratorios, etc… Mi madre se fue adaptando. Siguió trabajando, ahora caminaba con bastón, en ocasiones usaba una silla de ruedas, pero seguía siendo ella. Márgara estaba bien y lo que es la ironía de la vida, regresando a vivir en casa para estar más cerca de mamá y así poder atenderla.

El 31 de octubre de 1995, mi madre se llevó (como ella diría) el premio al mejor susto del día de muertos. Tuvo un ataque convulsivo que más tarde sabríamos que fue provocado por una metástasis en el cráneo que le estaba irritando el cerebro. Esto no podía estar pasando. Mi madre hasta ese día había seguido trabajando, yo acababa de comprometerme y tenía planes de casarme en enero, Márgara planeaba irse a estudiar una maestría a Australia en febrero; en fin, todo parecía ir bien y nuevamente nos quitaban el piso en que estábamos parados.

Lo de mi madre fue rápidamente de mal en peor. Sin embargo, con la fortaleza que la caracterizaba y el sentido de la vida que siempre tuvo, ella se encargó de que todos siguiéramos con nuestros planes. Yo pospuse mi boda religiosa, aunque a regañadientes y ella negoció con los médicos los procedimientos que tenía que hacer para estar conmigo en mi boda civil. Para ella estaba muy claro que éste era el momento en que su vida cambiaba de espacio y quería hacernos entender que así como su vida continuaría en otra parte, la nuestra debía continuar aquí. Así fue, el 22 de diciembre de 1995 yo me casé por lo civil, vestida de novia con el vestido de mi madre y tuve la gran fortuna de compartir ese momento con ella. El 6 de enero de 1996, mi madre murió en mi casa, rodeada de toda su gente.

Creo que es ese sentido de la muerte como una continuación de la vida que ella me dio, lo que hizo que en ese momento no la llorara. Es ahora, en los momentos más simples cuando su presencia física me llega a hacer falta. Tras la muerte de mi madre, yo me fui a Australia con Márgara un mes y después regresé a México para casarme. Nuevamente me extrañaba el no sentirme sola. Aunque no físicamente, las dos Márgaras estuvieron conmigo ese día.

Pasaron dos años y todo había vuelto a la normalidad. Yo vivía en Monterrey, Márgara ya había vuelto de Australia y la sombra del cáncer parecía habernos dejado.

En 1998 todo se derrumbó. El cáncer de Márgara había vuelto. ¡Qué rabia! ¿Hasta cuándo nos va a dejar en paz? Me parecía francamente injusto que una mujer joven, inteligente, buena, tuviera que volver a poner su vida en pausa para “jugar” a la guerra contra esta enfermedad. Esta vez para ella todo fue diferente. Se abrió, nos dejó compartir su dolor, su frustración, estar con ella en sus tratamientos, en fin, realmente se apoyó en nosotros.

No les digo que no fue difícil, pero al menos permitía canalizar algo de esa energía que se va almacenando cuando se vive algo así. En noviembre de ese año mi esposo (Sergio) y yo nos fuimos a vivir a Nueva York. El proyecto me parecía muy interesante. Era, sin duda una gran oportunidad para nosotros; sin embargo, la distancia me preocupaba. Márgara entró en remisión y en marzo viajó a Nueva York para estar en mi cumpleaños. Fueron momentos padrísimos. Incluso hicimos todos los preparativos para recibir el milenio en la Gran Manzana. ¿Nos podíamos permitir creer que finalmente la pesadilla había terminado? Pronto encontramos la respuesta.

En abril, su salud empezó a deteriorarse y para mayo la recurrencia era definitiva. Las cosas no se veían nada bien. Esta vez había vuelto con zaña. ¡Qué impotencia! ¿Qué hacía yo en Nueva York mientras mi hermana libraba la batalla más difícil de su vida? Yo entendía que mi vida estaba en mi casa con mi esposo; sin embargo, mi mente y mi energía permanecían en México con ella. Así, con el apoyo de Sergio pasé como 5 semanas en México. Sería la primera de muchas veces que esto sucedería. De alguna manera, es como si Sergio y yo hubiésemos acordado tácitamente, poner pausa a nuestra vida. A partir de ese momento, cada vez que me subía yo a un avión, ya fuera rumbo a México o Nueva York, algo dentro de mí se desgarraba. ¿Cuál era mi lugar? ¿Qué misión debía yo de cumplir para darle sentido a todo esto?

Así fue como un día decidí cruzar las puertas de la American Cancer Society (ACS) y ofrecer mis servicios como voluntaria. En un principio, más que yo trabajar con ellos, ellos trabajaban en mí. Yo seguía viajando constantemente pero al menos, cada vez que volvía yo a Nueva York, me sentía yo útil. Indirectamente hacía algo por la lucha. Hacia finales de octubre vivimos un momento muy difícil. Todo estaba dicho, los medicamentos no estaban dando los resultados esperados. Al parecer, estábamos perdiendo no sólo la batalla sino la guerra. Márgara se despidió de todos y con un “te quiero siempre”, quedamos de vernos algún día. Claro que esto no era una película. De alguna manera, vino un segundo aire de energía y aunque el cuerpo seguía diciendo que no, su espíritu insistía en seguir aquí. Y sí, yo tuve que volver a N.Y., cada día, subir en ese avión tenía menos sentido.

Era evidente que no pasaríamos año nuevo en N.Y., así que Sergio y yo hicimos planes de emergencia para pasar Navidad en México. ¡Qué importante fue! La persona que yo encontré al bajar del avión, no parecía ser Márgara pero su espíritu, su amor su ternura, ahí estaban. También estaban el dolor, el sufrimiento, la impotencia ante este monstruo que se había empeñado en no dejarla vivir. Sergio y yo regresamos a N.Y. el 26 de diciembre. Sin duda, uno de los días más tristes de mi vida. Al despedirnos, Márgara y yo sabíamos que no nos volveríamos a ver, al menos del modo acostumbrado. Recuerdo que lloré prácticamente desde el momento en que salí de su casa, hasta que llegué a la mía y miren que no estaba cerca. El milenio, tan esperado por todos llegó, claro que algo en mí faltaba.

El 3 de enero de 2000, amaneció extrañamente templado. Sin necesidad de abrigos y bufandas, salí a hacer algunos pendientes pero algo no me permitía estar lejos de casa, así que volví. Alrededor de medio día, la llamada llegó. No tenían que decirlo, algo en mí sabía que Márgara se había ido. La magia y la maldición de la distancia. Me urgía estar en México, así que había que ocuparse. Boletos de avión, maleta, taxi… en fin. Milagrosamente, Sergio y yo íbamos rumbo a México. No lo niego, fue uno de los vuelos más largos de mi vida, o así lo parecía. Pero fue también un espacio que me permitió reconocer y ordenar mis pensamientos y mis sentimientos porque por curioso que parezca, frecuentemente lo que racionalmente aceptamos como bueno, no necesariamente se siente bien.

La pérdida física de mi Madre y de Márgara sin duda dejaron un vacío en mi mundo, mas no en mí. Frecuentemente las reconozco en mí, en mis hermanos y sobrinos. Su legado es tan fuerte que su presencia se torna indestructible.

Con respecto a mí, es curioso cómo de cierta manera, la razón de su muerte se ha convertido hasta cierto punto en el sentido de mi vida. Mi madre escribió: El pasado ya no existe, el futuro ya vendrá. Este minuto vale oro, es mío y no vuelve más. A través de ellas he aprendido a vivir intensamente cada momento y a luchar por las cosas en las que crees. Hoy dedico gran parte de mi vida a crear conciencia entre hombres y mujeres de lo que es el cáncer de mama y de lo que hoy podemos hacer para combatirlo, con la esperanza de que un día todo esto no sea más que la historia de la lucha por erradicarlo como una causa de muerte.

¡Gracias Márgaras! Las quiero siempre, Marie.


as María Luisa Graham de Vega


 

El proceso que viví con el cáncer se convirtió para mí en una película que no pasó. Fue algo muy curioso porque 3 años antes de que me lo detectaran, me descubrí una bola en mi seno cuando me estaba bañando; sentí que me moría. Mi esposo inmediatamente me llevó a sacarme una mastografía y me operaron. Todo pasó muy rápido pero recuerdo que cuando desperté de la anestesia, lo primero que pregunté fue si todavía tenía mi seno y me dijeron que había sido benigno.

Pasaron 3 años de este primer incidente cuando, por cosa de Dios, creí sentirme otra bolita. pero como ya me tocaba mi revisión anual fui a hacerme mis exámenes de rutina, y al tener los resultados de la mastografía, la radióloga me dijo que había algo raro, y que como existía una cirugía anterior, podría ser una cicatriz, y ante la duda aconsejó se hiciera una biopsia.

Posteriormente me operaron y el resultado fue positivo; no me quitaron el seno, sólo un cuadrante; y quitaron 16 ganglios, 2 fueron positivos. Mi aspecto es raro pero tengo mi seno “cuchito”, como digo yo. Mi recuperación fue rápida. Fui a trabajar todavía con la cánula, y a los tres días de operada empecé a hacer ejercicios con el brazo, por lo que no tuve problemas de movilidad con él.

Cuando me dijeron que por la invasión a los ganglios debía recibir quimioterapia y radiación, ahí sí, la cosa se puso fea, pues no quería; sólo lloraba y lloraba, no quería recibir la quimio, no quería. Había visto películas donde ví que el dolor y los conflictos se formaban alrededor de los pacientes con cáncer. Mi esposo me hizo ver la importancia de recibir la quimio para mi recuperación y lo acepté. Él me apoyó, en cada sesión me acompañaba y estaba conmigo todo el tiempo leyéndome o platicando para distraerme.

Para mi sorpresa, me fue bien con las quimios. Sólo en dos ocasiones tuve vómitos y mareos, eso sí, seguí al pie de la letra las recomendacionesde estar en completo reposo. Me la ponían el jueves y para el lunes ya estaba trabajando, o sea que no resultó tan traumática como yo esperaba.

Luego vinieron las radios. Me las dieron por 6 semanas todos los días y me iba yo sola, a pesar de que me habían dicho que probablemente no me iba a sentir bien para ir a trabajar, sólo falté una tarde. A pesar de tener la piel muy blanca, no tuve problemas, sólo me salió una ulcerita.

El tiempo que duraron los tratamientos fueron para mí experiencias muy positivas, ya que como me decía una señora que me ayudó mucho: “El cáncer es amor”. Doy gracias a Dios, a mi esposo, a mis hijas, quienes siempre estuvieron conmigo apoyándome, ya que no fue nada fácil. En los momentos en que me daban depresiones, mi “psicóloga” de cabecera, mi hija Kayros, me decía: “No puedes llorar, tú estás bien”. Lo hacía para levantarme, pero a veces me costaba mucho trabajo.

Creo que el haber pasado por esto cambió mi vida en muchos aspectos, aunque no soy una persona fácil de carácter, soy muy extrovertida, y el poder hablar de lo que me pasaba me ayudó mucho. El perder el pelo fue algo muy difícil también, pues aunque cuando te lo dicen, crees que no es lo más importante y te preparas, y cuando te pasa, es una batalla más que cumplir.

Lo curioso en todo este proceso de sobrevivir al cáncer es que la gente te ve de manera distinta, cuando pasó todo el tratamiento me decían “creí que te ibas a morir, te veías muy mal”. Yo nunca me sentí así, nunca dejé de arreglarme, y también pensé: “De ésta no me voy”. También aprendí que la vida no la tenemos comprada y que todo está en manos de Dios. Y aprendí que tengo que pedir por mi salud y por la de la gente que quiero.

En este proceso recibí de la gente que me rodeaba la demostración, en mil formas diferentes, de cómo me querían. Y esto fue lo que me hizo crecer y saber que debía de tener un cambio y pensar más en mí y en lo que me gustaba hacer; y de ahora en adelante, disfrutar de cada momento, bueno o malo, pues no sé si mañana lo vuelva a tener.

Casi estoy al final de los 5 años de mi operación, cada vez que me toca revisión, entro en pánico; pero cuando todo sale bien doy gracias a Dios de que estoy bien y viva, contándote todo esto para que mi experiencia te sirva.


as Martha Alvarez
Edad de Diagnóstico: 41 años

 

Soy Martha Álvarez, tengo 44 años, me detectaron cáncer de seno hace tres años. Yo me sentí una bolita y fui corriendo al médico porque además, yo tenía programado un viaje largo, a Europa. Mi ginecólogo me dijo que no era nada, no le dio importancia, así que me fui de viaje muy tranquila.

