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Empoderar a la mujer es bueno para la salud

Las mujeres son mayoría en el sector de los servicios médicos, muy importante en la mayoría de las economías. En ningún otro campo eso es más evidente que en la medicina. Y en pocos sectores económicos es el trabajo voluntario tan importante.




Hace solo unas décadas, casi no había profesoras en el campo de las ciencias médicas. Hoy, las mujeres son la mayoría de los estudiantes de medicina. En Estados Unidos, solo el 10 por ciento de los médicos eran mujeres en los años 1980, pero esa cifra ha aumentado a 30 por ciento. Dentro de pocos años, un paciente probablemente tenga las mismas probabilidades de ser tratado por un médico mujer u hombre.

Pero, ¿tendrán las médicas las mismas oportunidades de especializarse y disfrutar de un sueldo igualitario que sus colegas hombres? Eso es poco probable.

Los intentos por hacer del sector de la salud uno más positivo para las mujeres son pocos. Las largas horas de trabajo y la poca tolerancia a las ausencias son enormes obstáculos para las mujeres en el campo de la medicina. A nivel mundial, las enfermeras han batallado contra la discriminación de género. Preocupado por la situación en México, Julio Frenk [esposo de Knaul y en la actualidad presidente de la Universidad de Miami] y yo publicamos resultados de investigaciones que mostraban que el desempleo y la falta de empleo pleno son comunes entre las médicas.

En el 2015, junto con colegas de todo el mundo, publiqué los resultados de investigaciones sobre el valor mundial de las contribuciones de la mujer a los servicios médicos. Las contribuciones son sorprendentemente elevadas y se publicaron en la destacada revista médica The Lancet: $3.1 billones, equivalente al 4.8 por ciento del Producto Económico Bruto mundial. Pongamos ahora esa cifra en contexto: es casi tres veces la envergadura de la economía de México. Y este cálculo es conservador, porque la cifra pudiera ser 20 o 30 por ciento mayor.

Aproximadamente, la mitad de esos $3.1 billones corresponden a trabajo pagado en el sector de la salud, de mujeres que son médicos, enfermeras y trabajadoras sociales, o laboran en las industrias farmacéutica, de dispositivos médicos o seguros, por ejemplo.

Las contribuciones mundiales de la otra mitad de las mujeres a los servicios médicos –por un valor de $1.5 billones, equivalente a aproximadamente el 10 por ciento de la economía estadounidense– son las innumerables horas de trabajo no pagado por concepto de cuidar niños, otros familiares que enferman, o los ancianos.

El total de las contribuciones de las mujeres a los cuidados médicos en Estados Unidos se evalúa en el equivalente al 6.3 por ciento del Producto Interno Bruto, y aproximadamente 45 por ciento corresponde a labores no pagadas en el hogar. En Canadá, el total es de 6.1 por ciento, pero solo el 30 por ciento no se paga. En Cuba, Perú y China, el trabajo no pagado en la casa representa más del 70 por ciento de las contribuciones de las mujeres a los cuidados de salud.

Estas labores no se reconocen y no se pagan, y son un subsidio a los servicios médicos en todo el mundo. Esto significa más cuidados médicos para todos, pero ¿qué significa para las mujeres?

Las labores caseras no pagadas no están normadas y no hay capacitación profesional. ¿Quién enseña a una adolescente que vive en un pequeño poblado boliviano a cuidar a su abuela diabética? ¿Quién enseña a una mujer del sur de la Florida cómo levantar a su suegro, un individuo que está en una silla de ruedas?

Otras investigaciones realizadas en México muestran que después de tomar en cuenta el trabajo pagado de las mujeres en cuidados médicos y otras labores domésticas, sólo quedan seis horas del día. Esto significa mujeres que no tienen tiempo para descansar ni dormir lo suficiente.

Sin embargo, para los hombres, la mitad de las horas de la semana son para descanso.

Esto es injusto porque significa un sesgo de género. Es negativo para nuestra salud y bienestar. Además, como las mujeres son la mayoría de las personas dedicadas a los cuidados de salud, el exceso de trabajo impacta negativamente en nuestros sectores de servicios médicos y la economía.

Me pregunto si la solución es tener que hacer frente a todo esto a la vez. Estoy sentada frente a mi hija de 11 años mientras escribo este artículo y trato de ayudarla a comprar pegatinas para su computadora. Ella me explica contundentemente que no estoy haciendo bien ninguna de las dos cosas. Y tiene razón. La aliento que compre más pegatinas mientras yo termino de escribir. Dada mi situación comprometida, gasta $30 en ocho pegatinas con mi tarjeta American Express. La conclusión: hacer varias cosas a la vez no es una buena solución.

Aunque sé que las regulaciones no cambian necesariamente actitudes como el machismo, es un buen lugar para comenzar. Sin embargo, pocos países tienen leyes e instituciones dedicadas a fomentar la participación del hombre en las labores de la casa mediante la paternidad o las licencias a largo plazo para cuidar a familiares.

Un sector saludable de la salud pública genera una economía más fuerte. Las mujeres saludables y bien remuneradas que también pueden disfrutar de la familia y de la vida son clave para generar salud. ¿Cómo puede lograrse esto? Con la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres para participar, y disfrutar, en las labores de cuidados en la casa.

link: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article53203840.html








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