Pasó un año y de nuevo volví a mi chequeo anual. La bolita había crecido un poco. Tengo una hermana a la que siempre le han salido bolitas y se las han quitado como 3 ó 4 veces pero nunca han sido malas. Yo pensé que conmigo pasaba lo mismo, había antecedentes en la familia de bolitas pero no de cáncer.

Pasó un año más y la bolita había vuelto a crecer un poquito más. Entonces el médico me hizo un ultrasonido y me dijo que era una fibrosis y que no había problema con esto. Seguí confiando en su diagnóstico.

Para el tercer año la bolita había crecido considerablemente y fue cuando el doctor dijo: “Ah, esto sí ya no me gustó. Hay que hacerte un ultrasonido y una mamografía”. Me realicé los estudios y ahí el médico se dio cuenta de que era cáncer, pero nunca me lo dijo. Él nada más mencionó que había que quitar esa bolita y si resultaba maligna quitaría también los ganglios de la axila.

Quiero hacer hincapié en que cuando nos sintamos una bolita acudamos al oncólogo; ellos son los expertos en el ramo, no los ginecólogos, y es en manos de los oncólogos en quien nos debemos poner. Yo, por ignorancia o por pasarme de confiada pasé cosas que no debí pasar. Mi ginecólogo tuvo que haber tenido la humildad de reconocer que él no era el indicado para extraerme la bolita; que ante la posibilidad, aunque sea remota, el caso debe ser canalizado al especialista, es decir al oncólogo.

Por desgracia en mi caso no sucedió así. El ginecólogo me operó de inmediato. Yo estaba tranquila, confiada, jamás pasó por mi mente la posibilidad de un Cáncer de Mama. Es más, les dije a mis hijos: “Al ratito vengo” voy a quitarme la bolita… “¿Y si es mala?” Preguntó mi hija, “Si es mala, me quedo en el hospital”, le contesté, pero convencida de que eso jamás sucedería. Estaba convencida que mi caso sería como el de mi hermana.

Mi ginecólogo procedió y me operó el día acordado. Cuando salí del quirófano y me dio el diagnóstico mi indignación fue enorme. “¡Cómo es posible que no me lo hayas dicho!” y su respuesta me indignó aún más: “Antes de operarte consulté por teléfono con un oncólogo para ver qué es lo que te tenía que quitar”. ¡No me lo dijo, tampoco invitó al oncólogo a participar a la operación!... ¡Dios mío, cómo es posible tanta soberbia! Si sabía que era cáncer ¿por qué no me lo dijo, por qué no pidió ayuda al experto? Yo tenía derecho a tomar decisiones, pero bien informada, sabiendo los riesgos que existen y sólo yo tengo derecho a decidir qué hacer con mi cuerpo, con mi salud, con mi vida y con mi futuro.

Cuando tomé conciencia de mi realidad, me asusté mucho. Tenía tres hijos, aún están chicos y les hacía falta. Así que había que echarle muchas ganas para seguir viviendo, para estar mucho tiempo más entre ellos. Al ser operada por un ginecólogo, no por un oncólogo, éste quiso ser muy conservador. No me quitó la glándula mamaria ni los ganglios, sólo me vació el pecho y lo hizo de tal forma que la cirugía parecía una carnicería de hace 40 años.

Habiendo perdido toda la confianza en mi ginecólogo busqué la ayuda de un oncólogo, quien me aconsejó si estaba en mis posibilidades, irme a Houston a pedir una opinión, ya que los aparatos de México no son tan sofisticados ni tan precisos como los que hay en Estados Unidos. Seguí su consejo y me fui a Houston.

Los médicos estaban impresionados por el tipo de cirugía que me habían hecho. Decían que en su vida habían visto una cosa igual. La cicatriz y las puntadas eran prácticamente de la prehistoria. Con decirles que el oncólogo que me trató más tarde me pidió permiso de tomarle unas fotos a mi cirugía, para enseñarle a sus alumnos lo que “no se debe hacer jamás”.

En Houston me dijeron que no había necesidad de volver a intervenir quirúrgicamente, así que me traje el esquema de tratamiento a México para atenderme aquí. Aquí encontré un médico maravilloso y empecé las qimioterapias. Tenía 3 infusores, andaba con ellos por todos lados. El “veneno” me iba pasando durante 3 días seguidos. Al terminar estos 3 días, era cuando empezaba a sentirme mal, cuando me pegaban fuerte los efectos de la quimio y pasaba algunos días en “medio reposo”, con náuseas y cansancio.

Yo soy una persona muy activa, que no sabe estar sin hacer nada. Soy muy deportista, me encanta jugar tenis y golf, así que seguí practicándolos. El médico no estaba de acuerdo en que yo siguiera con mi actividad deportiva, temía que algún mal golpe afectara el catéter o hubiera alguna complicación con el tratamiento, así que tuve que suspenderlos. Por lo que se refiere a mis demás actividades, seguí con mi mismo tren de vida. Tengo un negocio de joyería, hago una labor social donde recaudo fondos para becar a niños y puedan ir a la escuela. Así que la vida transcurrió “normalmente”.

Intenté seguir adelante siendo optimista y luchona. No me permití deprimirme, ni que me afectara demasiado a mis expectativas de vida. Tenía dos hijos por quienes luchar, una familia que es lo que más quiero en la vida, ellos se convirtieron en mi gran motor.
Sabía que se me iba a caer el pelo, así que antes de que eso sucediera me lo corté chiquito. Pero justo a las tres semanas de la primera quimioterapia, al levantarme vi la almohada llena de pelos. La idea me estremeció tanto que me fui a la peluquería y dije: “Me rapa, por favor.” La señorita muy prudente no preguntó nada y yo sólo observe cómo se iba todo mi pelo. Llevé mi gorra para taparme al salir y cuando llegué a mi casa y dije: “Chin... ya no tengo pelo”. Me hice a la idea de que todo era un proceso y que tarde o temprano volvería a tener pelo.

Una amiga me regaló una peluca del mismo color y corte de mi pelo. La usé como dos horas y me la quité porque no la aguanté. Tampoco me acomodé con las mascadas, así que decidí que ya no me taparía la cabeza, que estaría pelona, sólo en invierno para protegerme del frío usaba una gorrita. No me importaba andar sin pelo, pero a mis hijos, sobre todo al principio, les costó trabajo asimilarlo. Cuando llegaban sus amiguitos a la casa me decían: “Mamá, tápate por favor”. Pero sentí que ellos tenían que aceptar mi nueva realidad y no les hacía caso. Los domingos, cuando iba a misa, toda la gente me volteaba a ver y mis hijos me decían: “Mamá todo el mundo te voltea a ver”, pero a mí no me molestaba. Al poco tiempo todo mundo se acostumbró a verme así.

No me enojé con la vida, ni con Dios, pero sí con mi ginecólogo. Gracias a su negligencia estaba pasando por este momento tan difícil. Mi seno, aunque no me hayan quitado la glándula, lo siento cucho, como anestesiado, pero bueno, sabiendo lo que es esta enfermedad y lo que puede ser, estoy muy agradecida con la vida y con Dios de que estoy aquí, de que estoy con mi familia, y realmente no me importa...

Todos sabemos que algún día nos vamos a morir y que hay que vivir la vida, pero creo que cuando te dicen cáncer y cáncer es muerte, como que dices “chin”, estás más consciente de que hay que vivir la vida, aprovechar los momentos y hacer todo lo que tienes ganas de hacer, no dejar nada para después. Hay que vivir cada momento muy intensamente...

Yo vengo de una familia muy numerosa, somos 14 hermanos y nunca me dejaron sola, mis amigas también estuvieron conmigo todos los días, siempre había alguien en mi casa... Yo siento que eso fue un gran estímulo y un apoyo súper importante para ayudarme, sobre todo los primeros días que fueron los más difíciles. Mi marido fue mi inseparable compañero. Cada vez que yo salía de la quimioterapia, llegaba a mi casa y tenía un arreglo de flores divino. Cada 21 días, había un arreglo de flores. Cuando acabé las quimios empecé a extrañar esas flores que tanto me subían el ánimo.

Hoy doy gracias a la vida de que estoy aquí, de que pasé por un momento difícil pero vencí los obstáculos. Ahora la vida es más intensa para mí.


Mina Muñiz
Edad de Diagnóstico: 39 años

 

Soy Mina Muñiz, tengo 41 años, casada desde hace 14, tengo 2 hijos, Marisol de 11 y Axel de 10. Soy ama de casa y actualmente voluntaria de Fundación Cima.

A los 39 años fui diagnosticada con Cáncer de Mama. Yo misma me descubrí una bolita en el seno derecho, no sentía ningún dolor pero me preocupé mucho e inmediatamente fui a ver al ginecólogo. Él me mandó a hacer un ultrasonido y una mastografía. El resultado decía que había “algo sospechoso” y se recomendaba hacer una biopsia. Hasta ese momento todavía estaba muy tranquila y fue el mismo ginecólogo quien me la hizo y sacó el tumor seccionado; así que no se pudo saber nunca el tamaño real de este tumor. Ahora sé que eso no era lo más adecuado, que era un especialista, un oncólogo, quién debió practicar la biopsia; pero ni siquiera se me propuso esa alternativa y como en ese momento yo confiaba en mi ginecólogo, pues me puse en sus manos.

En enero, cuando me entregaron los resultados de la biopsia y se me informaba que tenía Cáncer de Mama, no podía creerlo, simplemente me negaba a creerlo porque lo primero que cruzó por mi mente fue la muerte… ¡Me voy a morir! Cuando pude tranquilizarme un poco, el médico me explicó que tenía que someterme a una cirugía para extirparme el seno y que tenía que someterme a un tratamiento de quimioterapia y de radioterapia.

No puedo decir con exactitud la cantidad de ideas que volaron por mi mente en ese momento. Pero la más clara fue la de encomendarme a Dios, no sólo porque no me quería morir; sino porque tenía dos hijos que aún eran chiquitos y que me necesitaban. Tampoco quería abandonar a mi esposo ni a mi familia, quería estar mucho tiempo más a su lado. Así que decidí tomar “al toro por los cuernos” y luchar por mi vida, iba a hacer todo lo que estuviera en mis manos por seguir viva y entre los míos.

Lo que más me angustiaba era cómo se lo iba a explicar a mis hijos. Después de pensarlo mucho decidí hablarles con la verdad. Los llamé y les dije que tenía cáncer, que iba a tener que tomar unas medicinas con las cuales me iba a sentir un poco mal, que se me iba a caer el pelo, y todo lo que sucede con los tratamientos para combatir este mal. Pero les hice hincapié y les prometí que iba a hacer todo lo que me dijeran los doctores para estar bien. Ellos fueron quienes me dieron la fortaleza para enfrentar y soportar esta situación. Desde que tuve la dicha de ser madre, mis hijos han sido mi motor, las personas por y para las que quiero vivir muchos, muchos años.

No me arrepentí de mi decisión, por el contrario, creo que abrirles mi corazón y hablarles con la verdad y mostrarme con una actitud positiva nos sirvió a todos de terapia, pero sobre todo nos unió mucho más de lo que ya estábamos. El amor y el apoyo de mi esposo en la toma de decisiones fue el elemento decisivo para estar tranquila. No podré olvidar jamás todo lo que hizo por mí, su amor, su paciencia, su tolerancia fueron el mejor regalo que pudo darme en esta difícil etapa.

Pedí una segunda opinión, y una tercera también, en la cual me dijeron que de acuerdo con mi tipo de cáncer, era candidata a una cirugía conservadora; o sea que me podían salvar el seno, pero que me tenían que quitar los ganglios de la axila por prevención. Esto fue muy doloroso, pensé que nunca iba a mover el brazo, tuve que hacer una terapia de ejercicios todos los días, pero poco a poco fui recuperando la movilidad.

Luego empecé las quimioterapias. En la primera lloré muchísimo porque sabía que a partir de ese momento mi aspecto físico iba a cambiar completamente. Quise guardar para siempre en fotografías la mujer que era antes de mis quimioterapias, le llamé a Mariana Yazbek para que me hiciera un estudio con mis hijos y con mi esposo. Era tanto mi miedo y mi ignorancia acerca de este tema que pensé que quizá serían las últimas fotografías de toda la familia.

A los 25 días aproximadamente se me empezó a caer el pelo a puños, así que me rasuré la cabeza y me ví completamente pelona. Después de dos o tres días de sentirme muy mal, me maquillaba y me arreglaba para que mis hijos y mi marido me vieran lo mejor posible.

Después de 4 quimioterapias, siguieron 37 radiaciones. No son dolorosas, pero me sentía muy cansada. Hoy estoy plenamente convencida que haber tomado sesiones de quimioterapia y radiaciones fue lo mejor para recobrar mi salud. Ahora me checo cada 3 meses. Me practican una serie de análisis para llevar un control, por eso no puedo decir que mi lucha contra el cáncer ha terminado, ya que aún sigo luchando contra él.

Después de un año de haber terminado mi tratamiento he llegado a la conclusión de que todo pasa para algo en la vida. En mi caso me volví una persona que valora cada minuto, que está convencida que la actitud positiva es la mejor herramienta cuando se está pasando por algo difícil y que es increíble darte cuenta que existen personas que te quieren y les importa tu suerte.

Al ser hoy una voluntaria en Fundación Cima se me ofrece la oportunidad de compartir mi experiencia y decirles a las mujeres que se quieran mucho, que estén muy pendientes de su cuerpo, que al sentir algo extraño o diferente en sus senos acudan inmediatamente al doctor, porque el tiempo es oro y si detectamos algo a tiempo tenemos grandes posibilidades de vivir.


as Minera López
Edad de Diagnóstico: 37 años

 

A los 37 años de edad me detectaron un tumor un poco mayor a 3 centímetros. Creció rapidísimo, de cuando me lo detecté, a los 20 días después que me lo revisó el médico. No quiero entrar en detalles de la cirugía, que fue una reacción inmediata al diagnóstico; estaba decidida a operarme lo más pronto posible y a hacer cualquier cosa a cambio de la oportunidad de seguir con vida. Fue una mastectomía radical y hasta la fecha no tengo la reconstrucción de mi pecho. En un principio pensé que esto era algo que me iba a afectar muchísimo, sin embargo me sorprendí de que no fuera así. Lo realmente difícil fue la perdida del cabello, porque fue inmediatamente después de mi primera quimioterapia, lo que me hizo darme cuenta de que me equivoqué al pensar que no era vanidosa.

Durante los primeros días de este proceso de pérdida experimenté mil situaciones y sentimientos encontrados, hubo momentos en que me sentí humillada, denigrada, completamente en desventaja, físicamente desgastada y por supuesto muy triste y sola. Pronto me sobrepuse ante las circunstancias y gracias al cariño y apoyo de mi esposo, mi hija, mi familia y algunos amigos que estuvieron en los momentos precisos, logré salir adelante. Tuve la falsa ilusión de que podía salir a la calle sin maquillaje, sin pelo, sin cejas, sin pestañas, pero no pude, fue superior a mí enfrentar ante el mundo esta pérdida. Lucir mi cabello, pasarme los dedos de las manos a través de él, para sentirlo, para acomodarlo, simplemente para sentir que estaba ahí… era algo cotidiano. Pero por un tiempo, que se me hizo interminable, mi cabellera se fue y junto con ella muchas lágrimas.

Traté de llevar una vida normal mientras duró el proceso de quimioterapias y radioterapias. Creo que el reincorporarme al trabajo me ayudó mucho. La idea de quedarme encerrada, pensando sólo en mi problema no me convencía. Tuve la suerte de contar con la comprensión de mi jefe y amigo durante este proceso. Mi vida ha sido el trabajo, y me gusta lo que hago.

Antes de que se me cayera el cabello conozco a “mi ángel”, al cual agradezco muchísimo su bendita peluca. En ningún momento pensé que la iba a utilizar, nunca me había pasado por la cabeza usar una. Cuando conocí a Cristy y me la regaló, la vi tan serena, tan tranquila, igual que algunas personas de Grupo Reto que acudieron a mí como “ángeles caídos del cielo”. Y con esa tranquilidad me enseñó a usarlas y a prepararme a situaciones que más tarde viví en el proceso del cáncer. Hasta que perdí mi cabello por completo, me percaté de lo útil que me sería la peluca, los turbantes y las gorras. No me resultó tan complicado usarla y aunque te das cuenta que no te ven igual, intentas aceptarlo. Pero la gente a veces es cruel y te preguntan mil cosas ¿Por qué te cambiaste el look? Y te sientes descubierta, desnuda, en evidencia.

No era el temor a la crítica sino la inseguridad que yo tenía y que parecía tomar fuerza; de pronto surgió en mí un cambio que me hizo reaccionar, pues aprendí el valor de saber lo que vales, lo que tienes, lo que quieres y de lo que puedes lograr por tu tenacidad. Sentí que en este proceso “perdí a Minerva”, a la Minerva de antes y me alegro, porque ésta que encontré tiene la seguridad que necesitaba para ponerme la peluca, para cambiarme el look cuantas veces quisiera, no importaba si hoy usaba un color y mañana otro, si lo llevaba corto hoy y largo mañana, sin temor a la crítica, descubrí una faceta de mi vida.

Debo asumir que tuve miedo a que la cirugía afectara mi relación de pareja. Pero ni físicamente ni emocionalmente la trastocó; pude constatar el amor, el cariño y la paciencia de mi esposo. Han sido momentos difíciles pero nada, absolutamente nada se compara con la noticia, esa sí me dejó atónita. Cuando te dicen “tienes cáncer” sientes que el corazón se te paraliza, que por tus venas deja de correr sangre y que es el último aliento de tu vida. Por ignorancia tiendes a relacionar “cáncer igual a muerte”. Sentí miedo, pánico, impotencia. Tengo una hija que aún está chica y me necesita, no quería dejarla sola, no quería irme, aún tenía muchas cosas por hacer.

Es increíble que una noticia así, lejos de hundirte te fortalezca tanto, al menos eso fue lo que pasó conmigo. Mi vida cambio totalmente. No sé si llamarle suerte, pero mi cáncer no estaba tan avanzado. No hubo afección en ganglios, y creo que eso ya fue un logro. Me siento afortunada al estar compartiendo mi experiencia. No sé si el cáncer en mi cuerpo esté totalmente erradicado o tenga posteriormente una reincidencia, no quiero pensarlo, ni darle demasiado juego a esa posibilidad. Si llega de nuevo, ya veré en qué condiciones aparece y cómo combatirlo. Por lo pronto me concentro en mi futuro inmediato.

Me cuestioné mucho, por mucho tiempo, pero no me permití caer en una depresión profunda. Intenté poner límites para manejar mis sentimientos. Muchas veces quise estar sola, sola conmigo misma y busqué el espacio para hacerlo. No estoy diciendo que no necesitaba de la gente, de su presencia, de su cariño, de su apoyo, pero no siempre estaba en la disposición de recibirlos, de fingir que me sentía bien cuando no era verdad, de poner buena cara cuando lo que quería era llorar. Tengo la fortuna de pertenecer a una familia unida y sentí su apoyo incondicional una vez más, como el de mi esposo y mi hija. De algún modo siempre me alentó el saber que mi hermana Angélica continúa en esa lucha constante por la vida después de 14 años de sufrimiento, después del terrible accidente que la convirtió en una persona discapacitada, sólo Dios ha podido brindarle la fortaleza para seguir adelante.

Para mí quedó descartada la posibilidad de un segundo hijo y no es algo que me duela demasiado. Mi esposo ya tiene 2 hijos de su primer matrimonio y una conmigo, así que nuestra necesidad de ser padres estaba cubierta. En la actualidad su hijo vive con nosotros. No fue fácil establecer una nueva dinámica familiar, él llegó justo cuando iniciaba mi tratamiento de quimioterapia, él tiene 14 años y nuestra hija 10. Pero esta nueva familia, junto con el cáncer, vino a fortalecer mi relación de pareja y mi relación con sus hijos.

Todo esto siento que es una motivación, un aprendizaje, una lucha constante. Hoy me concibo como un ser vulnerable. Debo reconocer que el proceso de aceptación no fue fácil, pero hoy siento que estoy lista para ayudar a alguien. No sé como, ni cuándo, ni dónde, pero quiero hacer algo por alguien. Tal vez esto sea el inicio de la oportunidad que estoy buscando.

Siempre fui una mujer sensible, a pesar de mi carácter. Siempre quiero proteger a los demás y siempre me di a esa tarea pero ocultando mis verdaderos sentimientos, pues en mí existía el temor de ser lastimada; usaba máscaras que en realidad son sólo eso, máscaras que ocultan nuestra verdadera identidad. Pero el cáncer me enseñó que uno debe sacar lo que tiene adentro, que si hay que llorar hay que llorar, que si hay que reír hay que reír y hasta mofarse de uno mismo. El cáncer no me hizo mejor persona, pero tampoco peor, el cáncer no pudo acabar con mi carácter, con mi alegría y pasión por la vida, y mucho menos con el amor. Ahora la gente parece exigirme más, es como si tuviera menos oportunidad de equivocarme, pero sigo siendo un ser humano como cualquier otro, me sigo equivocando, sólo que ahora he aprendido que en el proceso de la vida, todo es un aprendizaje y procuro no equivocarme, valoro la vida y todo lo que tengo.

Estoy convencida que hay situaciones más difíciles que el cáncer que me faltan por vivir, a lo mejor hay “cánceres” peores que el que yo padecí, a lo mejor hay “cánceres del alma” que la gente no detecta que son mucho más graves. Pero ésos no se curan ni con cirugía, ni con quimioterapia, ni con radioterapia, sino a través del perdón y de la reconciliación con uno mismo. Mi cáncer fue curable, por lo menos hoy así lo siento y lo siento de corazón.


as Mónica Juárez de Buen
Edad de Diagnóstico: 41 años

 

Mi historia comienza cuando tenía seis meses de casada y mientras me bañaba encontré un nódulo en mi pecho derecho. Acudí al ginecólogo, quien me mandó a realizarme una mastografía. La angustia de la espera hasta recibir los resultados fue devastadora. Mil posibilidades se agolparon en mi cabeza, pero la más aterradora era la del cáncer, si me iban a operar, a quitarme el pecho, si eso me causaría esterilidad... Afortunadamente todo quedó en la "posibilidad" pues el nódulo resultó benigno.

A partir de este incidente mi revisión fue continua y constante, tanto manual como a través de mastografías. Pasaron 15 años de tranquilidad cuando volví a sentirme una bolita en el mismo pecho a mis 41 años. Nuevamente pasé por el proceso de estudios y análisis. Inevitablemente la angustia se había apoderado de mí. Había muchas de las antiguas preocupaciones, pero ahora había dos muy importantes; mis hijos Andrea y Diego, pero afortunadamente el diagnóstico volvió a ser benigno.

Pasaron 6 ó 7 meses y volví a descubrirme en el mismo pecho otro nódulo, pero esta vez era más grande. Mi ginecólogo estaba sorprendido, pues había pasado muy poco tiempo de la intervención anterior. Por tal motivo me sugirió consultar a un especialista, a un oncólogo, pues se declaraba incompetente frente al caso.

Visité al oncólogo y me mandó a hacerme una mastografía y un ultrasonido de mama. Todo parecía indicar que la historia se volvería a repetir y no pasaría del susto como en las ocasiones anteriores; así que no le di demasiada importancia, en ese momento algo más fuerte acaparaba mi atención. A mi papá un año atrás le habían diagnosticado "Mieloma múltiple" que significa cáncer en los huesos y en él estaban depositadas todas mis preocupaciones. Intentaba disfrutar de mi padre, pues tenía pocas esperanzas de vida. Sin embargo no me desatendí y visité de nuevo al oncólogo, quien me practicó una biopsia que resultó negativa. Todo estaba bien y bajo control, pero se sugería una intervención quirúrgica para extirpar el nódulo definitivamente.

Mi padre comenzó su etapa terminal, viví con él sus quimioterapias, observé cómo día con día se iba consumiendo, cómo se quedó sin cabello, cómo fue bajando de peso etc. Fue duro verlo desmoronarse, a pesar del coraje que demostró por seguir adelante. Yo no quería operarme mientras mi padre estuviera vivo, no iba a perdonarme si él fallecía mientras yo estaba en el quirófano. Quería y necesitaba estar con él hasta que abandonara este mundo. Mi madre estaba mortificada tanto por mi papá como por mí, le preocupaba que me pasara algo desagradable por no atenderme. Pero yo no estaba preocupada por mí, estaba triste por mi padre, por el duelo que tendría que empezar a vivir cuando él se fuera.

Un mes después de la muerte de mi padre, decidí atenderme y me sometí a la cirugía que me había sugerido el oncólogo. Pero al abrir, al médico no le gustó lo que vio. Tomó una muestra del tejido y lo mandó analizar de inmediato. El resultado fue "maligno". Tenía un "carcinoma mucinoso", que dentro de los tumores es uno de los más benignos. Los primeros en saber la noticia fueron mi madre y mi esposo. Yo lo supe un día después.

Cuando el médico me dio la noticia y empezó a decir que..."Tú eres una mujer inteligente, no te vas a morir de esto, sino de viejita, pero tengo que informarte que lo que encontramos en tu pecho es... cáncer". No acerté a decir palabra mientras el médico se disculpaba por haberme tenido que extirpar parte de mi pecho. Las lágrimas inevitablemente comenzaron a rodar por mis mejillas, una profunda tristeza invadía todo mi ser. Estaba tan convencida de que en esta ocasión todo volvería a salir bien, como antes. La vida me había cambiado la jugada, y en silencio, con un llanto ahogado me consolaba en los brazos de mi madre y mi esposo.

Poco a poco fui digiriendo la noticia, la terrible noticia. ¿Qué iba a hacer? ¿Cómo iba a quedar mi aspecto físico?... Estaba enojada, muy enojada con la vida. ¡No era justo! Yo era una buena persona, ¿Por qué me tenía que pasar esto a mi? Todos mis planes, mis expectativas se venían abajo y el miedo se apoderó de mí. El recuerdo de mi padre era una constante en mi mente y me cuestionaba si mi destino sería el mismo que el de él.

Tres días después abandoné el hospital para irme a casa de mi madre. Necesitaba estar sola, pensar, reflexionar, asimilar. Tenía que poner en orden mis sentimientos, mis emociones, mi futuro. Eran las fiestas navideñas y quise esperar para darles la noticia al resto de la familia. Quería que las fiestas decembrinas no tuvieran un mal sabor de boca para ellos. Finalmente no podían cambiar nada por estar enterados antes o después.

Al iniciar el año nuevo, cuando ya tenía todos los resultados y la propuesta del esquema al que me iba a someter, le dimos la noticia a mis hijos, fue muy duro y difícil, ya que había que convencerlos que no me iba a morir como el Yayo, o sea su abuelo. Todos lloramos y ellos expresaron que era una muy mala noticia. Se comenzó a correr la voz con los demás familiares y amigos, y las muestras de cariño no se hicieron esperar. Llegaron a mí, sugerencias, tips, consejos de todo tipo; desde cambio de alimentación hasta métodos alternativos, todos cargados de una gran solidaridad y afecto. Nunca perdí la fe, Dios estaba conmigo, así lo sentía; pero las peticiones, los rezos y los ruegos se incrementaron con todos los Santos de la religión a la que pertenezco.

Comenzó a haber cambios en mi actitud. Tenía que sacar fuerzas para hacerme a la idea del proceso de curación. El tratamiento consistía en 30 radioterapias, seis quimioterapias y 5 años de hormonoterapia para obtener un 97% de vida, como cualquier otro ser humano. Las radioterapias no fueron problema para mí, pero sí las quimios. Hubo momentos en que prefería morir antes de aceptar ese veneno en mi cuerpo. Pero el oncólogo, mi marido, mi madre, mis hijos y mis hermanos me recordaron la valentía de mi padre y me convencieron de que valía la pena el sacrificio para obtener la curación. Y así comencé lo inevitable, las quimioterapias.

Me operaron para ponerme un catéter en el pecho y por ahí recibir las quimios. Afortunadamente mis ganglios no estaban infectados, así que había menos riesgo de reincidencia. Tuve que acudir a un psicólogo para que me ayudara a superar el miedo, mi inestabilidad emocional, la depresión que empezaba a caracterizarme. Tenía que buscar razones para vivir, para luchar, pero por mí misma y no en función de los demás. Ya había aprendido que todos somos necesarios, pero no indispensables, la muerte de mi padre nos había dolido a todos, pero la estábamos superando, así que si yo moría pasaría igual.

La terapia fue una bendición en mi vida, es más, aún la tomo. Me ayudó a ubicarme, a encontrar un proyecto de vida y a darme la energía necesaria para jugar este juego. El proceso estuvo acompañado de pérdidas. Primero el aspecto físico de mi pecho, mi autoestima; luego el aumento de peso por la cortisona, la caída del cabello... No quise jugar con mi imagen, mis amigas me recomendaban que cambiara de look, pero preferí conservar el mismo de siempre, así que mi peluca la mandé a hacer exactamente del color y el corte que siempre había usado. Le rogué a Dios que no se me cayeran ni las cejas, ni las pestañas y me lo concedió.

Mi vida cambió radicalmente. Tenía que aprender a tomar las cosas con más calma. Así que dejé de trabajar, me daba la oportunidad de descansar cuando lo necesitaba, de depender de los demás, pues había días que ni leer podía. Dejé mi vida social por completo. A veces no tenía humor de ir a las quimios, pues sabía que me iba a sentir mal, que las náuseas serían insoportables, el humor con altas y bajas por los medicamentos, la sensibilidad a flor de piel, al igual que la irritabilidad. Recurrí a todo para sobreponerme, desde el cambio de alimentación para soportar el tratamiento, hasta hacer meditación, tai-chi, relajación, etc.

Acepto que no la pasé bien, pero esta enfermedad me dio la oportunidad de valorarme como mujer, saber que amo la vida, aprender que existen cosas más importantes que las cuestiones materiales y físicas, a disfrutar a mi familia, a hacer las cosas que deseo hacer, vivir al día a día, no guardar ni ropa, ni perfumes ni joyas ni nada para después. Descubrí realmente quiénes eran mis amigos, decir "te quiero" a quienes quiero, que jugar con mis hijos a la bolita era importante para mí, que mi madre y mi familia son lo mejor del mundo, que el amor de mi marido es fuerte y tener la seguridad de que quiero ser su compañera el resto de mi existencia... Todo esto lo hizo posible esta segunda oportunidad.

Añoro de mi vida antes del cáncer la "certeza de mi salud" y la tranquilidad de que mis nódulos habían sido benignos. Ahora que ya terminé con lo más pesado, debo reconocer que el miedo a que el cáncer no se haya erradicado por completo, sigue presente. Confío en los tratamientos interdisciplinarios (mente, cuerpo, emociones y psique), y estoy tratando de que haya armonía entre ellos para poder vencer a la adversidad.

Actualmente voy a retomar mi trabajo. Tengo un negocio que es la "Ludoteca, Jugar es Crecer". Soy la presidenta de la Asociación Mexicana de Ludotecas y Ludotecarios, así que me dedico al "juego", y como dice mi lema en la ludoteca: "Jugar es vivir, y vivir es jugar".


Norma López
Edad de Diagnóstico: 33 años

 

Mi nombre es Norma López, de 36 años, con un maravilloso esposo Noé y con dos adorables ángeles que Dios me mando: Paola de 10 años y María José de 5 años.

Todo empezó en Diciembre del 2000, cuando me ordenaron una mamografía izquierda, ya que sentía una bolita que cada día me iba creciendo más y que a veces sentía un poco de dolor en el brazo.
Cuando tuve los resultados 3 doctores me dijeron que no pasaba nada, que todo estaba bien, pero en mi interior esa intuición que tenemos las mujeres me decía que no era así. Con los resultados en la mano me encontré a un doctor amigo, que era de Clínica de Mama y me dijo "tienes 5 minutos para explicarme y explorarte". Él dijo "efectivamente esa bolita se ve y se siente, vente mañana para hacerte un BAFF", lo cual me realicé.

Nuevamente vio los resultados, me explicó que este estudio tiene un 90 por ciento de efectividad, pero el otro 10 por ciento no podemos dejarlo en el aire, por lo tanto hay que hacer una biopsia abierta. Esto fue el 23 de diciembre, todo este tiempo tuve una angustia tremenda que no le deseo a nadie, hasta el 4 de enero del 2001, me manda llamar y me da el resultado: que desgraciadamente tengo Cáncer de Mama.

Para mí fue como un balde de agua fría y dijo que en una escala de 5, el tumor está entre el 0 y el 1, lo cual no fue cierto, ya que cuando me operaron por primera vez con mastectomía conservadora encontraron 2 ganglios infectados; entonces ya era carcinoma infiltrante de la glándula mamaria izquierda, en etapa III; por necesidad tuve que recurrir al Hospital Universitario de Monterrey, N.L. donde ahí se me practicó la segunda intervención quirúrgica que fue una mastectomìa radical con disección de ganglios; continué con 6 ciclos de quimioterapia y 25 sesiones de radiaciones.

En la mañana, antes de la segunda operación me vi al espejo con mis dos bubis y pensé que no volvería a verme jamás igual, así que cuando desperté, sólo vi un gran parche y una cortada de más de 20 centímetros y no pude evitar sentir una gran tristeza al verme mutilada, cercenada.

Cuando te dan el diagnóstico de cáncer dices "es sinónimo de muerte" y segundo te preguntas "Dios mío ¿por qué yo? y ahora digo "gracias a Dios fui yo", porque me doy cuenta de cuánta gente me quiere y me apoya.

Mi madre, mi esposo, mis hijas, mi hermana, que en ningún momento se separó de mí en el hospital, mis grandes amigas del cuartel, Sandy, Idalia, Rosy, Cecy, Anita y a esa amiga que me dijo cuando se me cayó el pelo "vamos a raparnos las dos" y mis compañeros de trabajo que hicieron una colecta para ayudarme cuando estuve internada todos; esos detalles me hicieron luchar con más fuerza y no rendirme.

Cuando se me cayó el pelo vi a mis hijas muy apuradas consiguiéndome una peluca o un paliacate para que no me viera así la gente; inclusive una dijo "mami, ahora sí nos van a decir que si somos hijas de su pelona madre". Qué bueno que lo tomaron así mis dos grandes enfermeras porque todo el tiempo estuvieron al pendiente de mis medicamentos y curaciones. Claro que sí les afecto, y mucho, esa etapa que estábamos pasando; por eso cuando yo me sentía mal por el desgaste de las quimioterapias las veía y me decía, "no puedo darme el lujo de perder el tiempo lamentándome, tengo que salir adelante y trataba de continuar con mi vida normal".

Mi esposo fue maravilloso cuando me dijeron que me tenían que quitar el seno. Sentí su gran amor y comprensión por mí también cuando me acompañaba a mis tratamientos de radiaciones. Él me daba aliento y sé que muchas veces lloró y qué bueno porque son descanso del alma, pero yo nunca lo vi; él era el fuerte, el inquebrantable, aún cuando un doctor le dijo "le quedan 2 años de vida a tu esposa, vete a arreglar lo que tengas con un notario".

He sufrido el burocratismo, la falta de sensibilidad de algunas personas y médicos, la falta de preocupación por los enfermos con esta enfermedad; pero aquí estoy en pie de lucha, queriendo participar con todas las mujeres que son madres, esposas, hijas y hermanas, que luchen con coraje, que tengan una actitud positiva de la vida. Sin embargo, todo esto me ha dejado algo, aprendí a disfrutar cada día que vivo, a ser más abierta y expresarle mis sentimientos a la gente que quiero, tengo muchos planes y sobre todo muchas, pero muchas ganas de vivir y poder servir a alguien que lo necesite y ver a mis hijas crecer y demostrarle con hechos que en este mundo hay que ser fuerte y luchar por lo que se quiere.

Ojalá que este testimonio le sirva a alguien más y que Dios bendiga a todos los integrantes de la Fundación Cim*ab.


as Patricia Bretón
Edad de Diagnóstico: 39 años

 

Mi nombre es Patricia Bretón, tengo 40 años y soy una mujer que ama y disfruta la vida. Este pequeño mensaje va escrito con todo mi corazón y con la esperanza de que sirva a alguien que lo necesite. Todo empezó cuando hace un año en el mes de Junio me detectan carcinoma mamario, palabra nueva en mi vocabulario pero muy especial en mi vida.

A mis 39 años me sorprende un embarazo no planeado y tras lograr que fuera un embarazo precioso nace Juan Pablo. Yo siempre fui muy cuidadosa en cuanto a revisiones médicas, como Papanicolao y chequeo manual de mis senos, además de ir constantemente con mi ginecólogo. Nunca se me detectó nada.

Al mes y medio de nacido Juan Pablo me siento una bola en mi seno, todo parecía leche porque estaba amamantando al bebé. Después de pasar por dos médicos me realizan una punción para evitar la biopsia; y en los primeros estudios de laboratorio me detectan carcinoma mamario, cáncer de mama, nódulo en la mama, todo esto es lo mismo.

Después de pasar por dos oncólogos, mastografía y un ultrasonido todo parecía llegar a lo mismo: cirugía radical del seno, seis sesiones de quimioterapia y mes y medio de radiaciones locales diarias de 10 minutos, con descanso de sábado y domingo.

Una de las preguntas importantes que le hice a mis médicos fue ¿cuándo acaba esto?, y quería saber todo acerca de mi enfermedad, todo. Me dijeron que después de pasar por todo el proceso, tenía que tener un chequeo cada 3 meses durante los 2 primeros años; después cada año, y después de los 5 años tenía más seguridad de alargar mi estancia aquí en la vida.

Lloré tanto que quede exhausta, nunca pregunté a Dios: ¿Por qué yo?, pero sí tenia algo que no encajaba: soy una mujer que ama la vida, disfruto de la variedad de los alimentos, me fascina el deporte, me encanta levantarme temprano y maravillarme con los amaneceres, nunca he fumado, entonces ¿dónde está el orden de mi enfermedad?
Pues así fue, yo Patricia Bretón, tenía Cáncer de Mama. Yo sólo sabía que no podía acabar todo ahí, que la ciencia cada vez avanza más y hay mejores medicamentos, sabía que no estaba perdido todo. Pero también sabía que iniciaba un duelo por pasar largo, pero iba a ser beneficioso en un futuro. Mi nódulo media 2.5 cm. y abarcaba parte del pezón. La cirugía fué en el 2002.

¿Saben? este tipo de pruebas nos hacen reflexionar mucho en la vida; cuando mi vida dependía de Dios, de mis médicos y de mí, fue cuando decidí luchar por la calidad de vida que iba a tener. Fuera el tiempo que fuera iba a ser el más maravilloso.

Después de la cirugía tuve excelentes resultados, disfruté el paso por mis quimioterapias y sus consecuencias porque seguía aquí y con muchas ganas de salir adelante; no necesité radiaciones por un estudio meticuloso que le realizaron a mi nódulo, aquí en la ciudad de México; mi quimioterapia acabó en noviembre, mi cabello luce chino y lo tengo precioso.

Abro los ojos por la mañana y me da mucha alegría tener la fuerza y el gusto de iniciar un nuevo día; la mayoría de las veces busco algo por disfrutar en el día, eso hace que no pase desapercibido; mis hijos, los familiares, los buenos amigos, la risa, la naturaleza, los lugares nunca visitados, una buena película, mi trabajo, el descanso, la música, me fascinan; en fin, hay muchas cosas más. Algo muy importante que he aprendido es no planear muy a futuro, disfrutar al máximo el presente, revivir las cosas bellas del pasado; pero el presente es lo máximo, y sólo tú puedes lograrlo.

Estoy muy agradecida con Dios por permitirme seguir disfrutando de la vida; y en forma especial, por ponerme en el lugar indicado con las personas indicadas. A todas las personas que oraron por mi salud, aún sin conocerme; a mi esposo por tener los medios para mis tratamientos; a mis bellos hijos por existir y estar a mi lado; a mi familia por estar incondicionalmente conmigo y sentir su gran amor hacia mí; y muy en especial, mi admiración por Alejandra de Cima, por ese trabajo arduo y su esperanza de ayudar a tantas y tantas mujeres que a diario les detectan esa enfermedad.

Mi corazón está abierto para quien lo necesite, aprovechando mi experiencia vivida.


Rafael Fuentes Narváez
La esposa de Rafael, Monserrat, falleció a las 33 años

 

La historia que a continuación les voy a contar, no es muy diferente de muchas otras, pero sí muy especial para mí. Hace nueve años que conocí a Montserrat. Tuvimos un noviazgo que se le puede llamar normal y que duró tres años, al paso del tiempo nos casamos y duramos seis maravillosos años de casados. No tuvimos la fortuna de tener hijos, buena o mala, ustedes lo dirán.

Nuestro matrimonio se basó en la confianza y la comunicación. Juntos resolvíamos lo bueno y lo malo. No es por presumir, pero éramos la envidia de varias parejas, ya que más que esposos éramos realmente amigos. Todo iba bien hasta que hace cerca de dos años ella comenzó con un dolor en la parte baja de la espalda. Nada de qué preocuparse, ya que un analgésico lo calmaba. Pero ese dolor aumentó, fuimos con su médico general y dijo que era algo muscular. Pero el dolor aumentaba, regresamos al doctor y sugirió una placa de Rayos X, pero no revelaba nada. Pero el dolor era más agudo. La revisó un ortopedista y dijo que todo era muscular, incluso la mandó con el psiquiatra. Debo mencionar que todo esto fue en el IMSS.

Deseperados, ya que ella ya casi no podía caminar, consultamos a un especialista a nivel particular, él valoró las placas y dijo que algo andaba mal, pero que necesitaba más estudios. La noticia fue muy triste, ya que al principio dignosticaron mieloma o leucemia. Sólo así la pude ingresar al CMNSXXI, donde la valoraron oncólogos y hematólogos. Dándose cuenta que lo que tenía era cáncer de mama con metástasis óseas múltiples. Esa fue mi sorpresa más grande, ya que nos dijeron que si nunca se había explorado, a lo que ella contestó que no lo hacía con regularidad. Y yo la verdad nunca me preocupé por eso, pensaba "son cosas de mujeres", pero debido a mi ignorancia o poca importancia en el tema, hoy estoy pagando caro, ya que ella falleció después de casi dos años de agonía. Se imaginarán las que pasamos. Por eso hoy les pido a todas las mujeres que conozco y a las que no, que no tengan miedo de explorarse, más vale prevenir que lamentar. Y a todos los que están pasando por una situación como la mía, que se preparen y aprendan realmente a acompañar a su familiar enfermo, que nada es más importante que su bienestar. Sólo pónganse una sola vez en sus zapatos y verán las cosas diferentes.







as Laura Tejeda

 

Cuando llamé al doctor para preguntar por el resultado de la biopsia, después de cuatro intentos, por fin me contestó la enfermera, me pidió mi número telefónico y me indicó que ellos me llamarían en cuanto llegara el doctor; en esos momentos mi mente y mi corazón trabajaban tan rápido que comencé a rezar al mismo ritmo, porque mi corazón me decía que algo malo estaba pasando, pues desde que el doctor me pidió que me hiciera de urgencia un mamograma y vio los resultados de éste y del ultrasonido, enseguida pude ver en su cara que las cosas no andaban muy bien.

En unos momentos más me llamaría para darme el resultado, pero yo no pude esperar y llamé nuevamente, esta vez me contestó el doctor, y me confirmó lo que de alguna forma presentía. En ese momento estaba tomada de las manos de mi hermana mayor y mi cuñado.
Recuerdo que en cuanto me dijo el doctor que efectivamente era un carcinoma, me quedé por un instante perdida en el aire, pero enseguida regresé a mi realidad y miré a mis hermanos que me veían con dolor, sus miradas reflejaban un poco de angustia y tristeza... en verdad compartíamos el mismo sentimiento, eso es algo indecriptible, y pensé: "Esta vez no me escapé del fantasma que me había estado persiguiendo por más de veinte años". Aunque no es el fin del mundo, ¡el tan sólo decir "cáncer", te deja de una sola pieza!

Hacía más de veinte años que me descubrí mi primera “bolita“, por aquel tiempo, mi madre ya había sido operada y diagnosticada con cáncer de mama, y casi en su etapa terminal, aunque yo todavía no lo sabía, pero lo estaba viviendo tan cerca, que todo me asustaba y en este caso sentía un pánico tremendo; enseguida, Lety, mi hermana menor y yo, nos avocamos a buscar si no al mejor doctor, a algunos de los más conocidos en la especialidad, los cuales me dijeron que me tenía que operar lo más pronto posible.

Lety y yo pensamos en ocultárselo a mi mamá, ya que se podía preocupar demasiado, y estaba a punto de salir en dos días de viaje con su hermana, de lo cual nos había costado mucho trabajo convencerla. Esa misma tarde, después de visitar a los doctores, le pedí a mi hermana que me acompañara a la iglesia, ya teníamos arreglada la operación en dos días más. En la iglesia, me atendió un padre conocido de la familia, y aún recuerdo sus palabras: “Tienes que tomar al toro por los cuernos". Él me aconsejó que se lo dijera a mi mamá, que eso era lo correcto, que ella sabría qué hacer, que la decisión le correspondía a ella, no a mí.

Al día siguiente, le dije a mi mamá mi problema y la doctora que la atendía nos recomendó a un especialista de su confianza, y esa misma tarde mi hermana, mi mamá y yo, conocimos al doctor que por más de veinte años me siguió atendiendo, no sólo a mí, sino a gran parte de mi familia. En cuanto me revisó dijo que no me asustara, pidió una jeringa y me hizo una punción.

Por muchos años, ese doctor fue mi salvación, cada vez que sentía algo extraño en los senos, con una simlpe punción me regresaba el aliento al alma, fueron muchas veces que me extrajo líquidos. Cada vez que salía de su consultorio, lo hacía tan contenta y satisfecha por lo que me decía el doctor: "Nos vemos en un año."

Yo me revisaba y visitaba cada año al doctor, pues aparte de ser una posible víctima de cáncer de mama, me preocupaba mi futuro. Yo quería ser madre y temía que esto me lo impidiera, pero gracias a Dios, al poco tiempo me casé y tuve a mi querido hijo. Tres años más tarde nos fuimos a vivir a Los Angeles, California por más de doce años.

Cada año que venía de vacaciones, era un poco por visitar a la familia y otro por ver al doctor, casi todos los años me hacía una punción y durante muchos años los resultados no revelaron ninguna malignidad. En Los Ángeles también acudía al doctor, y me llegué hacer algunas revisiones en el American Breast Cancer Society, pero no me quedaba conforme hasta que veía a mi doctor; pero los humanos fallan, y siento que mi doctor me falló, ya que hacía menos de un año me había hecho una punción de las más grandes en toda mi vida, tanto que hasta él se asombró, y yo le sugerí un estudio del líquido que me extrajo. Él me dijo que no me preocupara, y que regresara en un año; no me quedé muy conforme, pero como le tenía tanta confianza... Yo pienso que siempre hay que hacerle caso a nuestras corazonadas.

Fue entonces que decidí no tratarme con ese doctor, después de tantos años con él, sentí que hubo algo de negligencia médica. Finalmente, el doctor que me operó me explicó que el problema tenía más de un año y medio.

Este no es un país de demandas, y aún si así fuera, ¿quién me devuelve mi seno, mi salud, mis días de dolor, de angustia, de desesperación? ¿El llorar ahogadamente, casi en secreto, para no mortificar a los demás? ¿Quién me devuelve mi imagen, quién me regresa la parte de mi cuerpo que me quitaron? ¡Esa parte de mi cuerpo que era muy mía! ¿Quién me devuelve mis noches y días sin poder dormir, sin poder siquiera moverme por la angustia, petrificada por lo que está pasando? ¿A quién se le reclama? ¿A Dios, al doctor, a la vida, a la mala suerte, a quién?

Cuando te das cuenta que ya no tienes esa parte de tu cuerpo, y que la vida sigue, es allí en donde empieza el verdadero calvario, el miedo a lo que viene, a lo que nos tenemos que enfrentar. Ya me quitaron el seno, me van a dar tratamiento de quimioterapia y radioterapia y todos los efectos colaterales como la caída del cabello, las náuseas, etc..
Pero cada vez la preocupación es mayor, pues poco a poco te vas informando más, enterándote de otros casos, de ver a otras personas que se ven peor que yo, es entonces que le pides a Dios, que si ya te quitó una parte de ti, que se la ofreces con todo cariño, que te vas a acostumbrar a tu cicatriz, a tu prótesis, al gran hueco, a verte en el espejo, inclusive a ponerte crema en ese gran espacio, a tocarte sin miedo, y le ruegas a Dios que hasta allí quede todo.

Cada día que despiertas (si es que pudiste dormir) estás consciente de que tu cuerpo ya no es el mísmo, desde que tratas de hacer el primer movimiento, por mínimo que sea, te das cuenta que te hacen falta tus músculos pectorales, los que antes ni siquiera tomabas en cuenta, es más, no sabíamos que para levantarnos, usáramos tanta fuerza con nuestro pecho. No lo sé, pero te das cuenta de que eres muy valiente y que estás dispuesta a seguir luchando, que no te puedes quedar sin superar el "drama de aceptar que tienes cáncer".
Una de las personas que me hizo ver las cosas distintas, fue Cristy, quien me ayudó a ser un poco más fuerte, ya que siendo una persona más joven que yo, estaba tan positiva y dispuesta a ganar la gran batalla. Platicando nuestro problema de cáncer sentí que ella compartía mi mismo sentir. De allí surgió una linda amistad, ya que tenemos mucho en común, sobre todo, ambas luchamos por ser sobrevivientes de cáncer de mama.

Mi hermano Ricardo me dijo: "Tú no eres sólo un seno, tú eres toda, tu voz, tu esencia, tu mirada... eres todo tu pensamiento, eres toda tú" pero todavía no llega por completo la aceptación de mi nueva "yo".
Sí, ya puedo decir: "Tengo cáncer de mama". Ya me operaron, ya estoy recibiendo mis primeros tratamientos de quimioterapia, y son de los más agresivos, pero gracias a Dios los estoy soprtando muy bien, mejor de lo que me suponía, ya llevo dos, ojalá que los que me faltan sean igual y que los aguante, y así van pasando los miedos a lo desconocido.

Algunas de las pacientes que acuden por primera vez al cuarto de quimioterapia se atreven a preguntar: ¿Qué se siente? Me regreso a mi noche anterior a mi primera quimioterapia, no podía dormir, trataba de imaginar lo que se pudiera sentir, la verdad me la imaginaba peor de lo que fue, así es que yo les decía: No te preocupes desde antes, mejor espera y ya verás que no es tan malo como te lo imaginas. También recordé lo que me dijo una querida amiga, que gracias Dios ya cumplió seis años que le quitaron sus dos senos y está muy bién, me dijo: “Mira, mejor ni te digo, porque a mí primero me dieron mi "espantoterapia" y después mi quimioterapia, y además recuerda que todos los organismos reaccionan diferente.

Afortunadamente el umbral del dolor y mi poder de recuperación son muy altos, siempre he aguantado mucho el dolor físico, pero si a todo esto le agregamos el dolor emocional, el estado de ánimo, la impotencia, el coraje, la rabia, etc… todo esto te aniquila, te deja sin guardia, sin energía, sin defensa, sin nada… Y para ganarle la batalla a esta enfermedad, hay que estar lo más positiva posible, y aceptar de buena fe todos los medicamentos. Es más, imaginar con todo tu corazón que tú mandas en tu cuerpo y que les mandas la orden a todos esos químicos que acaben con todas las celulas malignas o como cada quien se lo imagine; yo pasaba casi dos días con el medicamento entrando poco a poco a mi cuerpo, entonces tenía mucho tiempo para pensar y pensar, enojarme y consolarme yo sola, pelearme conmigo misma y reconciliarme, son batallas campales las que tenemos que librar cada día y a cada momento.
Antes no hubiera creído que el estado emocional, la tristeza, la rabia y todos los malos sentimientos te pudieran dañar tanto, pero ahora estoy convencida de que el mal manejo de sentimientos influye en la aparición de todo tipo de enfermedades, del cáncer específicamente, y si a esto le agregas un mal diagnóstico, los resultados son muy tristes y sobre todo muy dolorosos.

Y en menos de dos semanas ya estaba operada, sin seno, sin salud, sin casa, sin trabajo, y no era yo sola, conmigo estaba mi querido hijo Alan, al que sin querer le estaba cambiando nuevamente su destino; su padre y yo ya nos habíamos encargado de cambiárselo cuando se rompió la familia y ahora de nuevo, indirectamente sin quererlo, lo seguía dañado. Ahora lo estaba cambiando de país, de casa, de escuela, de amigos, del lugar donde él sentía que pertenecía, él llegó a California cuando sólo tenía tres años.

Ahora él se quedaría con su madre, a pasar cerca de ella su transformación, ya que esta enfermedad te hace ser otra persona, física y mentalmente, yo digo que se pasa por una metamorfósis. Mi hijo es un chico muy maduro para su edad, por lo cual le doy gracias a Dios por él, quien en mis momentos de dolor y tristeza ha estado a mi lado, él es mi roca, mi motor, mi alegría de vivir.
Mucho agradezco a mi hermano y a mi cuñada, por haber acogido a mi hijo en su casa y sobre todo a Alan, por haber dejado su vida en U.S.A., y por el dolor de ver a su madre enferma, y también a mi hermana y a mi cuñado por haberme tenido en su casa todo el tiempo de mi tratamiento y recuperación.

Algunas veces llegué a pasar hasta 12 horas en el Hospital de Cancerología; claro, con todo ese tiempo haces amistades, algunas las conoces por nombre, a otras por el saludo, a otras sólo por la mirada, o una pequeña sonrisa. Todas estábamos por cáncer, pero no todas por cáncer de mama. Había cáncer de estómago, de cólon, páncreas, etc... Y a veces me sentía afortunada; creo que con el cáncer de mama, con recurrencia hay más esperanza de vida.

Mis queridas "amigas del mismo dolor" me decían que me veía muy bien, yo respondía que hacía lo posible por verme mejor de lo que me sentía, nunca dejé de maquillarme y usar peluca. La mayoría de ellas siempre estaban acompañadas por sus hijas, otras con sus esposos, y algunas con su mamá... y la mía, mi madre, hace veinte años que ya no está con nosotros, ya no está esa gran guerrera, porque eso fue, una gran guerrera, una mujer que luchó contra esta enfermedad hasta el último suspiro de su vida. Y nunca la vimos quejarse o renegar de su enfermedad, y lo mismo hizo mi querida abuela, fueron un par de valientes.

Ahora, a un año y un mes de mi operación, ya estoy un poco más resignada y veo las cosas con más calma, y lo único que espero es que no haya recurrencia, cada noche antes de ir a la cama, y en todo momento del día en que me acuerdo que estoy diagnosticada con cáncer, le pido a Dios que me dé calma.

Aún añoro el no sentirme completa. Y más que vanidad es la sensación de que "algo me hace falta". También resiento el movimiento de mi brazo, yo trabajaba como maestra en Los Angeles, ahora entre las limitaciones y el no tener empleo me siento un poco impotente. Pero aún no pierdo la esperanza de que pronto encuentre un trabajo que me llene y donde la poca movilidad del brazo no sea un impedimento.

Todavía estoy tratando de encontrar lo que Dios quiso mostrarme con esta enfermedad, estoy en la búsqueda y espero encontrarlo muy pronto. De repente mi vida se llenó de pérdidas muy dolorosas... La de perder a mi pareja fue muy dura, creo que tan dura como la del cáncer. Mi psicóloga me comentó que no es fácil manejar las pérdidas y menos cuando se presentan tantas al mismo tiempo, que era importante vivir el duelo de cada una de ellas, para poder así enterrarlas y aceptar mi nueva realidad.

Ahora estoy comenzando una nueva vida y la empiezo de cero. Ya conseguí un departamento donde mi hijo y yo podemos vivir como la nueva familia que somos. Agradezco a mis hermanos, cuñados, a mi querida tía, a mi familia y amigos todo el apoyo que me han brindado, gracias a ellos mi caminar por este proceso ha estado lleno de amor, de compañía y solidaridad.

Curiosamente, hace un año y tres meses, al regresar a México de vacaciones, cuando el avión iba a aterrizar, venía obsevando el panorama y me sentía feliz de visitar nuevamente mi país, mi tierra, mis raíces, mi gente, mis recuerdos de infancia y juventud. Recordé a mi madre y lo mucho que la extrañaba, no sé si fue una especie de analogía, como quién regresa al seno materno en busca de su origen.
Hoy estoy de vuelta en mi país, en mi tierra, con mis raíces... Y desde aquí un nuevo horizonte se abre para mí, una nueva oportunidad de vida y de ver el mundo.

P.D. En estos días estoy trabajando en un kinder, los niños me están llenando de energía y amor.


as Rosaela Gijón Arias
Edad de Diagnóstico: 34 años

 

Este año ha sido un curso intensivo de amor a la vida, de dolor y de fuerza espiritual. Tengo 34 años y me diagnosticaron cáncer hace unos meses. Es un cáncer de mama en tercera etapa. En este momento estoy en proceso del tratamiento de quimioterapia, son ocho ciclos, después harán una valoración para la cirugía, que será inminente y, para terminar, un tratamiento de 25 radioterapias. Desde un principio el oncólogo me dijo que me iban a hacer la cirugía, pero el tumor era tan grande que decidieron invertir el proceso, empezando por el tratamiento adyuvante de quimioterapia.

Me descubrí el cáncer de una manera bastante curiosa. En el mes de marzo empecé a tomar clases de paddle. En ese momento estaba muy entusiasmada por comenzar un nuevo proyecto de trabajo. Quería continuar mi rumbo en el negocio de la repostaría pero también me interesaba probar nuevos horizontes. De repente, justo el primer día que empecé a trabajar en la agencia de viajes, me levanté y, para mi sorpresa, descubrí que me había acostado con el seno de un tamaño y me había despertado con el seno de otro tamaño. Evidentemente no fue de esa manera, pero así lo sentí. Al meterme al baño me observé y me dije “¿Qué pasa?, siento extraño mi pecho”. Pensé que era por el ejercicio que estaba haciendo en el paddle, porque soy zurda y el pecho inflamado precisamente era el izquierdo, así que se lo atribuí por completo a este deporte.

La ginecóloga con la que yo acostumbraba ir no estaba, por fortuna, porque evidentemente no era muy buena, ya que hacía menos de siete meses que había ido a mi revisión. Así que fui con otro ginecólogo. En cuanto me descubrí el seno su cara de asombro prácticamente me lo dijo todo. Él trató de ser prudente pero me mandó a hacer una mastografía. “¿Tienes seguro social?”, me preguntó el médico cuando le llevé los resultados. Le contesté que no, pues apenas llevaba pocos días en mi nuevo trabajo.

Me explicó entonces que la mastografía no era contundente, pero consideraba necesaria la opinión de un oncólogo. También me dijo que compartiera con alguien lo que me estaba pasando, pues de resultar los exámenes positivos se me avecinaban tiempos muy difíciles.

Todo fue tan rápido que no tuve tiempo de deprimirme. Tenía que hablar con el contador de la empresa, darme de alta en el Seguro para poder actuar, pero lo más angustiante era enfrentar la reacción de mi jefa por no ser precisamente la empleada que más le convenía en ese momento. La preocupación por perder mi trabajo era lo más terrible.

En el seguro social me trataron de maravilla. Allí conocí a un oncólogo, el doctor Jaime Rivera Castro, que se tomó mi caso de una manera especial y me recomendó con el Dr. Juan Alejandro Silva, Jefe del Departamento de Oncología Médica del Centro Médico Siglo XXI. En cuanto el oncólogo me revisó, me hizo una punción para mandarla a patología. La patología fue un mero trámite, mi cáncer ya era un hecho. El tumor era de seis centímetros aproximadamente.

Yo no tengo medios económicos fuertes, pero he tenido principalmente a mi madre, a mi hermano, a mis dos sobrinos y a mis amigos como ángeles a mis espaldas. También mis doctores se convirtieron para mí en un gran apoyo, una luz en mi camino. Siempre que llegaba a los consultorios o laboratorios, me decían: “¿Y el paciente?”. “La paciente soy yo, doctor”, les contestaba.

A pesar de todo siempre mantuve una actitud positiva. Tenía mucho miedo, muchísimo... miedo a las quimios, miedo a la operación, y ni así me permitía caer, tampoco llorar. Dicen que debo hacerlo para desahogarme, que no cargue todo el tiempo la bandera de la fortaleza, que se vale derrumbarse de vez en cuando. Una de las cosas que más trabajo me costó fue decírselo a mi mamá. Era como querer protegerla a ella más que a mí, al menos esa era mi sensación.

Poco a poco llegó la resignación y con ella la aceptación de mi realidad. No tenía muchas opciones, pero algo empezó a complicarse: me pusieron un portacat, para introducir la quimioterapia por ahí, pero no me fue posible utilizarlo sino hasta el cuarto ciclo, ya que después de quitarme los puntos la herida se abrió y se expuso el tambor del portacat, por lo que tuvieron que abrirme en dos ocasiones. Esto ha sido muy doloroso y tuvo como consecuencia la fleblitis en mi brazo derecho, en donde recibí las tres primeras quimios. Todo esto provocó mas frustración en mí.

El puesto en la agencia de viajes me lo han cambiado en dos ocasiones debido a los días de incapacidad que tengo que tomar en cada ciclo de quimioterapia. Esta incapacidad ha sido hasta de quince días seguidos y no precisamente por las quimios, sino por los estragos físicos que me causó el portacat
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He intentado vivir mi vida lo más normal que puedo. Me levanto, camino una hora, me voy a trabajar, al cine, al teatro, a tomar café con mis amigas, no he tenido grandes malestares o náuseas. A veces tengo la sensación de no poder caminar, siento un cansancio extraño en el cuerpo y en la mente, el cáncer ha sido como un fuerte viento que agrede mi cuerpo y no deseo admitirlo en mi alma, esta alma que hoy se siente limitada, suspendida, que hoy tiene que esperar, retomar luchas y posponer proyectos, que va kilómetros atrás de mis pies como si todos mis sueños tuvieran que esperar, como si alguien me hubiera puesto una pausa. Hoy tardo en recorrer distancias y vuelo con sueños perdidos al mañana. Y hasta dentro de nueve meses, cuando todo este show haya terminado, podrá irse esta sensación.

Claro que hay noches feas, días en los que me deprimo y me enojo. Me incomoda mucho no poder hacer planes a largo plazo. Debo reconocer que la pérdida más grande ha sido la de mi libertad.

Siempre he sido una mujer vanidosa y pareciera que esto fue a propósito. Yo viví a dieta toda mi vida y ahora, en cinco meses tengo seis kilos de más, no tengo pelo y se me están cayendo las pestañas. Pero también reconozco que soy una mujer aguerrida, empeñosa y que va para adelante. Esta enfermedad me ha traído pérdidas, pero el conocimiento de mí misma, mis amigos y el apoyo y fortaleza sin cansancio de mi madre han sido mis grandes ganancias.

La quimioterapia mal que bien pasa, aparte ya la estoy viviendo. Pero la operación es algo a lo que me voy a enfrentar y por más que yo haya visto ya un seno engrapado, pues no es el mío. Estoy muerto de miedo, porque aunque el seno lo pueda recuperar más adelante con una cirugía, llegado el momento que salga del quirófano y tenga que vérmelo no sé lo que va a pasar, no sé qué reacción voy a tener.

Actualmente no tengo pareja, exactamente en el mes de marzo estaba en proceso de recuperarla, de recuperarnos los dos. Yo sentía en ese momento que el proyecto más importante de mi vida era volver a estar juntos, pero ese sueño también lo tuve que posponer, esa lucha ya la he dejado a un lado, lo importante en estos momentos es saber que cuento con la amistad desinteresada que hasta hoy nos ha unido y que ha sido eje de nuestra relación.

Él es un hombre muy inteligente y especialmente sensible, yo no creo que esto llegara a afectarnos, pero en mis circunstancias me preocupa más mi reacción que la de él. Desde mi diagnóstico Ignacio ha sido como una estrella que con su luz guía el final del camino a donde ansiosa deseo llegar, aunque ese final no sea él. Sé que en lo futuro el hombre que me ame debe ser lo suficientemente inteligente para aceptarme como soy, pero también encuentro egoísta el tener que enfrentar a mi pareja a algo que yo misma no acepto y que aún no he vivido. Por eso creo que tengo que trabajar no sólo en mi reconstrucción física, sino también en la espiritual y en emocional.

Siempre le he tenido miedo a la muerte. Sin embargo, a raíz del diagnóstico y a pesar de que al cuarto ciclo de quimioterapia un médico del Centro Médico difirió del resto de mis doctores, opinando que el tumor no había respondido satisfactoriamente al medicamento y me lo tuvieron que cambiar, hoy tengo la seguridad de que no es en esta etapa de mi vida en la que me voy a morir, al menos no de esta enfermedad.

Un día Viviana Maquívar, mi gran amiga me dijo “Ela, estos momentos tan duros solamente les llegan a personas que Dios sabe que los pueden enfrentar y superar. Y a partir de eso, sin lugar a dudas, te haces una mejor persona, te sensibilizas” Y es verdad, decir mejor persona suena un poco presuntuoso, pero también digo ¡¿y por qué no?!

Yo he descubierto a una Ela más fuerte de lo que imaginé que era, comprometida con la gente que ama para que esta experiencia sirva como advertencia, una Ela dispuesta a trabajar para informar a la sociedad en general sobre la prevención de esta enfermedad, capaz de tener gente que la quiere por sí misma con un amor inmenso e incondicional de 24 horas, y saber que soy merecedora de ese cariño es algo invaluable.

En resumen, este año he recibido muchos golpes que han tambaleado sensiblemente mi seguridad, pero aún conservo mucho de mi orgullo y aplomo, mi entereza la atraigo desde lo más profundo de mis miedos y de ellos intento cada día levantarme, pues sé que si cruzo este momento, no habrá nada doloroso que no pueda enfrentar. Todas las dificultades que aún no están superadas van conmigo de la mano de mi fe y no serán un impedimento para vivir la vida con alegría gracias a la gente que está conmigo apoyándome.


Sara Soto
Edad de Diagnóstico: 23 años

 

El Cáncer de Mama es una enfermedad maligna producida por la división y crecimiento anormal y descontrolado de las células que forman alguna de las estructuras de la mama. Posee capacidad para invadir los tejidos sanos de alrededor y otros órganos a distancia. Específicamente, afecta en un alto porcentaje más a las mujeres que a los hombres, aunque esto no quiere decir que estén exentos, ya que ellos también son candidatos, sólo que en un porcentaje muy bajo.

Si bien el Cáncer de Mama es la segunda causa de muerte de mujeres en México de entre 25 y 65 años de edad, después del cáncer cérvico-uterino, también es verdad que diagnosticado a tiempo puede ser curable, ya que actualmente existen diferentes tipos efectivos de tratamiento como son la quimioterapia, la cirugía y la radioterapia.

Mi nombre es Sara y hace 8 meses me diagnosticaron Cáncer de Mama, sí, así es; sin hijos, sin antecedentes y con sólo 23 años. Y es que el Cáncer de Mama no distingue edad, ni distingue nada, por lo que nadie está exento.

Yo practicaba la autoexploración pero honestamente no muy seguido, sino como cada 3 ó 5 meses o cuando me acordaba, ya que mi ignorancia al desconocimiento de esta enfermedad, me hacía pensar que eso podía ocurrirle a cualquiera, menos a mí.

En julio del año pasado, mientras veía un noticiero, pasaron un reportaje relacionado al tema, pero le resté importancia, sin embargo algo me hizo verlo. Ya por la noche antes de dormir quise leer un poco y agarré al azar una revista y la abrí precisamente en una página en la que entrevistaban a una persona que había vencido la enfermedad, de verdad que me impresionó, en ese momento toqué mi seno izquierdo y donde pongo mi dedo índice toco una bolita del tamaño de una caniquita muy dura, me asusté y pensé que sólo eran mis nervios. Al día siguiente me seguí tocando y pude darme cuenta que no era cosa de nervios, que era real, así que decidí no esperar y contárselo a mi hermana mayor que es enfermera y podría recomendarme qué hacer, ella a su vez se lo comentó a un cirujano, el cual me revisó y posteriormente pidió la opinión de una ginecóloga, quien sólo se limitó a decir que por mi edad era algo hormonal y ni siquiera había necesidad de sacarla.

Yo por supuesto quedé inconforme, por lo que el cirujano me recomendó hacerme un eco mamario, el cual me realicé, y cuál es mi nueva sorpresa, no era 1, ni 2, sino 3 bolitas que juntas medían cerca de 4 cm., según el resultado no revelaba malignidad pero sí recomendaba una biopsia. Como estaba por salir de viaje, el cirujano me dijo que me fuera tranquila y a mi regreso me atendiera, pero mi terquedad y desconfianza hicieron que convenciera al doctor y me hiciera la biopsia en ese mismo momento. En 5 días estarían los resultados, esa fue una semana que se me hizo eterna, llena de incertidumbre, de angustia y miedo, y aunque todo mundo me decía que todo saldría bien, mi corazón y mi mente me decían todo lo contrario. Por eso, esa semana de espera la dediqué a investigar todo lo relacionado al tema, sus tipos, tratamientos, y posibilidades de curación.

Cuando llego el día en que me entregaron los resultados, por la cara de mi hermana supe que las cosas no estaban bien y no me equivoqué, “es cáncer, en una etapa 2” y debíamos empezar a atacarlo. En ese momento no lloré, pero al llegar a mi casa no aguanté más y lloré como nunca lo había hecho, se me vinieron mil cosas a la cabeza, mis planes, mis sueños, mi carrera universitaria, mi familia, mis amigos y la muerte. Le pedí a Dios no sé qué tantas cosas, para que me dejara vivir más, de repente me quedé callada y prometí no llorar, sino al contrario, debía iniciar una lucha hasta matar a ese asesino que entró a mi cuerpo sin pedir permiso y me tomó por sorpresa y yo tenía que ser más inteligente que él y debía empezar por no dejar decaer mi ánimo.

Recuerdo que una maestra me dijo que cuando me aliviara mi vida iba a cambiar, pero yo creo que mi vida cambió desde el diagnóstico, todo lo veo totalmente diferente, porque el dolor es un maestro que me ha enseñado tanto en tan poco tiempo.

A los dos días ya me encontraba en Guadalajara con los especialistas e iniciando un proceso de estudios entre rastreos, ecos, RX, análisis sanguíneos y demás cosas para ver que el cáncer no se haya extendido a otra parte del cuerpo, ya que aunque es uno de los más comunes, es muy agresivo y puede afectar otros órganos, pero gracias a Dios todos salieron negativos. Mi tratamiento consta de 4 ciclos de quimioterapia, después una cirugía, luego otros nuevos ciclos de quimioterapia, para terminar con radiaciones, y si todo sale bien, seguirán chequeos rutinarios.

Una de las cosas por las cuales creí que sufriría mucho era porque se me iba a caer el cabello, por tal motivo, al recibir la primera quimioterapia decidí raparme, pensé que lloraría pero estando en el momento me empezó a dar mucha risa que hasta yo misma me burlaba de mi cabeza, aunque no dejaba de apreciar lo mal que me veía con ese nuevo look, pero con el paso de los días eso ya lo he superado y no me da vergüenza que me vean así.

Creo que una de las cosas que sí me costó mucho trabajo fueron las quimioterapias, las cuales en un principio me resistía a aceptar, ya que los efectos de la primera me pegaron muy fuertes y llegué a pensar que no aguantaría, eran días y noches que se me hacían eternas e interminables, 24 horas seguidas, cada 5 ó 10 minutos las náuseas y los vómitos eran algo devastador, con el solo hecho de imaginar que habría más me ponía muy nerviosa, me daba un stress terrible y sentía mucha impotencia de no poder evitarlo, sin embargo por ahí hubo una persona que me hizo entender que la quimioterapia más que un veneno era un agua de esperanza de vida, y que aunque sonaba irónico, sus efectos me hacían sentir muy mal, pero por otro lado era lo que me estaba curando y debía aceptarla y recibirla con gusto y no con miedo, me costó un poco entenderlo pero ya la acepto.

Tres semanas después de recibir mi cuarta quimioterapia me programaron a cirugía y me practicaron una mastectomía radical, con extracción de ganglios axilares, y ese fue otro duro golpe, tener que aceptar que me tuvieron que quitar un seno, sobre todo al momento de verme la cicatriz, sentí tristeza, y no pude evitar las lágrimas, sin embargo trato de verlo de la mejor manera, no me resigno pero tampoco me arrepiento de haberme sometido a ese tipo de cirugía, que de alguna forma es un especie de garantía de que no pueda volver a haber reincidencia local. Sin embargo me alienta saber que hoy en día existe la reconstrucción estética y no descarto algún día realizármela.

Precisamente cuando pasé por esos días malos en los que se hacen presentes los resultados del tratamiento tan agresivo como es la quimioterapia y en todo lo que conlleva una recuperación de cirugía, el tener que aguantar por 17 días el dreno-vac, además de lo doloroso que es traerlo, también en el momento en que lo retiran, en esos días es cuando mi ánimo bajó un poco, pero trato de sacar fuerzas internas para seguir adelante, no es fácil, porque el miedo se apodera de mí, pues hay momentos en los que me siento cansada, me dan ganas de tirar la toalla y siento un poco de coraje, y me pregunto ¿qué estaba haciendo mal?, pero algo que sí nunca me he preguntado es el ¿por qué a mí?, sólo Dios sabe a quién y por qué, yo no soy nadie para cuestionárselo, a veces lo que sí me he preguntado es ¿para qué a mí?, ¿por qué tanto sufrimiento?, ¿por qué tanta crueldad? ¿por qué tanto dolor?, aunque también sé que hay personas que han sufrido mucho más que yo y que han pasado no por uno, sino hasta por 3 tipos de cáncer muy difícil y siguen luchando con mucho optimismo, con mucha fuerza, es ahí donde me parece un poco injusta la vida porque no se lo merecen, aunque quizá las respuestas las iré encontrando con el tiempo, en estos momentos sólo sé que ésta es una cruel pero gran experiencia que me presentó la vida, pues veo que son muy fuertes mis ganas de vivir, porque no pienso darme por vencida, además algo que me motiva mucho es leer testimonios de personas que han vencido la enfermedad y es cuando digo, si ellas pudieron, ¿por qué yo no? Pero no todos son días malos, también hay días buenos, y es cuando trato de recuperar la energía y llevar una vida de lo más normal, aunque muchas veces el cansancio se hace presente.

Parte importante para que el tratamiento sea exitoso es la actitud positiva, cuesta trabajo, a mí me ha costado mucho pero si queremos vivir hay que poner todo lo que esté de nuestra parte para ayudarle al tratamiento con nuestra disposición, cuidado y motivación.

En estos momentos lo único que me ha molestado un poco es el dolor de mi brazo por la extracción de ganglios linfáticos, pero ya he empezado a realizar mis ejercicios para poder recuperar el movimiento y evitar que se inflame, además de que hace unos días me entregaron nuevos resultados patológicos de todo el tejido que me extirparon en la cirugía y salieron muy bien, lo que me motiva y me alienta con mucha más fuerza de seguir luchando, de seguir defendiendo mi vida, vale la pena todo lo que he pasado, y lo que tenga que pasar por seguir aquí, porque estoy segura que mi sufrimiento no es en vano y que será recompensado, muestra de ello es que le voy ganando la batalla al cáncer y me siento muy orgullosa.

Algo que no puedo dejar de mencionar y que ha sido clave para poder sobrellevar esta enfermedad con el mejor ánimo posible, es la ayuda incondicional de mi familia, de mis padres, cerca o lejos, pero siempre presentes, gracias a mis hermanos por su apoyo y su comprensión, mis hermanas a las que nunca les podré pagar todo lo que hacen por mí, gracias a mis amigas, que no necesito decir su nombre porque ellas saben quienes son a las cuales les agradezco profundamente su amistad incondicional y por estar siempre en las buenas y en las malas, a mis amigos que han estado siempre aguantando mis cambios de ánimo, siempre apoyándome y motivándome, aunque no niego que también ha habido gente de la que esperaba mucho y aún no ha llegado y otras de las que quizá no esperaba nada y se han hecho presentes, pero los fieles, los sinceros, esos ahí están y son con los que me quedo y en general agradezco profundamente y con todo el corazón a todas las personas que se han preocupado por mí, que se me han acercado a animarme, a desearme lo mejor y que han elevado sus oraciones al cielo pidiendo por mi salud.

También no puedo dejar de mencionar a 3 personas que se han convertido en una especie de ángeles y que son muy importantes para mí, aún sin conocerlas personalmente, pero que les estaré por siempre agradecida, como a Consuelo, por todas y cada una de sus palabras, su ayuda y su cariño, a Isset, por sus buenos deseos y su amistad sincera y a Gina por escucharme, apoyarme, y sobre todo por ser un gran ejemplo de fortaleza y de lucha, por sus ganas de vivir, que la han convertido en toda una guerrera y una maestra en la enseñanza del amor por la vida.

Sé que la misión que se me ha encomendado no termina, sino todo lo contrario, creo que apenas empieza y unida a ella una gran lucha, en la que pondré todo lo que esté de mi parte para salir victoriosa y si no fuera así, de todos modos me iría orgullosa por haber luchado con esperanza hasta el final.

Tengo planes, sueños, metas y muchas ganas de hacer tantas cosas, mi vida ya no es la misma, es diferente, pero mucho mejor que antes, tengo una fortaleza que no conocía, tengo mucho amor y muchas cosas bellas dentro de mi corazón para compartir con la gente que quiero, sobre todo he conocido de manera profunda lo que es la humildad, la paciencia, la tolerancia, mi valor como ser humano y el valor incalculable de todas las personas, el valor por todo lo que tengo, sea poco o mucho, y sobre todo me ha quedado claro que no hay cosa más importante que tener salud.

Tengo mucha fe en que volveré a ser una persona sana, sin dejar en ningún momento, la mano de Dios que se ha convertido en mi amigo, mi apoyo, mi fuerza y mi cómplice incondicional en esta batalla.

No me queda más que invitarte a que practiques la autoexploración mensual, ya que en la actualidad ha aumentado el numero de jóvenes diagnosticadas y cada día mueren 10 mexicanas por esta causa, y además la detección temprana del Cáncer de Mama es crítica para poder vencer la enfermedad, si notas cualquier cambio en tus senos, no lo dudes y acude al médico de inmediato

¡No lo pienses más y autoexplórate! No pierdes nada y sí ganas mucho, ¿no crees?


as Teresa Alarcón
Edad de Diagnóstico: 39 años

 

A mis 39 años, tengo año y medio de casada y hace 4 meses me detectaron un pequeño tumor. Por el tamaño nunca nadie se imaginó que pudiera ser maligno, ni siquiera mi oncólogo. Creo que he corrido con mucha suerte porque me topé con médicos expertos y profesionales que no me han abandonado y han sido muy atinados. Claro que yo también he participado con lo que me toca, pues siempre he sido muy responsable con todas mis revisiones, con una buena alimentación y ejercicio.

Cuando me detectaron el tumor, mi oncólogo me comentó que no era maligno, pero de todas maneras había que operarlo, por eso digo que he corrido con suerte de no toparme con médicos negligentes. Mi doctor, Luis Alfaro, dice que "bolita que sale es una bolita que hay que sacar, sea benigna o maligna" que no tiene por qué "estar". Así que me operaron y me extirparon un tumor de un poco menos de un centímetro.

Me abrieron desde la axila hasta el pezón en donde nada más me quitaron lo que fue el tumor, un poco de tejido de alrededor para prevenir, y ganglios para rectificar qué tan extendido estaba esto. Afortunadamente no se había extendido, los ganglios no salieron infectados y el tumor me lo sacaron completo, que eso es una especie "de garantía" de que no había caminado. Estoy actualmente con tratamientos, más que nada a manera de prevención.
La palabra "cáncer" en sí misma creo que provoca terror y más si te dicen que está en tu cuerpo. En un principio, cuando me lo comunicaron, debo confesar que sentí miedo, angustia. No sabía si eran alucinaciones por la anestesia que aún no terminaba su efecto. Pero cuando supe que era verdad, me di cuenta de mi ignorancia respecto al tema y quise saber todo acerca de esta enfermedad, tener una postura, pero bien informada. Esto al menos a mí, me regaló tranquilidad.

La radioterapia y la quimioterapia han sido una pequeña pesadilla, pero me ha ayudado mucho a estar atenta a las nuevas investigaciones, el leer mucho y el tener una actitud positiva. Sin embargo, a veces aún no puedo creer que yo haya tenido cáncer, y digo "haya tenido cáncer", pues siento que desde el momento en que me operaron, el cáncer se fue de mi vida. Quizá el no haberlo sabido hasta que "se fue" haga que lo visualices de otra manera, ya que los tratamientos en mi caso han sido más fuertes que la misma enfermedad.

Tengo ganas de vivir, de salir de este trance lo antes posible. Acabo de empezar una vida con mi pareja y no quiero que "esto" me vaya a limitar. No tengo hijos, ni deseo tenerlos, así que si los tratamientos y el cáncer me afectaran en ese sentido, al menos para mí no sería una perdida.

Realmente me siento muy afortunada y muy contenta de seguir viva y de estar bien, y si puedo ayudar en algo a alguien me sentiré muy satisfecha. Tal vez algo así como cuando "adoptas" a un niño sin recursos para ayudarlo en su educación, así me gustaría a mí "adoptar" a una mujer con cáncer, para compartir mi experiencia con ella, para poderla guiar en su proceso, darle consejos, mantenerla informada, que disminuya su temor y que no se sienta sola.

Tal vez porque aún estoy en tratamiento, todavía no he aterrizado bien lo que me pasó, pero para mí es una página que ya volteé. Acepté tomar todas las precauciones para evitar una reincidencia porque quiero vivir y quiero vivir bien, con la conciencia de haber hecho lo que tenía que hacer. Ahora estoy más consciente de que "soy tan vulnerable a la muerte" como cualquier persona, como el señor de la tienda, como la prima lejana a quien le dio otra enfermedad, o a la tía que le dio neumonía. Hoy sé que yo también me puedo enfermar, que también me puedo morir aunque tenga 39 años.

Obviamente no me gusta sufrir y siempre he concebido a la muerte como el "paso final" y prefiero imaginarla como algo hermoso, como el final de una meta, como algo lleno de luz. Por eso en algún momento llegué a pensar que si esta enfermedad no me la hubieran detectado a tiempo podría tener un "final" como el de tanta gente, en una agonía devastadora, por una enfermedad terminal como lo es el cáncer si no lo atiendes a tiempo.

Realmente el cáncer no ha cambiado mucho mi vida, aunque sí me dio la oportunidad de recibir grandes demostraciones de afecto. Qué pena que me tuvo que pasar esto para que mi familia política se acercara a mí. Me dio gusto darme cuenta que sí les importo. Sin embargo, hubo a quien se lo oculté: a mi papá. Él es una persona mayor, de 86 años, es viudo, y no quise preocuparlo. ¡Qué podía hacer él! Pero me hubiera encantado que me apapachara, pero preferí sacrificar eso por su tranquilidad.

Ahora siento que a veces damos por hecho que el estar vivos es algo permanente y decimos… ¡mañana cuando me levante…! o ¡pasado mañana le llamo a…! y el cáncer me hizo reflexionar sobre el tiempo y la existencia. A lo mejor "mañana ya no estoy", por eso hay que disfrutar día con día, hacer todo lo que uno tenga en mente para que no tenga deudas con la vida el día que me vaya.


as Trini Peña
Edad de Diagnóstico: 43 años

 

Mi nombre es Trini Peña, y soy corredora pero mi correr no es sólo un pasatiempo, es parte de mi vida, es algo que me llena plenamente, siempre traté de llevar una vida sana, no fumo y como sanamente, por lo tanto nunca pensé que pudiera llegar a tener Cáncer de Mama o cualquier otro tipo de cáncer, y ahora me encuentro luchando contra esta enfermedad, sin embargo me siento afortunada por estar todavía a tiempo y si así no fuera pienso que no perdería el tiempo lamentándome y trataría de aprovecharlo a partir de la noticia en adelante, es difícil enfrentarse a cambios físicos y en el organismo y a lo pesado de la quimioterapia, en ocasiones me siento sola en esto y tengo que pensar que me quiero, que soy fuerte, que puedo con esto, que nadie más me puede ayudar tanto como yo misma, y esto me sucede aunque tenga el apoyo de la gente que me quiere, no quería permitirme el llorar pero pienso que es válido, es un descanso para el alma y que es bueno hacerlo de vez en cuando, pero muy de vez en cuando, una de las veces que lloré tanto fue cuando sorprendí a mi esposo mirando a una mujer que pasaba por la calle y él no se dio cuenta que yo lo estaba viendo, me sentí fea, inmensamente triste, abandonada, sola, cuando se lo dije me dio una explicación y una disculpa y aunque en ese momento no me convenció, curiosamente eso me hizo sentir más valor por mí porque valgo más por lo que soy y no por la cubierta, bueno lo digo como si fuera un chocolate y ¡CLARO! pero de los finos, en fin, pienso que ahora estoy participando en el maratón más dificil y más pesado de mi vida, pero si nunca he abandonado ningún maratón y siempre llegué a la meta en todas mis competencias ahora no será la excepción.

Con todo mi corazón deseo que mi testimonio ayude, así como a mí me ayudó el compartirlo gracias... Trinita la peloncita.